11 instantes musicales de lo que llevamos de 2015

Nuestra relación con la música a menudo se define a través de instantes que explican toda una canción, todo un disco, toda una carrera. Más allá de los formatos de larga duración, de las reseñas más o menos metódicas sobre obras artísticas conceptualizadas en su conjunto y no a través de sus partes, se esconde todo un universo de pequeños segundos, momentos que pulsan la tecla adecuada, el resorte emocional idóneo para grabarse a fuego en nuestra memoria. Cumplido ya el primer cuarto de 2015 hay un puñado de discos, y por tanto de instantes musicales, que han ocupado un holgado espacio en mi día a día. Recurro a ellos casi sin querer, empujado por la inercia de lo cotidiano. Aquí van once:

Benjamin Clementine — ‘Condolence’ (4:47)

At Least For Now (Barclay), el disco debut de Benjamin Clementine, último gran prodigio surgido de las islas británicas, se recrea a partes iguales en tramos insustanciales o excesivamente extravagantes y en singulares cápsulas de puro talento. ‘Condolence’, junto a ‘Cornerstone’, pasa por ser la mejor canción del disco. Especialmente cuando, a partir del minuto 4:47, Clementine se arranca con el arrebatador “I’m sending my condolence”, estrofa final donde la tensión oscura de los cuatro minutos anteriores eclosiona en un bellísimo clímax.

Twerps — ‘Simple Feelings’ (1:30)

Aunque ‘I Don’t Mind’ y ‘Back to You’ son posiblemente las dos mejores canciones del Range Anxiety (Chapter), encuentro la esencia de Twerps mejor resumida en ‘Simple Feelings’. Allí donde el estribillo son tintineantes guitarras enlazadas en un diálogo sin fin, Twerps entienden mejor que nadie la herencia del Jangle Pop de las antípodas, lo reintepretan a su libre albedrío y lo vomitan en una canción de tres minutos que, en su ecuador, cambia el tempo, se hace eterna y vuelve por sus fueros originales. Ensimismada y deliciosa.

The Decemberists — ‘The Wrong Year’ (2:01)

A Colin Meloy siempre ha sido más fácil comprenderle en las distancias cortas. What a Terrible World, What a Beautiful World (Capitol) tiene mucho de momentos estelares que se quedan perdidos en el vacío, en la memoria, antes de regresar a ellos otra vez. Quizá las canciones no sean tan redondas, quizá tengan agujeros, pero por ellos se cuelan suspiros tan fabulosos como el puente de ‘The Wrong Year’, donde The Decemberists invitan a cantar a corazón abierto: “The spirit’s willin’ / Flesh is getting bored / Speakers blaring out some long forgotten chord / Some misbegotten, long forgotten chord”.

Dick Diver — ‘Private Number’ (2:11)

Hay muchos, infinitos instantes que rescataría de Melbourne, Florida (Chapter), el tercer disco de Dick Diver y el refugio en el que llevo escondido más de un mes. Impactado primero por el giro del grupo, sin palabras después por la joya que tenía ante mis ojos, ‘Private Number’ se asoma al balcón de esos años ochenta, se lanza al vacío de forma triunfal a partir del 1:38, toca el cielo cuando dice “I think I’ve never been better / I’m at the top of my game / I’m living it up for TV dust / And disassemble, you’ve got to disassemble that stuff”, y sale vivo, más vivo que nunca cuando entra la sección de vientos. Es una maravilla.

Pinkshinyultrablast — ‘Wish We Were’ (3:25)

Pinkshinyultrablast es el último de la nueva generación de grupos rusos que a través de géneros occidentales y cantando en inglés se están haciendo un hueco más que merecido en los medios internacionales. Everything Else Matters es su primer LP, que no su primera referencia, y su saludo de bienvenida es la evocadora, progresiva ‘Wish We Were’, crescendo ambiental en sus primeros compases que culmina en el minuto 3:25 en una sencilla línea de bajo y en un mar de guitarras distorsionadas, dulces y brillantes.

