Anuncios

Sylvan — Home

Sylvan son una de esas bandas a las que nadie le presta especial atención. Total, el mundo está lleno de música y unos alemanes moñas intentando imitar las horas pretéritas de glorias como Pink Floyd no parece contar nada bueno. Juzgar es lo más fácil. Más que dedicarles 77 minutos de nuestra vida. Pero ellos siguen, irreverentes, una senda ajena a corrientes estilísticas y sus discos duran lo que tiene que durar. Tampoco yo me molestaría si no creyese que valiesen cada segundo.

Home (Soulfood, 2015) requiere predisposición, que no paciencia. Dispone de asaces argumentos y nunca cae en el vicio de la complejidad impostada. Su densidad deviene de un gusto por lo coral, por la gestación lenta. Y se les da bien eso de los álbumes conceptuales: su mayor logro discográfico data de 2006, cuando sin previo aviso lanzaron Posthumous Silence , ese magnum opus donde algunos vimos composiciones precisas y una narrativa más pareja con Nick Cave que con sus contrapartidas en el neoprog. Porque como banda tampoco atienden a etiquetas, sacudiéndose caprichosos el corsé manierista de las propias etimologías: Sylvan tienen mucho de art rock, pero también de pop sinfónico, de electrodark y, esencialmente, una inclinación hacia la grandilocuencia, lo opulento en términos armónicos, cinematografía sonora. Al fin y al cabo, toda obra es una exposición de una escena o escenario.

Home es también un reboot, o tal vez una bifurcación, donde el pasado choca frontalmente contra el presente; una ruptura entre nostalgia y olvido, ese laberinto que nos colapsa como civilización. Desvinculados ya con InsideOut y mudados a su nuevo hogar — en Gentle Art of Music, la discográfica fundada por varios miembros de RPWL — , Home se presenta como una puesta a punto sobre veinte años de carrera. Marco Glühmann dirije la batuta con sus letras intricadas y sus falsettos desgarrados. Ellos se mezclan, producen y editan. Ellos son algo nuevo.

Durante toda la intro ‘Not Far From The Sky’, los arreglos orquestales y los pizzicatos de cello fluctúan sobre el re menor séptima: no está sucediendo nada especial, pero cada segundo es único. Las violas prorrumpen en re bemol, adagio con moto, hasta el crescendo donde una línea de oboe dibuja la armonía siguiente. Hacia el 1:15 ya nos tienen con un pie dentro y hacia el minuto y medio un piano característico de Volker Söhl nos recuerda que estamos escuchando al mismo grupo de siempre. Esa es su fórmula: forzar los límites y, segundos antes de resquebrajar su imaginario, volver sobre lo construido. Es una forma de componer arriesgada, fuera de cualquier círculo mainstream, pero agradecida con el oyente; este es un disco que desvela su forma final tras varias escuchas.

En ‘Shaped Out Of Clouds’ el tempo se acelera y perfila la tónica general: largos pasajes, estallidos de furia hacia los estribillos y vuelta a pianos etéreos y líneas vocales llenas de dramatismo y teatralidad. La agresividad aquí no es un mero elemento contextual, sino un recurso expresivo. Sylvan comparten mimbres genealógicos con Marillion, pero igual que sucedió a The Gathering o Anathema, han sabido reponerse al tiempo y evolucionar sin la sombra del padre. Algunos de los momentos más lúcidos, hacia el tramo final de ‘With The Eyes Of A Child’ o su breve revisit en ‘Sleep Tight’, albergan una belleza glaciar. ‘Black And White’ abre como una balada 4/4 que poco a poco permuta en un asedio de líneas de teclado y guitarra al unísono. Su conexión con ‘The Sound Of Her World’ alcanza un clímax de técnica evaporado por otra sección de piano. ‘Point Of No Return’ flirtea entre The Smashing Pumpkins y Porcupine Tree, no dando nada por seguro. ‘All These Years’ vuelve a los coros lánguidos y los rasgueos depresivos, con una batería algo descuidada y ‘Home’ cumple la doble función de reordenar el viaje, de cohesionar las partes y fundirse en una de esas melodías grandilocuentes y luminosas donde cada instrumento sirve al conjunto: un cierre cíclico, evanescente, en silencio.

Sylvan han salido ilesos de un experimento difícil donde el afán colonizador, el coraje intelectual, se ha impuesto a una posible comodidad. Algo digno de celebrar

Home sigue un paso por debajo en homogeneidad y coherencia respecto a Posthumous Silence, su rival más inmediato, pero se corona directamente entre lo mejor de la discografía, dignificando los titubeos del pasado y asomando luz sobre el futuro de la banda. Desafortunadamente, no se les dan bien los guitarristas: primero abandonó Kay Söhl allá por 2007, miembro fundador y alma máter de los característicos riffs que han definido al grupo, y después Jan Petersen, músico emparentado a la escuela de Jon Buckland y que ha decidido dejar esto de la música a un lado. Jonathan Beck cumple como encargado en esta ocasión, pero en los créditos apenas figura en calidad de invitado, de mero colaborador. Será interesante ver cómo replican todos los matices en directo, en su presente gira europea ‘Coming Home Tour’.

8.5/10

Como decía mi compañero Cronopio, Sylvan nacieron con la caída del muro de Berlín, sobre las grietas de una tiranía desnuda que ya no podía contener su propia perfidia. Era un mero símbolo, pero también una necesidad. ¿Hay alguien ahí fuera? Preguntarían unos cáusticos Pink Floyd: el hogar.

Anuncios