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Ayreon — The Theory of Everything

Sensaciones encontradas. Por un lado una curiosidad que raya la obsesión al enterarme del nuevo proyecto de Ayreon tras cinco años de espera aderezados por discos destacables como Victims of the Modern Age de Star One o por discos anodinos como Lost in the New Real. Por otro el temor de que Arjen Lucassen meta el pie en el hoyo al que sus seguidores tienen tanto miedo: el del exceso que lleva a la autocaricatura.

Estrellas rutilantes que se unen al, probablemente, disco más ambicioso en la carrera de Arjen Lucassen. Una propuesta en lo artístico y conceptual que, a pesar de ser interesante, no huye de los clichés que rodean a la carrera del músico holandés, sino todo lo contrario. Seguidores de Ayreon por todo el mundo que escuchan el disco antes que un servidor y que lo colocan como la obra cumbre del proyecto. Llega mi momento y la disyuntiva entre la obsesión por conocer y el temor por lo conocido se diluye. Y me quedo en medio de todo.

Y no por falta de ganas de que Arjen Lucassen me regale su disco definitivo, aquel con el que me gane definitivamente como seguidor suyo tras una relación en la que los estadios visitados han sido de lo más variopinto. Todo en inicio apuntaba hacia el espaldarazo, hacia un éxito rotundo. Sin embargo, desde mi humilde punto de vista, Arjen Lucassen se ha convertido en su peor enemigo. Toca aceptar al músico holandes tal y como es, pero eso a veces es un reto al que no logro sobreponerme.

Carrusel uno: estrellas rutilantes

Una de las señas de identidad de un proyecto como Ayreon es el de que se ha convertido en una especie de firmamento al que estrellas de géneros de mil y un colores acuden para prestar su voz en cada una de las operetas que Arjen Lucassen nos prepara. Así viene sucediendo desde tiempos del brillante Into the Electric Castle y así, parece, sucederá mientras Lucassen mantenga a su gigante en pie. Lo normal es aceptar la apuesta y entrar en el juego que el compositor holandés nos propone y así ha venido sucediendo en mi caso particular desde el ya lejano 1998.

Y hablo de entrar en el juego porque es, precisamente, esta tendencia al constelacionismo, al reunir al mayor cantidad de estrellas posibles en cada disco de Ayreon, la principal virtud y el principal defecto del proyecto, mostrando cara o cruz dependiendo de la ocasión. Tendente al impersonalismo por la gran cantidad de voces que circulan frente al micrófono, pone muy difícil al oyente conectar con su obra y con lo que en ella cuenta. Intentos exitosos ya tiene al menos tres en su haber, logrando superar la barrera que supone para el oyente el conectar con álbumes que son un muestrario de distintas voces, todas teniendo un por qué pero no todas encontrando un lugar, un contexto que permita asentarse en el contexto de la obra en cuestión.

Into the Electric Castle, Universal Migrator y The Human Equation cuentan como exitosos intentos de trasladar la Ópera Rock al formato álbum desde una versión contenida de esto que planteo mientras que los dos últimos intentos de Lucassen, a pesar de contar en su haber con menos firmas vocales que en anteriores ocasiones, han acabado siendo víctimas de su propio concepto. Víctimas de algo que paso a relataros a continuación.

Carrusel dos: agitado y muy revuelto

Con raiz en el mismo problema que el punto anterior se encuentra el principal debe de The Theory of Everything, un debe que sería normal plantearse directamente frente al concepto de proyecto que es Ayreon pero que acrecenta su presencia en el actual llevando todo esto, me temo, a la autocaricatura. Disimulado ante la enormidad de las composiciones y actuaciones en Into the Electric Castle o The Human Equation, en The Theory of Everything la cinta transportadora de nombres y generos en que se convierte el álbum falla en lo conceptual y arrastra en su derrumbe a lo artístico.

Mientras que en anteriores ocasiones cada nombre y cada género tenía su espacio, tenía su ocasión para desarrollarse y para conectar con el oyente, en The Theory of Everything todo aparece atropellado, excesivamente comprimido, restando oportunidades de lucimiento y de conectar con el oyente a cada uno de los participantes del álbum. Más de hora y media de LP, dos discos y 42 actos en los que Arjen nos mueve de género y nos cambia de vocalista con una urgencia pasmosa, como aquel que te engatusa con un dulce y lo esconde cuando vas a cogerlo con tus manos.

Defienden con honra su talento cada uno de los astros inmersos en el proyecto, nombres como Rick Wakeman, Keith Emerson, Jordan Rudess o Steve Hackett, eso sí, quedando totalmente diluídos y en el rango de anécdota ante la montaña rusa que es el álbum, manteniéndose solamente como constante el Hammond que caracteriza al personal sonido de Arjen Lucassen (y que actúa como leitmotif en el álbum) pero que en The Theory of Everything se torna excesivamente cansino ante la ausencia de desarrollos atmosféricos, solos de guitarra o demás recursos que deberían caracterizar a un álbum de Rock Progresivo.

Menos metal y mucho más clásico

A pesar de todo el imponente listado de figuras que circulan en el álbum deja su sello mucho más allá del factor nominalista pues The Theory of Everything es, probablemente, el álbum con menos Metal en toda la historia de Ayreon y con un regusto más clásico, fluyendo en la cascada de sonidos desde los obvios Rock Progresivo y Sinfónico hasta el Space Rock o ciertos arranques de electrónica atmosférica. Su presencia tiene también impacto en el inconmensurable aspecto técnico, tratándose The Theory of Everything de un álbum que suena como un cañón, eficiente y muy pero que muy bien ejecutado.

Yendo desde gaitas celtas hasta efectos electrónicos o los clásicos moog o hammond, el carrusel de nombres y géneros se ve correspondido en el de instrumentos utilizados, todos con una participación oportuna y efectiva dentro de los complicados márgenes en los que la composición del álbum los coloca, eso sí, dejando patente el regusto clásico que Arjen busca y pretende mostrar en todo momento.

6/10

Y es quizás el aspecto letrístico del álbum el verdadero motivo de esta apuesta por lo clásico pues lo que se plantea no es más que la conocida como Teoría del Todo, tratándose el álbum de una narración en la que un autista con problemas para comunicarse arriesga su salud mental y física en pos de descifrar las ecuaciones que demuestran la conexión existente entre todos los fenómenos físicos conocidos. Interesante por momentos pero desaprovechado en los compases finales, tal y como sucede en el aspecto meramente musical, Arjen lo rinde todo a la apuesta por crear su álbum definitivo siendo la propia historia víctima del mismo atropello e inconexión que apreciamos en el aspecto sonoro, ofreciéndonos en ambas cuestiones un final deslucido que corona a The Theory of Everything como un disco menos memorable de lo que podía haber sido.

Arjen Lucassen en Hipersónica

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