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La psicodelia en 2014: un año gris (I)

Como los lectores habituales sabrán, la psicodelia es uno de los géneros a los que más atención dedicamos. Al igual que el año pasado — resumen aquí, aquí y aquí — , iniciamos hoy un serial de tres artículos sobre lo más destacado del año en la materia. Muchos de los editores de Hipersónica opinamos que este ha sido un año de peor producción musical que el anterior, con especial mediocridad en la parcela psicodélica. De entre las tres de las que vamos a hablar estos días — Garage, Pop, Space/Kraut — es sin duda la primera, de la que se ocupará este artículo, la más decepcionante de todas ellas. Veníamos de un 2013 excelso, con algunos de los mejores discos de los últimos años a cargo tanto de grupos en lo más alto de su carrera como de nuevas y estimulantes promesas. Este año, los clásicos se han instalado en la normalidad y los debutantes en años recientes han dibujado trayectorias descendentes. Aun con todo, hemos podido rescatar varios discos de nivel.

Lo mejor: The People’s Temple y Black Market Karma

Y con cierta diferencia. Los primeros han hecho de Musical Garden (HoZac, 2014) el disco Garage Rock del año. Los fundamentos son bastante convincentes: un toque retro que no devora a las canciones y que les permite situarse un peldaño por encima, ahora ya sí, de otros grupos que sólo encajan en el mero revivalismo, un enorme gancho melódico y una concreción que les sienta como anillo al dedo. The People’s Temple han encerrado en Musical Garden una colección de canciones difícilmente igualable este año. Supone una revitalización fabulosa de su carrera, algo estancada tras su segundo disco, y un regalo para los oídos para todos aquellos enamorados de lo simple y lo exquisito. Les han ganado a todos a través de la elegancia, el laconismo y la luminosidad. Una maravilla.

Los segundos, Black Market Karma, han recogido el testigo ya un tanto ajado de The Brian Jonestown Massacre y le han dado renovado lustro. Lo cierto es que lo han hecho desde una perspectiva muy continuista y con pocos visos de innovar en el futuro, pero su carrera discográfica siempre se ha movido en torno a esos parámetros. Algo más alejados del Garage Rock, muy enfocados hacia la herencia de Spacemen 3 o The Velvet Underground, Upside Out Inside Down (Flower Power, 2014) es su mejor trabajo hasta la fecha. El que les sitúa más o menos a la cabeza del género, tras varios trabajos en segunda o tercera línea. Es el suyo un viaje fabuloso, en el que canciones como ‘Aheeha’ hacen de la misma idea de siempre algo sencillo y adictivo, tan bueno como horrenda su portada.

Viejos conocidos: lejos de sus mejores días

Capítulo nuestros-amigos-de-toda-la-vida. King Gizzard & The Wizard Lizard volvieron a colarse en nuestra lista de los mejores discos internacionales del año gracias al estupendo I’m In Your Mind Fuzz (autoeditado, 2014), divertidísimo otra vez, aunque sin el increíble gancho/bofetada que suponía ‘Head On/Pill’, el demencial cuarto de hora que hacía de Float Loang — Fill Your Lungs (autoeditado, 2013) un disco excepcional. ¿Sus argumentos? Pose desenfadada, cuando no abiertamente cómica — véase el vídeo de ‘Cellophane’ — , el medley inicial de cinco canciones unidas en torno al mismo patrón rítmico y la capacidad de reinventarse a sí mismos en cada estrofa, en cada solo de guitarra, en cada estribillo. Más o menos, las misma virtudes de Manipulator (Drag City, 2014), el enésimo disco de Ty Segall que nos ha vuelto a ganar. Cuenta con diez de sus mejores canciones — y en consecuencia, del año — , pero también con bastante relleno. Bien, en todo caso.

Por aquí hay que meter de nuevo a Thee Oh Sees, que, como manda su ya longeva tradición, han cumplido con el bienio discazo-disconormal. Hemos tenido Drop (Castle Face, 2014) bastante olvidado durante los últimos meses porque queda lejos, muy lejos de trabajos como Carrion Crawler/The Dream (In the Red, 2011) y el más reciente Floating Coffin (Castle Face, 2013). Drop es Thee Oh Sees todo lo relajados que pueden llegar a estar sin caer en el Folk torcido de Putrifiers II (In the Red, 2012). Pese a todo, semiruptura incluida, Drop sigue contando con un puñado de canciones asombrosas.

En lo relativo a trayectorias que continúan por el buen camino, merece la pena destacar a Bad Indians, que en Keep Losin’ (autoeditado, 2014) se han destapado como un grupo de tremenda originalidad y capacidad a partir de los seis minutos de canción, y a The Frowning Clouds, ya dentro del revival estricto, apegados al Lo-fi pero con un disco entre manos, Legalize Everything (Saturno, 2014), que es un caramelo.

Cosas muy divertidas que han publicado su primer o segundo LP este mismo año. Sigamos con Together Pangea, autores de una de las canciones a las que más he recurrido este año — ‘River’ — . Badillac (Harvest, 2014) tiene, a ratos, golpes fabulosos dentro de melodías brillantes, y pese a los naturales dejes chungos de todo grupo que se mueven estas coordenadas, es un larga duración más que recomendable. Su reverso tenebroso, nunca mejor dicho, es el debut de The Wytches, quienes sí tienen algo muy oscuro en la mirada. En Annabel Dream Reader (Heavenly, 2014) no hay melodías felices ni estribillos para cantar a coro, sino mucho drama, bajón y el sonido Slaughterhouse (In the Red, 2012) arrastrado al averno de la depresión emocional. Con sus correspondientes momentos nos vemos otro día, bien, pero la propuesta con más visos de crecer a corto plazo.

