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Muse — Drones

Si me viese en la obligación de responder a la pregunta, ‘Time Is Running Out’ es para mí el principio del fin, quizás el primer gran éxito comercial de Muse pero también el germen de todo lo que no funciona hoy en la banda británica. Entiendo que otros hablen del posterior arqueo de ceja de ‘Supermassive Black Hole’ o el patinazo Synthpop de ‘Undisclosed Desires’ como ejemplos paradigmáticos, entiendo que la gran mayoría valorase pacientemente el ya inferior Absolution (East West, 2003) pues a pesar de todo la caída no fue en picado sino que la trayectoria al principio fue casi rasante. Lo normal es cargar las tintas contra lo evidente, culpar al infractor flagrante mientras el inductor se marcha de rositas, silbando con la música otra parte. No estamos hoy aquí para eso, en cualquier caso.

Es cierto que Muse en Origin of Symmetry (Mushroom Taste, 2001) ya eran una banda excesiva, dada a caer en recursos innecesarios, ineficiente en la utilización de la hoy tan manida épica y con cierta incapacidad para responder a las preguntas que ellos mismos planteaban. Ya eran una banda que amenazaba con traspasar la línea roja de lo kistch, que anunciaba su intención de no quedarse en el remoto círculo del Rock de guitarras y los falsetes a lo Jeff Buckley. Era evidente que Muse estaban a punto de convertirse en ese glotón que se lo come todo por pura voracidad, en ese adolescente que empieza con la tercera paja antes de haber acabado con la segunda. Muse ya anunciaron en 2001 que iban a acabar siendo víctimas de su propio éxito, que iban a comerse el mundo para acabar vomitándolo pues a pesar de todo el mundo era bastante más grande que su estómago. Drones (Warner, 2015) es el disco que llega después del estallido, y llega mostrando un cuerpo más delgado, más esbelto, pero lleno de estrías.

Drones: de aquellos polvos vienen estos lodos

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Superado el éxito de Origin of Symmetry, Muse aceptaron su destino sin lograr resistirse al recuerdo de Fausto, sin oponerse a una deriva que iba más en la senda de ‘Starlight’ o ‘Bliss’ que en la de ‘Sunburn’ o ‘Citizen Erased’. La meta estaba clara y el público respondió, pero era evidente que ese tren que marchaba a tan alta velocidad iba a acabar descarrillando antes o después.

The Resistance (Warner, 2009) fue para muchos el colmo y The 2nd Law (Warner, 2012) una bofetada de realidad, pero para ser justos tanto con ambos discos como con la propia banda tenemos que ir más atrás en el tiempo a buscar las respuestas. En ambos discos ya era evidente la caída en el virtuosismo más artificial e inútil, ya era aplastante la tendencia promiscua a coquetear con cualquier sonido inimaginable sin importar el resultado final. El lema era “más ruido, más cantidad, más grande”, y Matt Bellamy y compañía se convirtieron en esa banda que vivía de esto de la misma manera que lo hacían Bono y compañía, primero recurriendo a la parafernalia como recurso principal, luego cayendo en el pozo de la referencia y posteriormente hundiéndose en el fango de la parodia.

El lema era “más ruido, más cantidad, más grande”, y Muse acabaron devorándose a sí mismos

Y a pesar de todo es justo reconocer que no todo estaba mal hasta The Resistance. Muse aún conservaban el don para componer canciones redondas, himnos indiscutibles capaces de captar la atención de un público cada vez más heterogéneo pero desgraciadamente menos exigente. Sí, el trío había abandonado el camino con el que nos llamaron la atención a muchos allá por los inicios del presente siglo, habían dejado de fijarse en Radiohead para seguir los pasos de U2 o Queen, pero no habían demostrado ser incapaces de dar la talla en aquello que muchos consideramos que es su punto fuerte. Muse se habían empeñado en dar cada vez más espacio a aquello que peor se les da, y de tanto hacerlo los ingleses hoy parecen no recordar en qué lugar es donde brillaban.

