Anuncios

Lykke Li — I Never Learn

Tras el excelente Wounded Rhymes, hemos leído a Lykke Li en numerosas ocasiones diciendo que quería hacerse más fuerte; tener una personalidad propia en esto de la música y no ser la típica cantante que canta al son que le dictan otros, sino esa que escribe y canta, sobre lo que le preocupa y le interesa.

Después de la llegada de I Never Learn hay que tomársela en serio, en cuanto a lo de cantar sus propios temas, y hay que verla como lo que es: una excelente compositora, capaz de escribir sobrecogedoras letras y preciosas melodías, pero no precisamente como alguien demasiado fuerte, cuando es precisamente de los momentos de flaqueza de dónde saca las ideas para componer.

Como hace sospechar el título de este tercer disco de la sueca, y confirma la imagen de duelo de su portada, estamos ante un álbum centrado en la dolorosa experiencia de la ruptura amorosa. El corazón roto, es uno de los temas más viejos y trillados en la música, aunque suele dar las mejores cosechas, y aquí, vuelve a ser leitmotiv de un disco en el que Lykke Li ha ahondado en su dolor, en su flaqueza, para ofrecer nueve temas que pierden un poco de fuerza ante los de Wounded Rhymes pero que, a cambio, ganan en profundidad y sinceridad y convierten la debilidad en algo incluso glamouroso.

Lykke Li y el no escarmentar en cabeza ajena

Porque, al fin y al cabo, I Never Learn es la confesión que Li le hace a su ex sobre la rabia, el desanimo, el malestar y todos esos negros sentimientos que deja éste en ella tras la ruptura de su relación. Y como tal, lo que encontramos son los recursos básicos en este tipo de discos y canciones: baladas y melancolía, y un sonido bastante básico que deja a un lado los excesivos artificios de producción, que, una vez más, recae sobre Björn Yttling y Greg Kurstin.

Por eso, elementos como la guitarra acústica o el piano se convierten en esenciales, la atmósfera se llena de tensión y ecos mientras se tira de influencias clásicas, de los 70, algún coro casi gospel que otro y listo: todo queda muy de confesionario de pecaminosa iglesia, y a la vez, imperecedero, siendo este un disco que, sin ser ningún clásico inmediato, no se olvidará en cuatro o cinco escuchas.

Por supuesto, igual que se puede mantener casi todo lo ya dicho por aquí de Wounded Rhymes hace unos años, la voz de Lykke sigue sonando infantil todavía, aunque ahora está rota en alguna que otra ocasión y tiene momentos más cavernosos, casi etílicos, como sí sus confesiones estuvieran hechas tras una sesión de ahogar las penas en whisky.

Y se cumple lo que adelantaba la artista hace un tiempo; tenemos nueve power ballads (quizás pocas) perfectas para sacar el mechero en los escenarios, que dejan ese sabor ochentero y noventero de años en los que la música pop se hacía de otras maneras.

El drama ya nos lo empezó a anunciar desde un primer momento, con el tema que daba título al álbum, que sirvió de primer adelanto sin decirnos siquiera el título. Su escasa letra y su sección de cuerdas hacia el final ponen el marco a un cuadro oscuro y dramático, en el que la tensión y la tristeza reinan a sus anchas de principio a fin y se extienden a medida que avanza el tracklist.

I Never Learn: un viaje al final de una relación

No Rest For The Wicked’, elegida como single, se mantenía ahí, en esa tensión, aunque es en realidad el corte que mejor resume todo el espíritu del disco, con ese tono de suplica y ese retrato de todo lo que se lleva un amor perdido. Posiblemente uno de los mejores temas hasta la fecha de la sueca.

Pero esa tensión no llega a explotar aquí; es en temas como ‘Love Me Like I’m Not Made Of Stone’ donde la cosa realmente termina en lágrimas y Li deja salir todo ese dolor acumulado. Esa voz rota hacia el final es capaz de mover el corazón del más duro, aunque también hay momentos más clásicos, con baladas mucho más esterotípicas como ‘Just Like A Dream’ o ‘Never Gonna Love Again’, en las que la vulnerabilidad está casi tan a flor de piel, como en aquella, pero añaden estribillos memorables, de esos que se quedan en la cabeza de uno una larga temporada y que posiblemente en el caso de la segunda, la harán todo un himno en sus conciertos.

Pero no sólo de clásicos bebe Li, y hay momentos también en los que las referencias parecen mucho más cercanas, como eso sonido digno de la mejor Florence + The Machine, en ‘Gunshot’ o ‘Heart Of Steel’, salvando, claro está, as diferencias entre la dramática voz de la Welch y la infantil de Lykke.

8.9/10

Casi en un suspiro, nos encontramos con el final de un disco que sabe a poco, aunque en dosis mayores podría ser perjudicial para el equilibrio mental de la mayoría, y en lugar de una explosión de dolor final, lo que tenemos es un ‘Sleeping Alone’ como un último llanto de despedida ante una relación a la que se sabe que hay dejar marchar, pero no se sabe cómo.

En Hipersónica | Lykke Li — Wounded Rhymes: un viaje al fin del mundo | Lykke Li sigue viva y colabora con Deportees en ‘A New Name to Go By’ | David Lynch y Lykke Li nos llevan por su particular carretera perdida en el vídeo de ‘I’m Waiting Here’ | ‘Love Me Like I’m Not Made Of Stone’: Lykke Li nos deja saborear un primer tema de I Never Learn | No habrá paz para los malvados en el nuevo vídeo de Lykke Li

Anuncios