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Audioplastik — In The Head Of A Maniac

En la parroquia del prog, quien más y quien menos comulga con Frost*, puntal de una ola de open minds nacida bajo la siguiente premisa: empezar desde cero. No se trata de una tabula rasa forzada, una intención de ignorar todo el bagaje anterior sobre el que se han construido los cimientos de la música actual, sino de evitar esa casposa caricia a lo viejo, ese clasismo fetichista de deambular entre el plagio descarado y el tributo mal entendido. Ay, el prog, en menudo sarao hemos ido a dar.

Jem Godfrey, álma mater del grupo británico, dejó a la banda en una suerte de limbo y el núcleo terminó por fagocitar a sus miembros. No obstante, poco a poco empezaron a aparecer nuevas estrellas resultantes de la supernova y, en fin, el álbum que tenemos entre manos como punto cardinal. Lo de Audioplastik viene de atrás, en cualquier caso. El proyecto germinal nació en 2012 bajo el nombre Alpha Food. Al trío lalalá que componen la formación final — Dec Burke, cantante de Darwin’s Radio; Richard West, teclista de Threshold; y Simon Andersson, guitarrista de Darkwater — se unirían Kristoffer Gildenlöw, antiguo bajista de Pain of Salvation que marchó con sus bártulos a una relajada “carrera en solitario”, y Collin Leijenaar, baterista de Affector y colaborador habitual de Neal Morse. Una vez caídos estos dos últimos por compromisos personales y temas de agenda (ouch), la banda se reformuló con el nombre Brave New Sky. Pero según fue tomando forma el asunto, las ambiciones crecieron y con ello la necesidad de plantear un discurso sólido. Una vez dejado de pagar el servidor de la web, nos queda la siguiente pieza a modo de recordatorio:

https://www.youtube.com/embed/Rks09aMma-g

Como puede comprobar cualquier oyente de In The Head Of A Maniac (Bad Elephant Music, 2015), el sonido conjugado en ‘Silence’ es prácticamente idéntico al encontrado en el debut de Audioplastik. Temas de corte formulaico, enfocado a la canción y no a los interminables duelos masturbatorios, sin afeites ni abalorios, el flirteo con las afinaciones graves, con un timbre pesado y denso en las guitarras y unos colchones espaciales en los teclados, y esa sensibilidad melódica cercana al AOR o al pop más prefabricado: no en vano, Burke y Godfrey estaban relacionados con programas como X-Factor o Disney Channel. Los trece temas que abarcan estos 53 minutos de neo prog y metal brillante dibujan una línea donde llegan tarde a todo: estamos en 2015, tontear con el djent o disparar breakbeats herederos del dubstep no pegan ni con cola. Y sin embargo suenan bien. Suena diabólicamente bien de hecho. Pegadizo, ocurrente y ameno, hasta invita a contonear la cabeza y revisar cada riff desde un punto de vista más lúdico y menos académico.

Todo suena diabólicamente bien: pegadizo, ocurrente, hasta invita a contonear la cabeza y revisar cada riff desde un punto de vista más lúdico y menos académico.

Desde la ambiental intro ‘Leave The World Behind’ ya toman forma las imágenes que insinúa la portada a modo de test de Rorschach. El arte, por cierto, corre a cargo del genial Paul Tippett. Estribillos corales de versos gradilocuentes, estrofas contundentes y enérgicas, interludios cinematográficos y una factura técnica sobresaliente — aunque la producción de la batería esté varios enteros por debajo de lo conseguido en Frost*, entre otras cosas porque Simon Andersson cuida sus secciones pero una batería programada jamás podrá competir con el virtuoso Andy Edwards — . Es inevitable caer en lo comparativo, ya no por los territorios comunes o la pasarela de nombres propios, sino porque Audioplastik sigue el credo y el mensaje propuesto años atrás por Frost*: sonar frescos, ágiles, y mirar hacia adelante. Quizá hayan pecado de caer en el vicio de lo obvio — la electrónica resultona de ‘Bulletproof’, vista ya en todas partes — pero el resultado está por encima de la media, con algunas de las canciones más acertadas en las carreras de sus integrantes (‘Over Now’, ‘Tonight’, y sí, otra vez ‘Now’).

7.1/10

Dec Burke ha cumplido su meta largamente expuesta, sacándose la espina de esa pata que es “publicar un disco sin morir en el intento” — aunque los mayores laureles correspondan aquí sobre Andersson — . Después de unos tibios ‘Destroy All Monsters (2010) y Paradigms & Storylines (2011), aburridos, planos y ciertamente procedimentales, Audioplastik tiene al menos la baza de sorprender al neófito y contentar al fan arraigado que venía siguiendo la pista de sus viajes intermusicales. Su voz tenue, sus letras introspectivas o su criterio estético no han hecho nada más que mejorar gracias a la experiencia. Ahora tienen en su mano la oportunidad de consolidarse, de crecer, de ascender sobre la sombra de la matriz frostiana, y dirimir hacia el prisma personal: el viaje comienza ahora.

https://www.youtube.com/embed/mZDJFhnaWKg

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