Anuncios

Nueve discos de ruptura

No es raro que uno se ponga a componer pensando en quien te ha roto el corazón. O a quien se lo has roto tú. Es un tema clásico en el mundo de la cultura pop, tan viejo casi como el más viejo de los estilos. A veces desde el angst juvenil, otras veces desde el sereno “jódete” del adulto y otras desde el simple “hay más peces en el mar” que le sirvió a The Streets, por ejemplo, para hacer una de sus canciones más radioformulables.

Lo que pasa es que, no pocas veces, las rupturas amorosas se musican de manera torpe y tópica: como todo, el tema está tan manido que es complicado sacar la cabeza. Pero cuando llega alguien con ideas frescas, no hay posibilidad de evitar rendirse; a éstos nueve discos de ruptura me rendí en su día yo… y sigo haciéndolo:

The Mountain Goats — Get Lonely

Uno de los discos más celebrados de John Darnielle y los suyos fue todo un tratado de escribir canciones con el corazón roto y una profunda reflexión sobre su recién adquirida soledad y los trucos que hacemos y trampas en las que caemos para superarla. Por ejemplo, mantenerse ocupado

Try to think like a machine / 
Focus in on the task / 
Try not to think about what it means.

O imaginar otros mundos:

And when I got home I thought about you
Like a desperate policeman searching for clues 
And I almost passed out just then 
And I shut my eyes again 
Headed for the dark hillsides 
In the hidden places

O vivir en la nostalgia de un pasado que ya no volverá, como en la fantástica Moon Over Goldsboro. Pero el disco alcanza su cumbre en la letra de Woke Up New (youtube) por fijarse en los detalles que nos quedan tras el final, en los restos del naufragio sentimental. Por contar algo tan básico como las cosas que se hacen la mañana después de que ella te deje:

La primera vez que hice café, hice demasiado para mí solo, pero me lo tome entero porque tú odiabas que desperdicise las cosas.

Beck — Sea Change

Beck Hansen se ha vestido en no pocas ocasiones de algo parecido a una caricatura de sí mismo o de otras muchas cosas. Tras hacer de Prince en Midnite Vultures, posiblemente la idea hubiese sido seguir por esa línea. Pero a Beck le rompieron el corazón y, a cambio, él entrego el disco que había amenazado hacer en Mutations, pero que no llegó a concluir porque siempre tenía la sonrisa a mano.

Sí, a cambio de sufrir, Beck vuelca su caleidoscopio psicodélico, su batidora de estilos, en un álbum hecho con el corazón casi congelado, aunqque él mismo diga que supone que lo está haciendo bien. Guess I´m Doing Fine (Dailymotion), se repite una y otra vez el rubio californiano. Sí, Beck, lo hiciste muy bien.

The Afghan Whighs — Gentlemen

I should have seen this shit coming down the hall
Every night I spent in that bed with you facing the wall

La portada del disco (dos niños, él sentado en un lado de la cama, con la mirada perdida; ella, tumbada, mirándole fijamente con ojos de condescencia) es premonitoria. Gentlemen es el disco en el que Greg Dulli se pasa a sí mismo las facturas de los amores perdidos, esos que miraban a la pared en vez de a sus ojos cuando dormían juntos.

When We Two Parted (Youtube), Be Sweet (tengo una polla por cerebro, afirmaba sin rubor mientras contaba cómo ella quería amor y el sólo sexo), My Curse o esa alucinante Debonair que casi puede bailarse acaban por pintar el amor como una trampa, una cárcel que sólo provoca placer momentáneo, pero que acaba doliendo más de lo que recompensa.

Ryan Adams — Heartbreaker

Antes de ponerse a ser una estrella del rock y de darle a la bebida más de lo recomendable, Ryan Adams dejó un disco de los que quitan el aliento. Llevando el country alternativo de Whiskeytown a nuevas cotas, Adams canta con si su voz fuese su corazón, que en aquellos días parecía el de casi un adolescente: Adams se sabía roto por dentro y, por supuesto, no tuvo ninguna intención de ocultarlo.

Heartbreaker es un pedazo de rock´n´roll clásico, donde los tiempos altos te dejan helado y las baladas acaban por romperte en pedazitos. Come Pick Me Up (youtube), con una armónica y un punteo de guitarra de los que hacen llorar, es un buen ejemplo de que, por primera y casi única vez en su carrera en solitario, Adams no quiso ser de cartón piedra, sino un cantante sincero.

