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The National — High Violet: cuatro sensaciones que me impiden disfrutar del todo con él

Con High Violet, el nuevo disco de The National, me pasa algo que cada año suele repetirse con ciertos grupos y ciertos discos: me siento mal por no compartir el alboroto que provocan, me da la sensación de que me he vuelto un gruñón y de que no le estoy sacando todo el jugo necesario, vete a saber por qué razón, a discos que han conseguido poner de acuerdo a oyentes y críticos de lo más dispar.

En este caso, no es culpa de las expectativas: siempre he visto en The National un grupo muy notable, pero también uno que difícilmente iba a sacar un disco impoluto, perfecto. De hecho, parte de su encanto está en ver cómo superan lo que yo considero sus limitaciones: esa tendencia a colocar canciones muy grandes junto a otras más pasables; esas escapadas épicas que a veces se les iban de madre; esa sensación de que, pese a que deseábamos que crecieran, quizás ellos ya habían llegado a lo más alto de su carrera.

A la hora de juzgarles, además, me pasa que sus discos suelen crecer en mí a medida que pasa el tiempo. Boxer, por ejemplo, me parece ahora su mejor álbum, el que mejor les define, defectos y caminos cortados incluidos. Así que, en cierto modo, me pongo la venda antes de la herida cuando afirmo que High Violet, aún siendo un gran disco (algunos ya le habréis echado un vistazo a la nota), me deja con algunas sensaciones agridulces, que paso a detallar:

1. High Violet es su disco menos turbio, con las intenciones más claras

Gran parte del encanto de The National estaba en ver como asaeteaban sus canciones con una atmósfera turbia, rara, llena de detalles que a priori no cuadraban, pero sin los cuales las canciones serían mucho menos. En High Violet, aunque no se eliminan del todo esos detalles, sí que se han suavizado bastante. Por eso, desde las primeras escuchas, es fácil quedarse con ‘Bloodbuzz Ohio‘ (muy pop, para suavizar la carga dramática), ‘Terrible Love‘ (con la voz de Matt Berninger incapaz de sobresalir del colchón instrumental, que no se sabe si dominan los pianos, las acústicas, las eléctricas, la percusión o la distorsión), la preciosa ‘England‘, con su piano tan Sufjan Stevens, o ‘Conversation 16‘ y sus teclados.

2. The National han cortado de raíz la electricidad

A High Violet le falta un arrebato. The National se nos han hecho mayores, está claro, y su nuevo disco va por completo de eso, de crecer y de revisar los temas de sus otros discos. Pero eso parece implicar también demasiada sobriedad, como si hubiera miedo a enchufar las guitarras y elevar el volumen. Hasta aquellas canciones que lo piden a gritos (pienso en ‘Terrible Love‘ o ‘Vanderlyle Crybaby Geeks‘) se mantienen demasiado calmadas.

3. Una madurez épica que ya nos conocemos

Llamadme quisquilloso, pero lo que nunca he acabado de querer de The National es algo como ‘Little Faith‘. Pensad en cualquier grupo que haya cultivado la épica stadium-rock; pensad en cómo han ido madurando su propuesta… ¿No acaban todos tendiendo a hacer un mismo patrón de canción, en la que al final lo que importa es el arreglo de cuerdas y la voz calmada, profunda, muy en primer plano y muy “encima del micrófono”? ¿En qué momento se han empezado a parecer demasiado The National y Coldplay cuando, con intenciones similares, hacían cosas bastante diferentes?

4. ‘Lemonworld’ o la necesidad de irme a las letras para encontrarme con el grupo

Ups, a solas con la música no puedo con ella, ‘Lemonworld‘ me chirría y me sobra. Pero luego resulta que si acudo a las letras y sé de que están hablando The National, ya no me parece tan prescindible. Y no sólo ocurre con ella, aunque sea el ejemplo que me vale para contarlo. En general, pienso que The National han madurado mejor en su lírica que en su música, donde a veces parecen demasiado tímidos: ni son abiertamente épicos, ni abiertamente oscuros, ni eléctricos, ni folk ni tampoco aprovechan del todo su ambigüedad.

Dicho esto, High Violet es el disco que, seguramente, estaba esperando casi todo el mundo, uno continuista y que puede llegar en el momento adecuado. También uno con atractivos para hacerles saltar más lejos de los que han sido sus territorios habituales. Y, seguramente, si eso sucede, el disco por el cual muchos descubrirán que en los The National anteriores había oro puro que hasta ahora no conocían. Pese a las pequeñas pegas, si se convierten en celebrities del rock de grandes estadios, que sea gracias a cosas tan grandes como ‘Conversation 16‘ no puede ser malo.

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En descarga directa | The National — ‘Bloodbuzz Ohio’ (mp3)

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