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Interpol — El Pintor

Daba la impresión de que a Interpol en pleno 2014 ya solo le quedaban los fieles (ampliando el rango de fieles a cualquier persona que toleró medianamente su álbum homónimo) y los pocos curiosos que tengan ganas de ver en qué andan metidos a estas alturas. Cuesta creer esto si nos lo dicen hace un década tras el lanzamiento de su debut, pero no han sido pocas las piedras que se han topado en su camino y en muchas se han ido tropezando más de una vez.

Pero cabe preguntarse en muchos cuando es culpa de los propios Interpol o cuando de la gente que no les ha perdonado no igualar el nivel mostrado en su fabuloso álbum de debut. Porque hicieran lo que hicieran, muchos iban a comparar lo nuevo con lo mostrado en Turn on the Bright Lights (2002, Matador Records) y señalar su desagrado por no igualarlo. Una actitud que me parece injusta y desafortunada. Sí que es importante tener en cuenta lo mostrado anteriormente para comprender mejor el contexto en el que se mueve un disco y para poder ponderarlo con propiedad en una hipotética clasificación de su discografía, pero la comparación incesante sí que lo considero innecesario.

Las expectativas de la gente por volver a encontrar esa frescura de su debut no son algo contra lo que Interpol puedan luchar. Contra lo que sí podían luchar son varias de las lacras que han ido desarrollando a lo largo del tiempo, lo que unido a una progresiva falta de inspiración provoca que haya un cisma importante entre sus discos buenos (los dos primeros) contra los más flojos (los dos siguientes). Muchas lacras contras las que tenían que luchar si no querían el acta de defunción definitiva por parte de muchos en este El Pintor (2014, Matador Records).

Dejemos las cosas claras de una vez. A los últimos discos de Interpol no les pesa la comparación, les pesan las canciones. Mucho juega ahí la inspiración del grupo, pero también resultan claves la pérdida de la frescura, que a cada paso que han dado se han ido haciendo cada vez más esclavos de sí mismos, perdiendo mucha capacidad de sorpresa y volviéndose tremendamente predecibles. Oír una canción y directamente pensar en los miles de grupos que fusilan de la misma manera el Post-Punk pero que desechábamos porque Interpol tenían algo más. Tenían. No obstante, creo que en este disco encontramos algunos de esos defectos minimizados y salen a luz unas cuantas virtudes.

Mucho se ha hablado de este disco como la supuesta resurrección de Interpol, pero creo que nada más lejos. Podemos decir que salva los muebles con respecto a su pasado más reciente. La sensación que transmite El Pintor es de ser un disco más equilibrado que Our Love to Admire (2007, Capitol Records) en el nivel medio de sus composiciones y de tener un sonido menos oscuro y denso que el de Interpol (2010, Matador Records). Es más, diría que el disco tiene el sonido más ameno y escuchable que he visto en Interpol en años.

Sin duda, el aceptable nivel medio de sus canciones unido a un sonido accesible y entretenido conforma la primera virtud de este disco: invita más a su escucha y se hace ligera gracias a sus menos de cuarenta minutos de duración, algo que ha sido la losa del grupo durante tiempo. Y a la hora de señalar canciones, merece la pena remarcar esa recta final conformada por ‘Ancient Ways’, ‘Tidal Wave’ y ‘Twice As Hard’, quizá de lo mejor que he escuchado del grupo en años. Canciones con algo de gancho y una energía deslumbrante. Tienen tal destello que casi nos hacen olvidar el camino que hay que correr para llegar hasta ellas.

Porque las cosas como son, el resto de canciones mostradas en este disco se muestran a años luz de ese final. Al factor de ser canciones fáciles de digerir y accesibles se le añade de contrapeso el ser canciones muy poco llamativas, normales o incluso planísimas como ‘Same Town, New Story’, que lo máximo que me llega a transmitir son ganas de soltar un bostezo. Muchas veces se quedan en un quiero y no puedo como en el caso del single ‘All the Rage Back Home’, con estrofas pegadizas y con ritmo, pero lo combina con un estribillo insulso y la sensación de que le sobra alrededor de medio minuto. O el caso de ‘Anywhere’, que promete más de lo que termina ofreciendo, y aun así es la más destacada de la primera mitad.

5.5/10

Si el disco siguiera en la línea de canciones como ‘My Desire’ o ‘My Blue Supreme’ estaríamos ante el disco más aburrido de los ingleses neoyorquinos. Y luego están las tibias ‘Everything Is Wrong’ y ‘Breaker 1’, que lo última impresión está lejos de hacerme pensar que estamos ante un resurgir de los mejores tiempos de la banda. O siquiera de que estamos ante un disco notable en el panorama actual. El Pintor mejora su pasado más reciente, pero no salva a Interpol del abismo al que les ha llevado la pérdida de la inspiración. Se han desecho de algunos lastres que venían arrastrando, pero no han conseguido sumar nuevas virtudes sólidas o conseguir el resurgir de las pretéritas. De momento se les puede salvar de la quema definitiva, pero que tengan cuidado porque la hoguera todavía no se apaga.

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