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Wolves in the Throne Room muestran dos dentelladas de Celestite

Menuda cara de gilipollas se nos quedó en 1997 cuando, tras tres semanas esperándolo ansiosos, finalmente pudimos tener en nuestras manos el controvertido Dauði Baldrs, el primer disco presentado por Varg Vikernes tras su entrada en prisión tras un evento tan conocido como repetido (hasta la extenuación). 16 años han pasado ya y aún recuerdo el impacto producido por un disco desvencijado, ajado pero muy alejado de la distorsión zumbante de la guitarra de Varg Vikernes, un disco hecho sin medios, en la reclusión de una celda noruega y con unas pretensiones muy alejadas de la realidad que reflejaba.

Pues bien, hoy a 26 de junio de 2014 ya tengo motivos suficientes como para adelantar que Wolves in the Throne Room se han marcado un Burzum. Evidentemente media un abismo entre las circunstancias que rodearon la grabación de discos como Dauði Baldrs o Hliðskjálf y lo que rodea a Celestite, un álbum ya anticipado como rupturista con todo lo lanzado anteriormente por el grupo de los Weaver. Ahora bien, a tenor de lo escuchado está más que claro que el grupo estadounidense tiene la intención de emular al mismísimo Count Grishnackh, esta vez para lo malo.

Ya avisaban Wolves in the Throne Room hace unos seis meses de que este momento llegaría, pero hemos sido escépticos hasta que los atributos de este polémico Celestite se han desplegado ante nosotros. Primero lo hizo ‘Celestite Mirror’ y hoy lo hace ‘Initiation at Neudeg Alm’, mejorando el segundo y sus arrebatos drone el soporífero resultado del primero, soporífero y eterno al irse por encima de los 14 minutos de duración, metraje totalmente innecesario.

Recuerdo os avisaba en un anterior post de que se iba a hablar mucho, y probablemente para mal, del séptimo disco de los estadounidenses Wolves in the Throne Room. Este segundo adelanto quizás permita recuperar algo de optimismo ante lo que tendremos entre las manos el próximo 8 de julio, pero la inocencia es algo que no recuperaremos.

Claro, la culpa es de Varg Vikernes. Pero mal hacen Wolves in the Throne Room en seguir sus pasos, muy mal.

Vía | The PRP

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