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Screaming Trees: repaso discográfico

De todas las bandas que dejó el grunge, Screaming Trees fueron la más misteriosa, la menos tópica, la más difícil de encuadrar. También la más regular, lo que no quiere decir que fuera la más brillante. Mientras las obras cumbres de sus coetáneos parecieron brillar más en su momento, capturando el zeitgeist, las suyas han ido disfrutándose mejor cuando el ruido mediático ha dejado Seattle fuera del mapa musical. Pero, curiosamente, si echamos la mirada hacia atrás a la carrera de grupos como Mudhoney o Soundgarden, es difícil encontrar tanta regularidad, tantas ideas claras desde el principio de su vida musical y tanta calma para hacerlas realidad.

A pocas bandas de la explosión grunge se les ha respetado tanto como a Mark Lanegan y a los suyos, incluso desde medios y revistas especializadas que no fueron capaces de ver en ese estilo nada más que una repetición de clichés hardrockeros. Mark Lanegan ha sido durante años un tipo espectacularmente bien considerado, incluso a pesar de que muchas de sus aventuras en solitario han sido muy inferiores a las de su banda y a que parezca que, cualquier día, te lo vas a encontrar por la calle y te pida cantar contigo un dueto.

Damos hoy un repaso a la trayectoria de Screaming Trees, a día de hoy un grupo irrepetible que, frente a la opción de muchos otros, puso punto y final a su carrera justo en su cénit. Una lástima, sí.

Clairvoyance, estreno en los lindes del hard-garage (1986)

Clairvoyance screamingtrees

Los 60 vistos desde un prisma en el que las alucinaciones no vienen del LSD sino que las causan otro tipos de drogas más duras. Screaming Trees no firmaron un primer disco impresionante, pero sí que llamaron la atención por su particular forma de revivir el espíritu garagero de la Norteamérica que perdía la candidez. La brutalidad de ‘Orange Airplane’, que parece un outtake de unos Sonics redivivos o de unos 13th Floor Elevators de final de siglo, abre un paseo al que sólo se puede acudir con el espíritu del rock&’n&’roll en las suelas.

Órganos sixties, sobreinterpretaciones a lo Morrison, ritmos a punto de desbocarse (por EEUU ya había pasado el hardcore para que todo se contagiara de su velocidad), canciones que podrían pasar por la semilla primeriza de lo que se denominó Stoner Rock y otras que se miran en los grupos pop de psicodelia californiana (‘Seeing and Believing’). Un novato Mark Lanegan, aún sin su voz profunda al frente, pone cara a la banda antes de que Seattle sea el centro de atención de medio mundo.

6.5/10

Clairvoyance, concluido tan violentamente como empezó, es un estimable debut para una banda que madurará mucho en varias de las direcciones apuntadas.Y también marca la sendas estilísticas que alejarán a Screaming Trees de otros grupos de su generación (la que es, quizás, una de las razones que el grupo pueda pensar como responsable del ligero desdén con el que el público les trató en su día).

Even If and Especially When (1987), irregular excursión ácida

Evenand screamingtrees

En su debut ya habían aparecido fantasmas de los Doors;, pero Screaming Trees vierten en su segundo disco gran parte de su pasión por los angelinos. Se ve claramente en los desarrollos de guitarras de Gary Lee y Van Commer, a veces demasiado ensimismados para que las canciones no acaben en un engrudo de proporciones colosales.

5.5/10

Entre temas que añadir a un futuro grandes éxitos, como la alucinada ‘Cold Rain’ o la inicial ‘Transfiguration’, los de Seattle se enfagan más de lo que sería recomendable en canciones de mil y un requiebros. A veces más pop de lo que su debut pudiera haber anticipado, como en ‘Other Days and Differente Places’, y con una producción de mil demonios que ensombrece el resultado final, Even If and Especially When acierta sólo a ratos en su mezcla de garage, neopsicodelia (¿sólo yo oigo en ellos a unos Teardrop Explodes; más violentos, más stoogianos?) y un grunge más liviano del que luego practicarán Soundgarden y compañía.

Invisible Lantern (1988): el medio ciego en el país de los tuertos

Sin ser apabullante, Invisible Lantern es un buen disco de rock independiente en la Norteamérica de los 80. Quizás no pueda competir ante los que habían firmado antes compañeros del sello SST como Black Flag, pero su acercamiento violento al garage de los años 60 no sólo no se hace pesado, sino que contiene canciones tan brillantes como esa ‘Ivy’ que abre el disco, lo más cerca que Screaming Trees y los Mudhoney de ‘Touch Me I’m Sick’ estarán jamás.

La voz de Mark Lanegan ya comienza a ser ese poderoso chorro capaz de envolverte como un torbellino yel grupo funciona a la perfección incluso cuando se mira en los 70s más duros. ‘Lines & Circles’ es como Alice In Chains; rebajando los matices jevilones y el ejemplo de que, por fin, la producción realza los juegos de unas guitarras incapaces de quedarse quietas.

7/10

Todo Invisible Lantern apuesta por abrir foco, hasta dar con una especie de gran angular del indie-hardrock: punkies en ‘She Knows’, aferrados al terruño en ‘Grey Diamond Desert’, ácidos en ‘Shadow Song’… Screaming Trees comienzan a subir los escalones de tres en tres, aunque no son todavía una banda madura.

Buzz Factory (1989): intensidad frente a talento irreprochable

BuzzFactory screamingtrees

El disco más consistente de los Screaming Trees hasta esos momentos se sostiene más por su intensidad que por unas canciones arrebatadoras. Si hasta entonces no eran un grupo que sobresaliese por encima de la media y su hard-rock pasaba desapercibido entre Madchesters y demás coletazos de los 80, Buzz Factory los consagra como grupo potente, sin fisuras, pero no les da canciones inapelables, de las que se pudieran recordar. Y sin himnos o ganchos melódicos, nadie saca la cabeza.

