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Celeste: del cliché a la emoción

Hay algo de exagerado tenebrismo en todo lo que rodea a los géneros extremos del Metal que, de forma natural, expulsa de su órbita a oyentes no habituados a su sonido. La parafernalia estética es atractiva porque muchos oyentes prefieren escuchar a grupos que se comportan como su papel requiere antes que a personas que podrían encontrarse por la calle. A ratos no queremos que nuestros ídolos sean ciudadanos normales y corrientes. Pocos géneros explotan tanto esta idea como el Metal en algunas de sus variantes más histriónicas: el ejemplo más evidente hoy en día, o al menos el cliché más evidente, es el Black Metal, embadurnado en pintura corporal, cabezas de cerdo y truculentos asesinatos instalados en la memoria colectiva del pop. Pero hay más y abarca a otras áreas: el Heavy Metal o el Death Metal reglaron en su día comportamientos, modelos de pensamiento y vestimentas en forma de una pequeña pero cohesionada comunidad social. En forma de fans.

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El Metal es en sí mismo interesante por ello: hay pocos géneros tan capaces de generar comunidades imaginadas, si se permite la licencia, capaces de identificar universalmente a personas afines o miembros del colectivo. Esta construcción social tan emocionante para los seguidores de los distintos géneros crea barreras de entrada para cualquier no fidelizado en la materia. Estereotipos. Ideas preconcebidas. Cierto desdén por la teatralidad aparente del género. Es al menos lo que a mí me ha sucedido con frecuencia ante determinados géneros o grupos, ante algunas portadas exageradamente Metal, nombres Metal con descaro, fotografías promocionales muy Metal, etcétera. Nada de esto importa cuando acudo a Celeste y a su último disco, Animale(s). Si de tanto en cuanto albergo dudas, si hay un sólo momento en que los prejuicios acechen de nuevo, Animale(s) aparece como remedio a toda enfermedad: ¿acaso hay un disco más emocionalmente sincero este año, sea del género que sea? ¿Acaso alguien ha fingido la honestidad mejor?

Animale(s): el resultado de

La gran virtud de Animale(s) ni siquiera reside en sus atributos puramente artísticos. Celeste empujan su locomotora sonora con rabia, intercalan pasajes Post-rock, se adentran en la densidad atmosférica del Black Metal, optan por la visceralidad del Screamo a nivel vocal y se refugian en el Sludge Metal como etiqueta cajón donde encasillarles. Todo esto es genial, pero es irrelevante. Lo esencial de Animale(s) es su capacidad de crear paisajes de emoción, de sentimiento puro, a partir de estas herramientas. Puede que no haya un género tan apto como el Metal para inspirar terror, para inspirar miedo. También puede que ningún otro haya caído tanto en la autoparodia. Celeste se alejan de lo segundo para sublimar lo primero: el camino que lleva de ‘Laissé pour compte comme un bâtard’ a ‘Outro’ es un recorrido de pura desesperación y violencia. No desde un punto de vista teatral, o al menos no lo parece, ni desde la apología, sino desde como resultado de.

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En Animale(s) lo que parece consustancial al Metal, la agresividad, los sonidos grandilocuentes, la incomodidad en el oyente, no se presenta como el resultado de un canon obligatorio. Celeste pasan por encima de cualquier tendencia o moda, del propio Metal, para trasladar los elementos teóricamente típicos del género a un terreno donde parece nacer de lo más profundo del alma humana. Es exactamente lo mismo que sentí cuando escuché por primera vez el Filosofem de Burzum o el Reing In Blood de Slayer. Desde temáticas opuestas, en aquellos discos, y en este también, respiraba el lado tenebroso del alma humana y no una mera coartada artística. Animale(s) es una puesta en escena gloriosa en la que nada falta y nada sobra, una obra de neorrealismo total en la que la actuación se funde con la verdad y lo que es ficción se transforma en realidad. Y por todo ello es mi disco Metal favorito del año y una de las obras que más me han cautivado en los últimos tiempos.

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