Más cercanos al clasicismo y a los años sesenta, en la línea de The Frowning Clouds, tenemos a Holy Wave con Relax (Reverberation Appreciation Society, 2014) y a Cool Ghouls con A Swirling Fire Burning Through The Rye (Empty Cellar, 2014), su segundo disco. El primero se aleja más del canon y recoge el legado medio-jangly medio-psy de Crystal Stilts, ahora que seguimos sin saber nada de su próximo disco. El segundo es agarrar la columna vertebral del sonido San Francisco, retocar lo justo para producir con ella un sonido del siglo XXI y presentarla al mundo sin ánimo alguno de disimular sus influencias, fusilamientos y homenajes. Con una presencia especialmente notoria del espíritu de Jefferson Airplane, Cool Ghouls han facturado un disco muy divertido. Desde el halo Folk que recubre a parte del trabajo hasta sus destacables escarceos en terrenos más áridos, ambientales y dirigidos al paladar más preocupado por el viaje psicodélico que por la forma pop.

Ligeras decepciones o mayúsculos sin más

Es una lástima que tras el estupendo paso adelante en su carrera que dio Tim Presley el año pasado For the Recently Found Innocent (Drag City, 2014) sea tan, tan gris. En todos los sentidos. Tantas virtudes alberga como defectos repite de sus anteriores discos. Son las dos caras que parecen definitivamente irreconciliables en White Fence, su capacidad casi sin igual para reintepretar la herencia de los sesenta unida a sus canciones agresivas que siempre le salen torcidas. Presley, este año, no se ha conformado con hacer lo que mejor sabe hacer. Ha pulido su sonido, menos sucio, pero también ha mantenido sus constantes vitales, para lo bueno y para lo malo. Por eso For the Recently Found Innocent es un disco tan decepcionante, porque muestra lo que podría llegar a hacer y todo aquello que le lastra y que, de forma invariable, le deja siempre relegado a una posición secundaria en la escena actual.

https://www.youtube.com/watch?v=bLni95sRFeE

En situación parecida se encuentran Allah-Las y The Everywheres. Worship The Sun (Innovative Leisure, 2014) es el segundo trabajo de los primeros, muy sencillo y aburrido, un peldaño por debajo de su primer trabajo. Pese a su indudable éxito, Allah-Las navegan por el mismo océano insípido que ya surcaban, con menos descaro, en su debut. Desde aquí decimos no a Worship The Sun porque peca de conformismo y de falta de espíritu. Son cuestiones que también se ciernen de forma sospechosa sobre The Everywheres, cuyo Habitualism (Father Daughter, 2014) les coloca algo por debajo de su más apañado anterior disco, en la misma liga en la que compiten Allah-Las. Ambos son grupos que miran mucho más al Surf Rock que el resto de los que hemos hablado aquí, cerca de lo que hace tan bien y tan mal Tim Presley, y ambos han sido este año muy regulares en su mediocridad.

También desde el Surf llega un debut interesante pero demasiado canónico, como el de Atlantic Thrills, ideal para una tarde de verano, una y no más. En un terreno más ácido, tanto Morgan Delt como Lorelle Meets The Obsolete han entregado trabajos que caminan entre lo decepcionante, lo irrelevante y lo interesante. Más emocionante ha sido el disco de Brain F≠, Empty Set (Grave Mistake, 2014), Garage Punk de nuevo cuño y canciones de menos de dos minutos. Ocupando el trono de unos ilustres desaparecidos en combate como The Fresh & Onlys están The Wolf, con Ride EP (autoeditado, 2014). Veremos cómo evoluciona. Por último, en este apartado de cosas que son sí y cosas que son no al mismo tiempo, Blak Realm, que en Grassed Inn (Fire, 2014) han logrado componer la canción de apertura de un disco que luego se desinfla como la espuma más impactante.

Mal, muy mal y peor

Un nombre: The Growlers. Una valoración: cuanto más lo escucho, peor. Cuánto disfrutamos el año pasado de Hung at Hear (Everloving, 2013), sin duda uno de los discos del 2013, y qué mal nos han sentado las canciones de Chinese Fountain (FatCat, 2014), sin duda una de las sonoras decepciones de la temporada. The Growlers han vuelto a dejar dos canciones, al menos, que sí pueden mirarse en el resto de su discografía y mantener el tipo, pero el resto es un desastre sin paliativos que empeora conforme aumenta la perspectiva que ofrece el tiempo. Sus extraños escarceos con lo peor de la década de los ochenta, recuperado de forma infausta durante los últimos años, su ocasional toque pista-de-baile (!) y su general falta de inspiración le colocan a la cabeza de este epígrafe. Quizá el ejemplo más extremo de cómo lo que el año pasado estuvo genial en el género este año ha ido de mal en peor.

Hay más. Bass Drum of Death, que el año pasado causaron nula sensación en la redacción. Este año, la misma fórmula repetida con igual torpeza y menos gracia. Quienes han gozado de mejor recibimiento a nivel general han sido Meatbodies, utilizando el arsenal de recursos ya legado por Ty Segall, desde la portada hasta el sonido grandilocuente. No es Meatbodies (In the Red, 2014) un mal disco, pero sí una sucesión de ideas repetitivas y estereotipadas que, además, y es lo peor dadas las coordenadas en las que se mueven, es aburrido. Lo mismo se puede decir de Tweens, Pow! y el que puede ser el disco más desagradable de la temporada, Minimum Rock N Roll (Fortuna Pop, 2014) de Chain and the Gang.

Mañana, Pop y derivados.

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