6.5/10

A veces demasiado cerca de ese hard-rock deudor de Black Sabbath que practicarían mejor otros compañeros de generación, Buzz Factory no quita el aliento, ni se destapa como una sorpresa. Tampoco hay demasiado espacio para aventuras con aroma sesentero y sí mucho riff rocoso y algunos solos demasiado expansivos que acaban por comerse parte del encanto garagero del último disco largo independiente de los Screaming Trees. Pequeño paso atrás

Uncle Anesthesia (1991): hola a las texturas más dulces

Su portada, basada en Alicia en el País de las Maravillas, anticipa el contenido de lo que el disco contiene: parece la de un grupo heavy, pero los matices apuntan a un ambiente más lisérgico y menos teatral del asunto. Y así es todo en strong>Uncle Anesthesia, el disco de un grupo que sabe de su posible potencial para masas (es, de hecho, su primer disco para la multinacional Epic) y que no siempre acierta en su búsqueda de mayor amplitud de miras.

Acercarse a los R.E.M. casi AOR de Green en temas como ‘Bed Of Roses’ no da los resultados previstos, sus excursiones zepellinianas (al final de ‘Caught between’ parece que va a empezar el solo de batería de ‘Moby Dick’) se aguantan sin demasiada dificultad, pero tampoco emocionan y todo Uncle Anesthesia se resiente de bajones compositivos.

7/10

En el lado positivo, la intensidad de la inicial ‘Beyond The Horizon’, el lento ascenso a la superficie de ‘Before We Arise’ o ‘Dissapearing’ y sus trompetas a lo’ Alone Again Or’. También es reseñable la mayor parte del tramo final del disco, que comienza a dar la medida de las dos obras magnas que se avecinan.

Sweet Oblivion (1992): el clásico grunge

Sweet Oblivion empieza como tenían que hacerlo los discos en el año 1992 para formar parte de la agenda mediática: a rock setentero y hardcore ochentero pasados por el cedazo de una generación desencantada. ‘Julie Paradise’ la canción que cierra el disco, es sintomática. Rock pesado, desde luego, cargado de sentimientos oscuros, pero en el caso de Screaming Trees, también de algo que les diferenciaba: el aroma de toda una colección de discos de psicodelia.

Los tambores y percusiones iniciales no engañan, tampoco los coros de ‘Nearly Lost You’, el tema que estuvo a punto de subirles al altar de la adoración adolescente. Sweet Oblivion es un disco de rock clásico. Lo dicen sus canciones, sus instrumentos, sus solos de guitarra, su estructura paradigmática (ahora un par de canciones potentes, una balada, un medio tiempo, más canciones potentes, etc…).

Tiene las guitarras al borde de rasgarse que ama cualquiera y una voz grave que suena dolida (en ‘Dollar Bill’ es clasicona, pero no por ello menos emocionante); varias canciones poseen madera de himno generacional (‘Butterfly, For Celebrations Past) y su aroma es lo suficientemente abierto y didáctico como para contentar también a quienes veían con reparos todo lo que salía de Seattle.

8.5/10

Pero, por encima de todo, en Sweet Oblivion están dos temas imprescindibles: ‘No One Knows’ y la canción más hermosa que nos dejó el grunge, que casi resume todo lo de aquellos años: ‘More or Less’ (‘Now that we’ve run this road so many times / Tonight it will not take us home’). Y pese a todo no es su mejor disco.

Dust (1996): la única conclusión posible

Dust screamingtrees

No triunfaron, pero Dust es la única conclusión a la que podían llegar Screaming Trees, el resumen de todo su camino discográfico y la mejor madurez posible de un grupo minusvalorado, pero al que no tardaremos en ver reivindicado como un clásico por los popes de la prensa musical anglosajona. Si toda su discografía se había impregnado de un curioso aire psicodélico que se colaba por entre los recodos de su musculoso rock, es en el último disco de la banda cuando todos se deciden a abrir las ventanas de par y par, creando así las más ricas sonoridades de toda su carrera y dando vida a todo un clásico de los 90.

Clavicordios, pianos eléctricos, sonidos indios, gospel, folk y mil matices acompañan a las canciones con más capacidad de enganchar de toda su carrera. Ellos no sólo eran la cara oculta del grunge, el plato para sibaritas, sino también un conjunto que podía haber tenido un inmenso potencial para enganchar a las masas. A ese respecto himnos rockeros de grandes estadios como ‘Look At You’ o ‘All I Know’ son más que representativos.

9/10

Pero, claro, con el inquieto Mark Lanegan encabezando el tinglado, no podían quedarse tan sólo en eso: de esa inquietud que les hizo quedarse fuera de la foto grunge nace la sensibilidad épica de ‘Sworn and Broken’ o los aromas roots de ‘Gospel Plow’, coda final a un disco magnífico guiado por la voz profunda y grave de Lanegan, la voz, por cierto, que podría representar como andie el desencanto de toda una generación. Sin la rabia contra el mundo de Eddie Vedder;, sin el aroma martir del rock de Kurt Cobain; o la capacidad trágica de Layne Staley;, con más credibilidad que Chris Cornell; y sin las obsesiones de Greg Dulli;, es él quien entona las frases lapidarias de una época engullida por el mecanismo del mundo real:

‘I been a long long time away
With one foot in the grave
Glorified in the dying of the sun’

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