Anuncios

El tamaño sí importa (VI): ‘El cuarto de Tula’, de Buena Vista Social Club


Década de los noventa: el Buena Vista Social Club, antaño centro neurálgico de la actividad musical de La Habana, lleva más de cinco décadas enterrado en la memoria de la ciudad. Ry Cooder, reputado músico norteamericano que tras colaborar con algunos de los artistas más célebres de su país ha comenzado a involucrarse en proyectos con músicos alejados del canon occidental — como Ali Farka Touré — , aterriza en Cuba con un objetivo muy concreto: reunir a todas las leyendas aún vivas del Buena Vista Social Club y grabar un disco que resuma la esencia de La Habana. El resultado: 1997, Buena Vista Social Club publica uno de los trabajos musicales más notorios de la historia del siglo XX gracias al talento encendido de Compay Segundo, Rubén González u Omara Portuondo.

Por aquel entonces todos ellos, y muchos más, contaban con una más que provecta edad. Tanta que poco después fallecerían. Les dio tiempo a resucitar como artistas, tras décadas olvidados y abandonados en las interminables calles de La Habana, acaso la ciudad muerta con más vida de todo el planeta. Nunca morirá su espíritu porque quedó inmortalizado, entre pases de Son Cubano, Jazz o Guajira en las catorce canciones de Buena Vista Social Club (World Circuit, Nonesuch, 1997). Entre todas ellas resalta una sobre todas las demás en lo tocante a la duración: ‘El cuarto de Tula’.

Son siete minutos y medios desbocados, pura expresividad y nervio. Compuesta tiempo atrás por Sergio Eulogio González Siaba, que ya había fallecido en 1989 tras haber venido al mundo en 1916, es interpretada vocalmente por Elíades Ochoa e Ibrahim Ferrer. A dos voces:

En el barrio la cachimba
Se ha formado la corredera
En el barrio la cachimba
Se ha formado la corredera

All fueron los bomberos
Con sus campanas, sus sirenas
All fueron los bomberos
Con sus campanas, sus sirenas
Ay mamá, qué pasó ay mamá, qué pasó

El inconfundible ritmo caribeño que propulsa a la canción se ve aderezado por una sección de viento para la que no tengo palabras. La canción poco a poco se enreda en sí misma y deriva en una jam session a través de la cual aún es posible tocar, oler, vivir las calles de La Habana Vieja. En trance, Ferrer y Ochoa repiten “el cuarto de Tula, le cogí candela / Se quedó dormida y no apagó la vela” hasta que la canción para y se gira hacia el laúd de Barbarito Torres.

Y lo que sucede en ese momento es tan mágico, tan bárbaro, que a Ibrahim Ferrer le sale, en medio de la canción, un sincero: “Se volvió loco Barbarito, hay que ingresarlo”. Y ciertamente todo parece indicar que Torres ha entrado en fase post-terrenal, que se ha elevado a los altares y que desde allí ha regalado un ejercicio en solitario al laúd en el que perderse durante el resto de una vida. Y todo con una naturalidad pasmosa, la de quienes ostentan un talento natural al que el paso del tiempo no ha podido vencer. Y no podrá hacerlo jamás. Porque Buena Vista Social Club, Cuba, La Habana, esa inagotable fuente de música, siempre estará abierto.

Playlist | El tamaño sí importa

https://embed.spotify.com/?uri=spotify:user:hipersonica:playlist:77goeTnnkJfan4P4Z8eyGe

Anuncios