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Cinco grupos de los noventa relativamente olvidados (II)


Hace un par de años que mi compañero Mohorte elaboró una lista de cinco grupos de los noventa caídos en el olvido, una buena forma de rescatar formaciones de las que merece la pena hablar y que siempre quedan en un segundo plano cuando se habla de algún género en concreto. O simplemente no están lo suficientemente valorados. Hipersónica viejuna noventera te trae de nuevo otros cinco grupos que parecen borrados de la memoria colectiva. Aún puedes descubrir alguna joya sepultada entre los grupos que se llevaron todo el reconocimiento durante aquellos años.

Eric’s Trip

Antes de que Julie Doiron brillara en solitario con su suave voz, hubo un tiempo en el pasó por una fase grunge, gritando y rodeada de melenudos. Tocó el bajo en uno de tantos grupos del sonido indie rock de los noventa, Eric’s Trip, formación canadiense que publicó tres álbumes en Sub Pop, la primera de su país en firmar por el sello. Con un homenaje a Sonic Youth en el nombre de la banda, exhibían fuerza bruta en sus temas que coqueteaban con el lo-fi, impregnados de frustración adolescente, maltratando sus guitarras a modo de válvula de escape. Buen sentido de la melodía, que combinado con fórmulas canónicas que estaban a la orden del día, hacían de Eric’s Trip un grupo de raza, con esa ira juvenil que aún hoy te puede despeinar a base potentes barridos y cambios bruscos.

Eleventh Dream Day

Uno de tantos grupos de los noventa olvidados. A pesar de que sus momentos de más ‘éxito’ llegaron en la primera mitad de la década, con un sonido propio de la misma, empezaron su carrera a finales de los ochenta. Discos bastante buenos, que se movían desde el country rock hasta el guitarheroísmo de Rick Rizo, que impregnaba de raza al grupo con sus riffs y punteos. Y como tantos otros grupos, a pesar del talento y el desparpajo, no vendieron muchos discos. Lo cual no ha sido motivo para desistir, aún siguen en activo y compañeros de generación como Ira Kaplan de Yo La Tengo nunca dudan en alabarlos cuando tienen oportunidad. Un grupo en el que encontrar muchas sorpresas y pepinazos como Makin Like A Rug o Dream of Sleeping Sheep.

The Halo Benders

A mediados de los noventa se juntaron dos verdaderos talentos para crear The Halo Benders: Calvin Johnson, fundador de K Records y pieza clave en Beat Happening, y Doug Martsch, alma máter de Built To Spill. Tres discos en cuatro años, en los que había hueco para momentos de cachondeo, cambios de ritmo y duetos de Doug y Calvin. Todos publicados en el sello de Calvin, claro. Olympia al pie del cañón una vez más. De este corto pero intenso proyecto, aparte de la guitarra de Doug y la personalidad del capo de K Records, es curioso ver el contraste entre las dos voces. La estructura de las canciones está montada de forma que parece que cada uno esté cantando en un tema diferente gracias a la combinación de los prominentes vocales de Calvin y los agudos de Doug.

Pale Saints

Para hablar del shoegaze se suele recurrir siempre a My Bloody Valentine, Slowdive, Ride u otros, pero por el camino siempre nos dejamos a uno de esos grupos olvidados del género y de su misma época: Pale Saints. Formados en Leeds en 1987, con su debut en largo tres años después, The Comforts of Madness, con 4AD (especialmente reconocible por la portada y la tipografía, muy del sello), dejaron una muestra de su enorme talento y sensibilidad para mezclar dream pop con un shoegaze liviano, sin los habituales muros de sonido. Es cierto que en los años siguientes no pudieron mantener la misma calidad en sus composiciones, pero su debut es una de las perlas del catálogo 4AD de aquellos años. Y del género.

Bedhead

Al igual que pasa con el shoegaze y el caso de Pale Saints, algo similar ocurre con el slowcore y Bedhead. Quizá todos solemos acudir a Low, Codeine o Red House Painters y por el camino nos hemos dejado a grupos maravillosos como lo son Bedhead. Un slowcore que se empapa del desarrollo y la rabia post-rock y guitarras afiladas que te sumergen en un mar de epicidad y ruido. Canciones de encerrarse en uno mismo, de lamerse las heridas, y otras que se contraponen con la violencia de la ola que choca contra el acantilado. Emociones a flor de piel con un auténtico maremoto. Una de esas perlas que los noventa y su prolífica trayectoria guitarrera esconden. Merecen cerrar la lista para acabar con la intensidad de Haywire en lo más alto.

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