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Costa — Inmortal

Cuarto disco en solitario del MC madrileño que vuelve a realizar una apuesta por el sonido electrónico que presentó de forma escueta en Morfina (Gamberros Pro, 2010), más ampliada en Bestia (Gamberros Pro, 2012) y que ha conquistado por completo su último trabajo en solitario, Inmortal (Grimey Music, 2014). Un álbum que puede ser entendido como una continuación de su anterior referencia, puesto que es indudable que suenan muy parecidos, y que consolida de ese modo la propuesta que nos presentó Costa años atrás.

Lo mejor de repetir la fórmula es que ha logrado un rollo muy propio e identificable que además ha ido puliendo desde que Bestia viera la luz. La producción de Ikki, responsable de once de los catorce cortes que componen Inmortal, vuelve a tener un notable peso en el disco, pues Costa se apoya constantemente en él, cediendo muchas veces el protagonismo a ritmos electrónicos y a las propuestas del productor. Las letras y rimas también han presentado mejora respecto a otros trabajos, donde antes no lograba encajar una palabra o esta quedaba algo forzada, en Inmortal es resuelto con mayor fluidez.

El hándicap del LP es que no aporta nada que no hayamos escuchado con anterioridad. Se nota la mejoría en todos los aspectos pero resulta extraño que Costa, quien ha estado en constante evolución desde que sacara Chocolate (Gamberros Pro, 2004) y siempre se había atrevido con una nueva vuelta de tuerca en cada trabajo, parezca echar raíces con este sonido rap de bases electrónicas y potentes. Es cierto que al mantener la propuesta se logren cotas mayores en cuanto a calidad e identidad. Pero igual de cierto es que se echa en falta algún elemento innovador y diferenciador de lo exhibido en Bestia.

No obstante, Costa no ha engañado a nadie. Sus adelantos, ‘El Rey’ y ‘Mi Yemana’, ya señalaban el camino que ha decidido tomar en Inmortal, por si no nos había quedado claro tras Bajo Suelo, EP que lanzó junto a Carmona, también con Ikki a cargo de la producción. Ambos cortes se encargan, precedidos por ‘Ciudad Pecado’, de abrir este trabajo y establecer desde el comienzo lo que el oyente se va a encontrar.

Una apertura sin tregua, cañera, violenta y en la que los ritmos adquieren un notable protagonismo. Es notoria la presencia de trompetas de melodías arábicas o de sonidos jamaicanos, que estarán presentes en muchos temas a largo de todo Inmortal. Un recurso, que dada su abundancia, termina convirtiéndose en leitmotiv. Sus letras siguen oscilando entre lo salvaje, los excesos o la noche, con un estilo que comienza a estar bastante definido. El propio artista ya anuncia esa dureza y lo que le va sin necesidad de abrir el disco, pues aprovecha la portada para realizar un homenaje a la banda de metal Death.

‘Quimera’ y ‘Maradona’ son quizás los temas que más pueden diferir del resto, no por el sonido, pero sí por el beat más pausado bajo el cual Costa siempre ha sabido rapear destilando una gran rabia. Con ‘Demonios y bares de viejos’ y ‘Jagger y Diazepam’ se vuelve a retomar la dureza del comienzo, la cual se instalará en nuestros oídos hasta el final del álbum. La segunda parte del disco, eso sí, cuenta con un tono más reflexivo sin dejar la agresividad de lado. Las colaboraciones también afloran tras el ecuador del trabajo. ‘Inmortal’ se encarga de cerrar el disco de título homónimo con algo más de pausa pero manteniendo la potencia ofrecida en todo el LP.

6.8/10

Aquellos que se quendaron prendados del nuevo sonido de Costa años atrás y el tándem formado junto a Ikki pueden estar de enhorabuena, pues tienen ante sí un no parar de temas cañeros y de ritmos para saltar y jalear. Inmortal era aquello que estaban esperando. Si no es tu caso, te queda el consuelo de saber que sonar, suena bien, y que seguramente algún tema continuará rondándote por la cabeza tras su escucha. Repetirás cuando quieras soltar algo de rabia o darle caña a tu vecino de arriba, pero es difícil que te enamores de él.

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