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Rhiannon Giddens — Tomorrow Is My Turn

Daba a entender Gustavo Adolfo Becquer en su leyenda toledana que por turbador que sea el momento la voz de la mujer manchega embelesa, bien utilizada, bien administrada, siempre acaba despertando en el hombre algo que va más allá de las bajas y altas pasiones, algo que trasciende lo sensorial y que se convierte en un pellizco en eso a lo que llamamos alma. El poeta sevillano la vestía de misterio, de anonimato y falsa melancolía, pero aún así la voz queda, aparentemente marchita y quejumbrosa vestía más que mil y un ropajes, pues la voz era mucho más que el sonido proviniente del aliento exhalado, la voz era una radiografía de lo que hay dentro, que se entrega al que la escucha, la voz era una caricia que más allá del mensaje basaba su potencia en su melodiosidad, en el manejo de las notas y el tono como verdadera caracterización del sentimiento.

Y la verdad, es que algo parecido sentí cuando escuché por primera vez, con detenimiento, con la dedicación necesaria, al debut discográfico de Rhiannon Giddens. Cierto es que ya había habido un acercamiento previo en esa maravilla oculta en forma de homenaje a Bob Dylan que es The New Bassement Tapes, pero mientras que en la serie su papel era tan secundario que la atención acabó dirigiéndose hacia otros derroteros, una vez comenzado Tomorrow is my Turn (Nonesuch Records, 2015) la sorpresa se tornó en flechazo, y del flechazo ha acabado surgiendo una admiración que hoy día podría deciros que es infinita.

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Mil y uno son los argumentos que podría esgrimir para animaros a que os embarquéis en un viaje tranquilo y sosegado, un viaje sin cambios de rumbo ni puntos de inflexión. Mil y un argumentos que circundan todos la potencia y la versatilidad de esta vocalista surgida de forma inesperada de Carolina del Norte, una vocalista que ha deambulado por la América profunda a lomos de su banjo y desaprovechada por una industria para la que, probablemente, Rhiannon no era el caramelito que tanto gustan ofrecer los tiburones al público incauto.

Afortunadamente el talento ha acabado saliendo a la luz pues lo que la garganta de esta mujer despliega es una avalancha incontenible, dulce y cálida a veces, vigorosa e impactante como demostró en esa actuación en directo que dejó sin palabras a David Letterman. Sus armas son diversas pues su garganta es impactantemente versátil, Rhiannon tan pronto canta un Blues áspero o un Country solitario y quejumbroso como te levanta con una alegato gospel o te embriaga con un delicado Jazz Vocal. Todo lo que sueñes se esconde tras las cuerdas vocales de esta impactante artista, unas cuerdas vocales que ejercen poder, que saben dónde y cómo tocar la tecla, que demuestran que la virtud va mucho más allá de las apariencias prefiriendo refugiarse en el talento por muy escondido que éste se encuentre.

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Cierto es que este asombroso despliegue en el que técnica y virtud batallan provocando el aturdimiento que tan mágicamente describió Stendhal se basa en un cancionero prestado, pero cierto es también que aparte de la maravillosa capacidad de transmisión es imposible no destacar la magistralidad con la que Rhiannon Giddens se apodera del catálogo, lo hace suyo como hace suyas todas esas sensaciones escondidas en décadas de sonidos clásicos que en su clasicismo ella los ha tornado imperecederos.

8.5/10

Y esto último es más mérito que demérito, pues si Becquer decía que la voz de la mujer toledana siempre acaba embelesando pues la misma es mucho más sincera que la desnudez de una cálida mirada, en el caso de Rhiannon Giddens ambas se alían para dejarnos impactados. Esos ojos dulces, esa pose inocente con la que nos dice que ha llegado su momento, que ha llegado su hora, son la confirmación de todo lo que esta sorprendente vocalista nos ha contado a través de estas once imperdibles oportunidades. No me cabe la menor duda, en la voz de Rhiannon Giddens mañana es hoy, es su momento y hacéis muy mal si no vencéis al tópico y no caéis rendidos a sus pies.

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