Toundra — ‘Oro Rojo’ (4:28)

Las pistas, las líneas, el mapa sonoro dibujado por Toundra a lo largo de su discografía traza señales que llevan irremediablemente a ‘Oro Rojo’, el indiscutible momento estelar de IV (Superball), su estupendo último disco. Acompasado por un fantástico videoclip, Toundra construyen una narrativa audiovisual alrededor de un incendio en un bosque, dos zorros, un alegato naturalista y una fantasía de honda impronta emocional. ¿Es el minuto 4:28 lo mejor de su carrera y, quizá, el responsable, otra vez, de estos ojos vidriosos, de esta piel de gallina, del segundo más emocionante de este 2015? Posiblemente.

Ghost Bath — ‘Golden Number’ (0:16)

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No hay cima más alta en Moonlover (Northern Silence) que ‘Golden Number’, especialmente cuando la batería entra con la fuerza de los cuatro jinetes del Apocalipsis y pone fin a más de minuto y medio de ambientación atmosférica. Es entonces cuando Ghost Bath logran que me eleve dos palmos del suelo, cierre los ojos y explote internamente. Es pura energía condensada en una melancólica melodía, en la fiereza del Black Metal, en guitarras diseñadas para cortar el alma en mil pedazos. Un estallido de emoción, cruda y simple emoción.

Meat Wave — ‘Mistery’ (0:47)

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El acerbo sonoro del Punk se ha mantenido incólume a lo largo de los años. No importa demasiado que naciera muerto o que hoy miles de grupos sigan haciendo lo mismo que ya se hacía hace treinta años: siempre resultará atractivo para todos aquellos que, como yo, se enamoran con algo tan simple como la línea de bajo que hace de puente entre el estribillo y la estrofa de ‘Mistery’. Ese puñado de segundos perfecto en una canción que en sí misma tan sólo es un puñado de segundos y que define lo efímero, lo fogoso de Brother (autoeditado), la segunda referencia de Meat Wave.

Los Bengala — ‘Aaah’ (2:21)

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Ellos se definen mejor que nadie: “Lo nuestro no es banal es deseo carnal / Lo nuestro es algo más es instinto animal”. Lo cantan en ‘Abran paso’, que no es mi momento favorito de Incluso Festivos (Dirty Water, Wild Lion) sólo porque por ahí está ‘Aaah’, ese estado de ánimo hecho canción especialmente salvaje, encendido y divertido a partir del minuto 2:21, cuando Los Bengala cantan: “Buen show / Guauu / Fingir de tú a tú / Qué mal, fatal / Así no deslumbráis / Así me desalmáis”. Es físico y visceral, y es una barbaridad.

Mujeres — ‘Vivir sin Ti’ (1:05)

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No puedo evitarlo: me enamoro perdidamente de Mujeres cada vez que se alejan de sus referencias anglosajonas y se acercan al espíritu yeyé. Creo que voy a quemar ‘Vivir sin Ti’ tanto como he quemado las cuatro canciones de Aquellos Ojos, el cortísimo EP repleto de momentos triunfales que publicaron año pasado. Aquí, en el inagotable Marathon (Canada), le cantan al amor incierto a través de un ritmo machacón y una ingenuidad lírica ya perdida en el baúl de los sesenta, culminada con el solo de guitarra que sigue al primer estribillo en el minuto 1:05.

Mondo Drag — ‘Pillars of The Sky’ (2:50)

A mitad de camino entre el Stoner Rock, el Space Rock y el Rock Progresivo, Mondo Drag han publicado este año el que es, a estas alturas y sin ningún tipo de miramiento, uno de los mejores trabajos de psicodelia de 2015. Mondo Drag (Bilocation) se sale de la tónica habitual, monótona y previsible del género e intercala sonoridades áridas y paisajes espaciales y oníricos, muy deudores de Pink Floyd. Esto último es especialmente evidente en los punteos celestiales de ‘Pillars of The Sky’, a partir del minuto 2:50, cuando el órgano, en conjunción con el goteo incesante del piano, elevan el disco a otra dimensión.

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