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Toundra — (III): superando la etiqueta post rock

No nos perdonaríais que nos olvidáramos del tercer larga duración de Toundra, cuyo (II) fue elegido por vosotros como octavo disco nacional del año 2010. No es el de los madrileños un grupo al uso y, salvando las distancias, los compararía con Lüger: los dos hacen rock instrumental, las etiquetas las podremos después, y su repercusión a aumentado poco a poco gracias al boca a boca y a su pericia como músicos de directo.

(III), un álbum para fans de sonidos densos, largos desarrollos e intensidad controlada

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(III) es álbum para fans de esos sonidos densos, largos desarrollos, capas de sonido que se transforman en muros, crescendos, intensidad controlada y cambios de ritmo. Todo ello interpretado por un cuarteto que, permitirme la expresión, tiene el culo pelado de tocar.

Toundra han sabido cuidar todos lo detalles de cada una de sus producciones, creando una línea gráfica bastante definida, sobre todo en estas dos últimas que han publicado bajo la tutela de una discográfica que tan bien cuida sus lanzamientos como es Aloud Music.

Ambos han sido conscientes de que no hay que ponerles puertas al campo y que es mejor poner a disposición del público la grabación con una alta calidad, vía Bandcamp o su canal oficial de YouTube, que esperar a que algún espabilado la suba en un archivo de 128 mbps o inferior.

La evolución de Toundra ha sido clara desde (I). Su querencia post rock ha quedado diluida en un rock, en ocasiones bastante hard, tan personal como identificable. En (III) han optado por una temática ocultista y eso se aprecia desde esa bonita portada que les ha diseñado Chelsea Greene. No me cabe duda que luce sobremanera en la versión en LP de la que hay varias tiradas en vinilo de color.

Desde la primera escucha de (III) me ha venido a la cabeza el Tertia de los norteamericanos Caspian, y eso son palabras mayores. Si Toundra nos dijeran que este álbum es un corte en seis movimientos nos lo creeríamos, porque es clara la conexión entre cada uno de los temas.

No baja el nivel en ninguno de los cortes desde que empieza a sonar ‘Ara Caeli’, con elementos más claramente post rock, ahí la conexión con Caspian es evidente, que enganchan a la primera. Los detalles de las cuerdas en este tema hacen son un plus que hace que te enamores del álbum.

Porque hay momentos para descubrirse el sombrero como el misterio de una noche de lluvia plasmada en una canción, o sea, ‘Cielo negro’. Apabullante el trabajo en las guitarras y esa sección rítmica tan imaginativa. Aunque la galería de riffs la enriquecen sobremanera en ‘Espírita’, un buen tema para descubrir el estado inmejorable de forma de Toundra.

9/10

En el medio, un corte más campestre, folkie, como ‘Requiem’, con acústicas y violines pero con un crescendo final sublime. ‘Marte’, un vibrante pasaje que en directo tiene que echar fuego. Atención a esas trompetas que escuchamos al final. Y ‘Lilim’ se va hacia el terreno más prog, más experimental. El veredicto ya os lo imaginaréis: sobresaliente.

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