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Tame Impala — Currents

Todos conocemos la leyenda urbana del examen de filosofía en el que el dedicado profesor formuló una única pregunta a sus alumnos: “¿Por qué?”. También conocemos la parte en la que uno de ellos se levantó a los dos minutos y entregó la prueba con una respuesta de apenas tres palabras: “¿Por qué no?”. Por lo visto, a ese personaje, conocido por todos y por nadie a la vez, le pusieron la nota más alta de la clase. Es solo un ejemplo de tantísimos conocidos, y que con mayor o menor éxito han calado entre el pueblo: que si Elvis está vivo (habrá que dejarlo morirse ya), que si lo de Ricky Martin y la mermelada, que si a Ana Obregón le explotó una teta por la presión en pleno vuelo, que parece que los chinos no se mueren porque son la carne de sus platos, o una de las más alucinantes de todas: puedes comerte un bocadillo de Nocilla con chorizo, que está muy rico. Vamos alimentando esas falsedades, creyendo en su veracidad, y al final se nos escapan mucho de las manos.

Currents: y Kevin Parker respondió “¿Por qué no?”

Pero esto que os voy a contar amigos, es cierto. Y nos devuelve a esa primera leyenda urbana. A la del “¿Por qué?”. Esa es la pregunta que nos asalta irremediablemente al escuchar Currents (Modular Records, 2015), el tercer disco de Tame Impala. Los precedentes eran estupendos. Un notable debut con Innerspeaker y el fantástico Lonerism con su adictivo pop-rock psicodélico todavía muy reciente en nuestra memoria. Recuerdo que por entonces vivía lejos de aquí, en una ciudad en la que dieron varios conciertos durante mi estancia allí, y que me había hervido la sangre al comerme un sold-out tras otro. Hoy, tras Currents, apenas queda nada de aquel amor que juraba ser eterno. Todo se ha ido derrumbando a marchas forzadas, guiado por una pregunta de Kevin Parker: “¿Por qué no?”. Ha jugado a que demostrar que la suya es más larga que la de los demás, porque se sentía confiado para ello. Y lo peor es que parece que la broma, vista buena parte de la crítica internacional, ha hecho gracia a muchos.

Tame Impala manda a tomar por saco con Currents lo muchísimo que había conseguido en tan poca carrera previa. Eso del sonido propio, del discurso distintivo, de destacar en medio de una etiqueta que tantísimos grupos practican… todo es pasado. Currents ha vulgarizado el sonido de Tame Impala hasta límites insospechados hace meses. Y la defensa es poca. Podremos intentar decir que, una vez escuchas ‘Let it Happen’ por vigésima vez, no parece tan horrible, e incluso te dan ganas de bailar. Como acaba metiéndose en tu cabeza la canción más repetida por las orquestas que hayan parado en tu pueblo este verano. Pero ese asesinato de guitarras, esa elevación a los altares de sintetizadores y vocoders, es enormemente difícil de digerir. La digievolución de Tame Impala a Daft Punk, como queriendo parir un ‘Get Lucky’ propio (de siete minutazos, eso sí), los recursos manidos, las múltiples vueltas insípidas en círculo… en fin, que mal empezamos. Pero ‘Let it Happen’ era uno de esos adelantos ya conocidos, así que intentamos reponermos, y agarrarnos a la posibilidad de que todo haya sido un mal sueño, pero que en algún momento la cosa arranque.

No queda esperanza para Tame Impala

Pero lo peor de la esperanza es cuando quieres sentirla, cuando quieres forzarla, aunque dentro de ti sepas que esto no lo levanta ni el campeón de deporte rural vasco más vigoroso. Kevin Parker fluye absolutamente vacío de ideas durante todo el disco. O con malas ideas, que es casi peor. Currents, al final, no es enormemente distinto de Lonerism, podría ser tratado como un disco de evolución algo extrema, pero aceptable. Lo que ya cuesta mucho más consentir es lo vacuo, lo insustancial de lo que ocurre a lo largo de casi todo el minutaje, lo hostiables que son esos chasquidos de dedos de ‘The Moment’. En fin, que Currents es algo así como un Lonerism queriendo estrujar delirios y revoluciones, para acabar convirtiéndose en un refresco gaseoso sin gas, en una cerveza caliente. Y luego, en el tramo medio del disco, nos sueltan ‘Yes, I’m Changing’ (y tanto, majos, y tanto), un baladón ochentero, digno de las mejores películas ñoñas de la época (¿cómo no acordarse de Top Gun?).

They say people never change, but that’s bullshit, they do
Yes I’m changing, can’t stop it now

Y miras el tracklist, desesperado, creyendo en la remontada como creías que tu equipo ganaría aquel partido que perdía 4–0 al descanso, y ves que lo siguiente es la ya conocida y también insípida ‘Eventually’, y sueltas un suspiro ahogado, que casi hace asomarte alguna lágrima. A Kevin Parker se le ha ido definitivamente la cabeza, pero claro, ¿por qué no?

Por si os interesa, solo hemos hablado de la primera mitad del disco. Abominable. Pero no queda nada mejor en la segunda mitad. Creo que quiero querer un poco a ‘The Less I Know The Better’, pero la olvidaré sin que me importe demasiado pronto. O más que querer quererla, es que Tame Impala han ido empujándote a ese abismo hortera y refrito sin posibilidad de escapatoria, y acabas imaginándote con una camisa de cuello abierta y varios botones desabrochados… hasta que ‘Past Life’ te despierta de tu sueño y te arranca una carcajada. Porque tienes que reírte, que algo habrá que sacar de esto. Intento agarrarme a algo, pero la producción del propio Parker no ayuda, obviamente, y el enésimo homenaje a OBK desde el pop internacional cansa tanto que uno no consigue ententer bajo ningún argumento por qué este camino ha resultado tan apetecible para numerosas bandas en el presente.

2.9/10

Currents es uno de esos discos que escuchas varias veces, y hasta el final, por el mero hecho de que me toca hablaros de él. De lo soberanamente soso, cargante, aburrido e interminable que resulta. De seguir enunciando nombres de canciones para que todas ellas acaben en el mismo lugar: la absoluta indiferencia, la papelera de reciclaje. Un trabajo que, seguramente, no bajará a Tame Impala de la merecida fama mundial que posee, porque habrá quien trague con la coña de la banda. Nada en contra ya que, al fin y al cabo, es su gato y se lo follan como quieren. Pero escueta defensa resulta esa. Aquí uno que se baja del carro, que no cree que esto pueda seguir con una carrera salvable por ningún lado.

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