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Fantasmage — Fantasmage: siempre metido entre las sombras

La repetición como argumento estético y artístico es una postura respetable. A ello contribuyeron en su día las obras de Mondrian y Pollock, cuya expresividad se limitaba a la plasmación de figuras más o menos semejantes hasta los límites físicos del lienzo. The Velvet Underground sumó a sus muchos defectos y sus muchas virtudes la repetición en trance (extasiado o no) del mismo riff desafinado (pensad en ‘I’m Waitting For The Man’). Pues bien, Fantasmage opinan igual. Su disco debut y homónimo es un canto al garage fantasmagórico y a hacer lo mismo hasta que se agote la fórmula.

Fantasmage: No tengas miedo

No hay que entender esto último como algo esencialmente negativo. La repetición tiene su sentido artístico y expresivo (atmósferas asfixiantes, surrealismo primigenio), pero funciona sólo en manos de unos cuantos privilegiados. Si te pasas con la dosis, aburres. ¿Lo hace Fantasmage, un grupo formado por Andrés Magán y Daniel Nicolás, asentado en Vigo y que forman parte de la muy buena y muy larga lista de bandas acogidas por Discos Humeantes, el poco a poco imprescindible sello asturiano? Que probertoj os invitara el otro día a prestarles atención os debería dar una pista: no. Fantasmage lo hacen muy bien.

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El primer corte es toda una declaración de intenciones: “1, 2, 3, 4, 5, 6, vuelta a empezar”. Y ahí que va Andrés, que es la única guitarra de Fantasmage, porque no hace falta más, a llenar todo el espacio que denota la ausencia de bajo y de guitarra de acompañamiento, en bucle, una y otra vez, ‘Vuelta a Empezar’. No hay que tener miedo a Fantasmage, pese a que su mundo, el que nos describen sus letras, se adentra en los mismos lodazales siniestros y obscenamente tétricos que refleja su portada. Bichos, cadáveres, espectros.

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Fantasmage es la banda sonora perfecta a la peor noche de tu vida. Es el garage que nunca se evapora, el que tan pronto se quiere mirar en Thee Oh Sees como en los Monks y todos los demás sospechosos habituales. Pero incluso entre las cloacas del inframundo hay sitio para el romanticismo, tan tintineante en ‘Huesos’ como vitaminado en ‘Fresa Salvaje’. De fondo podemos escuchar los mismos ecos: el riff de ‘Vuelta a empezar’ es prácticamente el mismo de ‘Hay bulla’, sólo que los matices importan, tanto como el ritmo o el descontrol que separa a ambos.

Hechizos de magia negra

No es ninguna casualidad que sean gallegos. ¿Cómo hablar si no de la adicción, cualquiera que sea, desde las meigas? En el álbum, existe un punto de inflexión en ‘Metido entre las sombras’. Fantasmage siempre están ahí, y no quieren salir. Es el resumen, el lema existencial de su música, la felicidad se construyó sobre la mansión de Beetlejuice o un guión de Tim Burton. “No hay nadie que te reconozca”, dicen, pero a ellos nos los encontramos, prácticamente en la misma forma, en cada corte de su disco.

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Porque al rato, cuando entras en el carrusel de sus tinieblas y crees que no vas a salir jamás de un viaje tan bello como espantoso, te entra la monotonía. Y Fantasmage cae en lo que nosotros podemos interpretar como la repetición como el argumento del que hablábamos antes, pero siendo malévolos, y el ambiente de este disco invita a ello, también podemos pensar que la creatividad se ha agotado y que ‘Ella es un espectro’ o ‘La Fiesta’ son un remedo de todo lo anterior. Fantasmage lo hacen fantástico, pero si lo hicieran un poquito menos quizá lo harían mejor.

7.9/10

Una circunstancia que se acentúa en la recta final del disco, como es inevitable, pero que refulge y repunta cuando le llega el turno a ‘Vaciado’, que comienza con unos rasgueos suaves y la misma voz suave y enjugada, pero también surgida de lo más oscuro del cementerio, de Andrés. Oh, sorpresa. Fantasmage también saben sorprender: a mitad de camino su guitarra explota, el universo (su universo, claro), se expande, y terminas manchado de un color verde viscoso con las irrefrenables ganas de volver a repetir, adicto. Dale al play, dale al play, te susurra Beetlejuice y su alegre compañía. Dale al play porque no te arrepentirás.

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