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El nervio de Ian Curtis

De una banda como Joy Division parece que ya se ha llegado al punto límite en cuanto a alabanzas recibidas para compensar las no recibidas en su momento, que ya se les aplaude de más o que ya está dicho todo lo decible sobre ellos. Para colmo hasta Inditex venden camisetas suyas (a saber qué porcentaje de los que las compran saben quienes son). Yo, personalmente, creo que nunca sobran buenas palabras sobre ellos, incluso aunque se llegue a la náusea. Claro que es difícil para mí llegar a cansarme de ellos, lo voy a reconocer.

Los mancunianos llevan conmigo desde mis primeras andadas serias en esto de escuchar música, siendo casi una rara avis dentro de una biblioteca donde los géneros predominantes distaban bastante del Post-Punk que el cuarteto ayudó a definir y moldear. No se me caen los anillos para reconocerlos como una de mis bandas predilectas, con la que me podría pasar en bucle varios días tan alegremente. Me sobran los motivos, y quería centrarme en uno de ellos, que es Ian Curtis como vocalista.

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No era un virtuoso ni era particularmente talentoso, pero contaba con una actitud inimitable y, en ocasiones, capaz de transmitir una energía sin igual. No empleando grandes recursos para ello, sólo transmitir tensión, ese nervio característico que en canciones como en ‘Digital’ se hace más palpable que nunca, haciendo de ella una de las canciones más movidas y electrizantes de Joy Division.

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La mera aparición de su inconfundible voz es capaz de levantar toda una canción y darnos un chute de adrenalina como bien ocurre con ‘Transmission’. Un canción así no sería igual ni de lejos sin un excelso Curtis gritando con garra ese “Dance, dance, dance, dance, dance, to the radio” que, efectivamente, nos invita a marcarnos un buen baile. Igual no tan mítico como los que hacía Curtis pero sí para moverse bien a gusto.

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Esas mismas palabras que componían las letras de Joy Division no sonarían tan sinceras y creíbles con cualquier otro vocalista. Pienso en concreto en una escena de la película Control, centrada en la (corta) vida de Ian, donde el susodicho es incapaz de salir al escenario con su banda y el manager tiene que recurrir a un sustituto, con el consiguiente enfado del público asistente. El tema que tenía que cantar el suplente era ‘Disorder’, y era de ilusos pensar que podría acercarse mínimamente a lo que Curtis logra en la pieza original, especialmente en los instantes finales tan intensos y magníficos.

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Y en terrenos tan oscuros y densos como podían ser esos los de Unknown Pleasures (Factory, 1979), gracias sobre todo a su producción, Ian Curtis era capaz de con su sola voz hacerse dueño de toda la atmósfera. Aunque por su manera de aferrarse al micrófono pueda parecer más frágil, sus cuerdas vocales le consiguen colocar al frente de todo. Él sólo necesita cantar con decisión los versos de ‘Shadowplay’ para que todos nos rindamos ante su superioridad.

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Su capacidad para erigirse como pilar sobre el cual sus compañeros van produciendo el caos con sus instrumentos hablan más que bien de su poderosa actitud y su brillantez para adaptar sus escritos a la canción. No hay mejor prueba que ‘Twenty Four Hours’ de cómo Curtis se muestra sereno y decidido ante el micrófono mientras el resto de Joy Division van formando y deformando el sonido alrededor suyo.

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Un temple decidido, inamovible y que en canciones como ‘Colony’ supone el plus necesario para redondear un tema afilado e intenso como éste. Hay que repetirlo, no es tanto su registro vocal o su virtuosismo, sino la actitud que transmite y la seguridad con la que escupe sus versos. Una de esas interpretaciones que te dejan sencillamente helado.

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Y no podía cerrar este repaso a la figura de Curtis y de sus momentos más vibrantes como cantante sin hacer mención a ‘Ceremony’, la canción más Ian Curtis de toda la carrera de Joy Division y también una canción que podría ser tu vida, la mía o la de cualquier otro. A pesar de que las versiones que podemos encontrar de la canción tocada por Joy Division no son de la mejor calidad posible, tampoco es necesario para poder apreciar a ese Ian tan intenso, tan sincero y tan profundo. Una canción que cobra mucho más valor tras todo lo que sucedió tras terminar de ser escrita y ahora las palabras no terminan de hacerle justicia.

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