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Thee Oh Sees y abrir los discos a cara de perro

Es literalmente imposible seguir la pista a Thee Oh Sees. Lo que comenzó siendo el proyecto en solitario de John Dwyer se ha convertido en un mastodóntico grupo que cada año fabrica algunas de las mejores canciones de todo el panorama musical. Muchas de ellas suelen estar al principio de sus discos, porque Thee Oh Sees no saben contemporizar. Este es un repaso a su extensísima discografía (en apenas unos cuantos años) mediante las primeras composiciones que han abierto sus trabajos. Hay de todo, pero existe un vínculo que las une para siempre: una deliciosa, casi insultante, frescura. Y, en su recta final, la violencia más adictiva imaginable.

The Gilded Count

En sus inicios Thee Oh Sees, o John Dwyer antes de comprender que necesitaba saltar a otro nivel, era una cosa completamente diferente a lo que es hoy en día. La psicodelia sesentera que tanto sorprendió y gustó de Putrifiers II existía ya en los primeros trabajos de Dwyer, sólo que de un modo muy distinto. El primer disco de Thee Oh Sees, The Cool Death of Island Raiders (2006, Narnack) era un conjunto de composiciones lo-fi muy dulces y sesenteras que tenían muy poco de garage y muy mucho de, quién iba a decirlo, avant-folk. Al frente de aquel experimento se situaba esta ‘The Gilded Count’, grabada desde el sótano de cualquier casa del San Francisco de 1967.

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It Killed Mom

Un año después John Dwyer seguía escondido en su sótano. No había salido y por tanto nada había cambiado en la música de Thee Oh Sees. Aunque, bueno, en honor a la verdad, en Sucks Blood (2007, Castle Face) había algo más de lo que en el futuro podría deparar Thee Oh Sees. Las canciones se revolvían en una psicodelia difícil pero familiar, y Dwyer imprimía a su sonido mayor agresividad. Un buen ejemplo de ello era ‘It Killed Mom’. En su ritmo marcial y en los alborotados gritos de Dwyer se apreciaba la continuación del folk lo-fi de su predecesor, pero también la herencia de unos Jefferson Airplane salvajes y la futura voracidad sonora del grupo.

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Block of Ice

Un año más tarde Thee Oh Sees se cubrirían de gloria. No es ironía: John Dwyer tuvo la brillante idea de publicar dos discos y de comenzar a coquetear con el garage punk y las anfetaminas sonoras. ¿El resultado? Un disco tan espléndido como The Master’s Bedroom Is Worth Spending a Night In (2008, Tomlab) y un inicio tan esperanzador como ‘Block of Ice’. Aquella psicodelia no se recogía en el folk. Había dado el salto hacia cotas mucho más ruidosas y, por qué no decirlo, excitantes. En todo caso, nunca Thee Oh Sees parecieron un grupo estrictamente revivalista como aquí. Más tarde crearían un discurso propio, pero este garage era un garage secular, tan viejo como la propia San Francisco. E igual de genial.

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Enemy Destruct

2009 y Thee Oh Sees, otra vez, por partida doble. Pero esta vez de verdad: nada de discos recopilatorios. Y la primera pedrada de excitante garage rock en la frente. Help (2009, In The Red Records) contenía todos los ingredientes que posteriormente Dwyer explotaría gloriosamente. Sólo restaba afilar la fórmula, pero la esencia de Thee Oh Sees ya se condensaba en los coros felices y extasiados de ‘Enemy Destruct’, un verdadero trallazo. Help se parecía un montón al verdadero rock and roll: veranos siniestros, un sentido macabro de la diversión y guitarras afiladas. A estas alturas parecía claro que lo mejor de Thee Oh Sees no se iba a jugar ya en el campo del folk casero.