Drones es esto precisamente, un intento de volver a las raíces sin abandonar la tendencia anterior, un intento de contentar a los fans de hoy y a los que se han ido quedando por el camino, quizás un intento de demostrarse a sí mismos que todavía son capaces de mirar a su pasado desde el orgullo del presente. El problema es eso precisamente, Muse hoy no están para contentar a todos ni deberían hacerlo. Primero porque no tiene el menor sentido volver a las raíces si ello supone hacerlo con lastres tan pesados como la cada vez más grande referencia a la banda de Freddie Mercury. Segundo porque el principal motivo del éxito de los dos primeros discos de Muse es su autenticidad, el conocimiento de sus propias virtudes y sus propios defectos, la consciencia de que el exceso y la pretenciosidad no son un problema si se va con ellas hasta las últimas consecuencias.

Oportunidad perdida. Y van…

Podría seguir dando razones a los descreídos, incidiendo en que Muse hoy se han convertido en banda circense que recuerda con fuerza al mantra del “disco nuevo como excusa para salir de gira” que llevan a rajatabla cadáveres andantes como ACDC o The Rolling Stones (que me perdonen las satánicas majestades). Podría seguir buscando metáforas durante meses para una deriva que parece no tener fin, debería seguir hundiéndome en una montaña epítetos pues al final es el mejor de los homenajes posibles a un disco excesivo e insustancial como Drones, un intento de recuperar sensaciones pasadas hecho por un atleta que hace mucho que perdió la forma.

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Drones es una ocasión perdida pues Muse es una banda perdida, probablemente sin posibilidad de rehabilitación pues sus males se han vuelto crónicos. Prueba de ello es el despropósito cometido con ‘Psycho’, canción que pretende revivir épocas pasadas acudiendo al copypaste de sonidos de entonces pero sin ese deje a genialidad que Muse exhibían en canciones como ‘New Born’. Un riff en bucle, un estribillo inenarrable, unas letras que pretenden profundidad pero que se quedan en lo chusco del chiste antisemita. Tremenda carta de presentación para un álbum que no es capaz de levantar el vuelo en ningún momento, que es víctima de un cúmulo de malas decisiones escondidas bajo toneladas de maquillaje.

Producción omnipresente, virtuosismo innecesario que oculta carencias compositivas flagrantes

‘The Handler’ y la sección central de ‘The Globalist’ son víctimas de la fatiga de quien no aguanta el ritmo y de las malas decisiones del que de tanto deambular ya no recuerda el camino que lleva a casa. Interesante planteamiento en ambas, correcta ejecución, hundimiento final al no ser capaces de rematar una faena que pedía más nervio, más empuje y menos delicadeza. Los seguidores de los ingleses se empeñan en igualar estos dos temas al catálogo antiguo de la banda, basta con intentar ubicar ambos cortes en el tracklist de sus tres primeros ålbumes para acabar desquiciado pues no hay dónde ponerlos.

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‘Defector’ o ‘Mercy’ son al final los temas que mejor resumen el espíritu de Drones junto a los soporíferos cortes que se amontonan en el cierre, los cuales pueden mantener concordancia lírica pero musicalmente aguan la fiesta y dejan un sabor de boca excesivamente amargo. Redundante sería hablar de la ominipresenta sobreproducción o el virtuosismo innecesario (ay dios, ‘Reapers’ y su pastiche entre Van Halen y Funkadelic) como recurso para tapar carencias compositivas, como redudante parece el empeño en considerar a Drones un álbum complejo o encerrarse en la referencia a la conspiración orwelliana y la retórica quincemera para así captar la atención del ingenuo.

Drones es un intento fútil, un braceo inútil en pos de huir de la corriente que acaba con el agua al final del inodoro. Podría decirse que encierra buenas intenciones y hasta siendo generosos alguna que otra buena idea. El problema es que Muse hoy son algo así como ese pastorcillo al que ya nadie cree de tanto avisar que viene el lobo, han intentado recuperar algo de lo que un día fueron pero nadie les cree, viendo como muchos se carcajean mientras se oye el chasquido de huesos y los miembros asomando entre las caninas fauces.

3.1/10

En cualquier caso no es hoy el día de hablar de que Muse han muerto pues lo suyo no ha sido un descarrilamiento ni un accidente abrupto. Lo de los ingleses han sido un cúmulo de decisiones inevitables que ha dado con sus huesos al fondo del barranco, sin volantazos, víctimas de una ambición que ha sido su propia losa y del empeño del público en reirles chistes que no tenían ninguna gracia. Id afilando los cuchillos, para conspiración de la que se va a hablar ahora. Bajo estas líneas.

Discografía de Muse

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