Spiritualized — Ladies & Gentlemen, We´re Floating in Space

Though i have a broken heart
I’m too busy to be heart broken
There’s a lot of things that need to be done
But i have a broken heart

Though i have a broken dream
I’m too busy to be dreaming of you
There’s a lot of things that i’ve got to do
But i have a broken dream

Jason Spaceman tenía a Kate Radlye, pero ella le dejó por el cantante de The Verve. Y mientras la prensa musical inglesa se encargaba de airear los trapos sucios y de ejercer de Sálvame, Jason se encerró en su propia cabeza, en busca de algo que le sanase. De una medicina para recomponer el corazón hecho trizas. Y él, que siempre había estado tan cerca de las drogas, nos regaló un medicamento sin fecha de caducidad: Ladies & Gentlemen, We Are Floating In Space.

Tremendamente relacionado con Una semana en el motor del autobús en temática lírica (el dolor no se puede aguantar, pero existen vías químicas para mitigarlo) y en conclusión (los últimos fragmentos del disco son liberadores en cuerpo y alma), Spiritualized grabaron un disco en el que los Stooges, MC5, la Velvet y el freejazz se daban la mano para hacer de receta médica.

Vendido con el aspecto de un medicamento (el libreto simulaba al de los prospectos medicinales e incluso en sus primeras ediciones los cds salían de una tableta como la de las medicinas), Ladies & Gentlemen We Are Floating in Space sigue teniendo un valor terapéutico incalculable y sus canciones aún son la repera. Por ejemplo, esa Broken Heart (youtube) que casi parece música sacra.

And i’m wasted all the time
I got to drink you right off of my mind
I’ve been told that this will heal given time
But i have a broken heart

And i’m crying all the time
I have to keep it covered up with a smile
And i’ll keep on moving on for a while
But i have a broken heart…

Marvin Gaye — Here, My Dear

Si hay una obra que merezca la pena llevar la etiqueta de disco de divorcio, sólo puede ser ésta. Porque Here, My Dear es el álbum con el que Gaye pagó la separación de Anna Gordy. Extremadamente sincero, casi pornográfico en su planteamiento, Here, My Dear sirvió para que la exmujer de Gaye recibiese su “parte de lo nuestro”.

Pero mientras otros artistas, sabiendo que el dinero iba a ir para su antigua amante, se hubieran esforzado en hacer el peor disco posible, Marvin Gaye se puso de nuevo las pilas con una colección de canciones muy notables, de tono futurista y que anticipan parte del soul de los 80. Nadie como él supo hacer de la venganza un plato tan caliente.

Liz Phair — Exile in Guyville

Procaz y sincera hasta la médula, Liz Phair debutó con un ajuste de cuentas de estilo casi mafioso. Con canciones de indierock contagioso, Phair anunció que iba a hacer una respuesta al Exile on Main Street de los Rolling Stones tema a tema. La chica no cumplió, pero dejó perlas de cuando la amargura y el dolor tras una relación se transforman en rabia y un sincero “que te jodan”.

Es obvio que un disco con una canción titulada Divorce Song va sobre eso, pero con el tiempo parece que se la ha dado más importancia a que Phair hablaba de sexo sin pelos en la lengua (había incluso cierta condescendencia machista en gran parte de las críticas que recibió el disco) que a su maestría para cantarnos que una ruptura es por igual dolor, rabia, frustración y liberación. Fuck and Run (youtube) es un genial ejemplo.

NIN — Pretty Hate Machine

La elección heterodoxa para esta lista, pero válida, puesto que Pretty Hate Machine es un disco de traiciones, amorosas o no. Puede que Reznor no estuviese enamorado, pero su rabia sale como si le hubiese dejado la persona más importante de su vida. O quizás sea esa la cuestión: que con el resto del mundo también se puede romper y que una decepción de ese calibre sólo puede contarse como lo hacen NIN en Pretty Hate Machine.

Bob Dylan — Blood On The Tracks

En cualquier caso, toda elección de esta lista será incapaz de lograr lo que Dylan consiguió en el disco con el corazón roto por antonomasia, su manera de decir adiós a la Sad Eyed Lady Of The Lowlands a la que le había dedicado aquellos once minutos geniales en Blonde On Blonde, los de su mejor canción.

Eminentemente acústico, trágico al estilo de Raymond Chandler, Blood On The Tracks pasa de la amargura al dolor íntimo, de la pena a la rabia, de la tormenta a la paz en diez canciones teñidas con la más absoluta tristeza. Para mí éste es el mejor disco de su carrera, el que más se hace querer y aquel en el que da igual que Dylan sea un mito o no, porque lo ves como una persona cautiva y desarmada ante el veneno de las relaciones.

Nadie desde entonces ha sido capaz de igualar la pena que Bob Dylan dejó, sin necesidad tampoco de hacer de su tragedia un ejercicio de exhbicionismo impúdico. Si Dios tuviese alguna vez el corazón partido, haría un disco así.

Anuncios