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The River Rushes (To Screw MD Over)

¿Quedaban atrás los primeros discos de Dwyer, el lo-fi, la psicodelia artesanal? No del todo. Thee Oh Sees nunca han tenido problemas en repartir sus ideas en dos discos a la vez. Les pasó en 2008, les pasó en 2009 y les volvería a pasar en 2011. El año que nos ocupa, 2009, también vio cómo Thee Oh Sees seguían jugando con las guitarras acústicas y los homenajes a Tyrannosaurus Rex. Dog Poison (2009, Captured Tracks) no es nada que Thee Oh Sees no hubieran practicado antes, pero es igual de bueno. Tanto como el avasallador ritmo de ‘The River Rushes (To Screw MD Over)’, entre flautas y coros repletos de surrealismo.

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Warm Slime

Una nueva década para un nuevo sonido. Da igual dónde fijemos la línea: si le echamos la suficiente imaginación siempre lograremos observar algún patrón que, a partir de cierto año, cambia. Estos tres últimos años han podido ser la eclosión definitiva del nuevo garage rock, quién sabe, y si esto es así casi ningún grupo ha contribuido a ello al nivel de Thee Oh Sees. Warm Slime (2010, In The Red Records) recoge la canción más larga que Dwyer ha imaginado hasta el momento. ‘Warm Slime’ son trece minutos de grandioso rock and roll y desvarío. Pese a su duración no pierde el gancho inicial en ningún momento, y tras ella se desarrolla otro estupendo disco de ruido y psicodelia.

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I Need Seed

Es probable que en el futuro hablemos de ello. El 2011 de Thee Oh Sees fue algo completamente fuera de lo normal. Dos discos de estudio, a cada cual mejor, un fantástico split con Total Control y decenas y decenas de conciertos. El primer disco que publicaron entonces fue Castlemania (2011, In The Red Records), que recuperaba el aire folk de los primeros trabajos del grupo pero desde nuevos postulados. No había tanto de lo-fi como de canciones excitantes, retorcidas y mucho más sugerentes. Abría el disco ‘I Need Seed’: el macarrónico tono de Dwyer solicitaba más semillas con las que incendiar sus discos. Y cómo dudar de que las terminó consiguiendo.

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Carrion Crawler

La obra maestra. Su mejor disco. El que nunca superarán. O sí. El día que lo consigan yo ya no necesitaré escuchar nada más por el resto de mi vida. O casi. Carrion Crawler/The Dream (2011, In The Red Records) es una sucesión asfixiante de ritmos endiablados y psicodelia turbia. Leí una vez que este era su particular Daydream Nation y creo que es un símil bastante acertado: la explosividad que Thee Oh Sees alcanzan aquí, el caótico control de las guitarras que envenenan cada canción, su despiadado sentido melódico, es digno de aparecer en las páginas más emocionantes de la historia del rock and roll. Porque el desvarío de ‘Carrion Crawler’ en su pleno desarrollo, y todos los demás temas de este disco, sólo pueden encontrar su sitio ahí.

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Wax Face

Costaba imaginar a Thee Oh Sees en plan krautrock, pero precisamente por ello Putrifiers II (2012, In The Red Records) era un disco soberbio. ‘Wax Face’, en todo caso, invitaba al engaño: pese a los susurros en falsete de Dwyer, la estructura de la canción heredaba la virulencia de Carrion Crawler/The Dream y de su split con Total Control. Un espejismo. Putrifiers II es el disco más Kinks de Thee Oh Sees, el más delicado y el más difícil de comprender. El aire acústico torna en un suerte de pop de cámara delicioso. Probablemente Dwyer había estado buscando durante años este sonido, y cuando lo encontró el año pasado sólo se dedicó a él. No hay contrapartida a Putrifiers II, como sí la había a otros discos folk previos.

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La siguiente canción que abre un nuevo disco de Thee Oh Sees ya la conocéis. Os la presentamos ayer en sociedad: se trata de ‘I Come From The Mountain’ y es una verdadera genialidad. Conjuga lo mejor de Putrifiers II y de Carrion Crawler/The Dream, como el disco que la contiene, Floating Coffin. Es una barbaridad, una locura de canción. La crítica llegará en unos días, pero os podemos adelantar que en Hipersónica estamos muy contentos con él. Como siempre. Larga vida a Thee Oh Sees porque, como dice probertoj, qué será de nosotros el día que no estén.

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