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Jaga Jazzist — Starfire

Con Starfire (Ninja Tune, 2015), el octeto de Oslo se ha dado de bruces con una masa crítica dispuesta a condenar un supuesto inmovilismo. Entiéndase inmovilismo no como rechazo u oposición, sino como un costumbrismo, una suerte de acomodamiento a formas tradicionales. Dicho de otro modo: a Jaga Jazzist se les acusa de vagos. Pero nada más lejos de la realidad. Una banda que practica nu jazz desde hace más de veinte años no iba a quedarse en las lides de lo formulaico por una cuestión de pereza.

“Lo que tratamos que hacer con Jaga como principal punto de partida, cada vez que grabamos un álbum, es tratar de hacer lo contrario a lo que hicimos la última vez”. Lars Horntveth

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Starfire funciona como session para los habituales y como una fortuita banda sonora, inasible y etérea, para los novatos. Lo que declara Lars unas líneas más arriba tiene una doble intención en Starfire. Desde el aclamado One-Armed Bandit (Ninja Tune, 2010), sus trabajos de estudio tienden más a la escritura y menos a la improvisación. Y escribir implica re-escribir, exige de un ejercicio depurador donde la experimentación está aplacada por medio del método y la extenuación de la minucia se pervierte hasta elevarse como clave en el conjunto. Lars se mudó a Los Angeles en busca de silencio, un lugar donde poder aislarse y concentrarse para el siguiente paso. Es curioso que este disco se compare en lo sonoro con el Radiohead del nuevo siglo, sabiendo que Thom Yorke tomó una decisión parecida para superar la depresión tras OK Computer, recluyéndose entre actividades rutinarias. Lars, por su parte, encontró la inspiración en algo más profano: sus viajes en coche.

Mientras conducía, Horntveth escuchó al compatriota Todd Terje, al londinense Jon Hopkins y, mientras la música fluía por los altavoces estéreo, la influencia fue calando y las referencias tamizándose poco a poco sobre el espacio contenido entre aquellas cuatro ruedas. Esto se traduce en la multiplicidad de capas de los cinco temas que componen el CD: la psicodelia y el trip hop de Air se dan la mano en la obertura de ‘Starfire’, donde un arreglo de erhu hacia el tres y medio — o un kokyū, no sé, según si su procedencia es china o japonesa — eleva el puente hacia el estribillo y donde los rudimentos de batería se pliegan con los arpegios del sinte.

el groove es el credo, la fuente, imponiéndose sobre armonías y concreciones

Shinkansen’, como el popular tren bala japonés, combina una bellísima acústica con vientos elusivos, reverses y un piano cinemático al estilo de Phillip Glass. ‘Oban’, como la ciudad que sirve de puerta de entrada a las islas de Skye y Mull, opera bajo un espacial viaje de arpegios de onda cuadrada, barridos de frecuencias y una melodía sacada de las horas más horteras de Infected Mushroom. ‘Prungen’, en cambio, retorna a las sonoridades cinematográficas, los ambientes noir, al despliegue de motivos propios del James Newton Howard más enigmático. Sólo que en este caso el groove da sentido a todo: el groove es el credo, la fuente, imponiéndose sobre armonías y concreciones, como el ritmo del oleaje zarandea el contenido del mar.

https://www.youtube.com/embed/066oiwdJ4rE

Hasta cierto punto, Starfire tiene más del ‘Music For Airports’ de Eno que del ‘Bricolage’ de Amon Tobin, por citar clásicos. El disco emana cierta vocación house, una aspiración de sonar en directo y dilatar el tempo, a la manera de Ozric Tentacles — y no sólo por el rango instrumental, que también — . El control metódico no estropea la libertad, sino la doblega, sumiéndola en un conocimiento superior del propio sentido de ser libre. Lo mejor de Jaga Jazzist está aquí, emergiendo desde una profundidad estructurada. Duraciones todas desde los siete a los catorce, Starfire concentra cincuenta minutos de viaje contemplativo y exploración intrusiva, con un especial regusto por lo oriental — no sería descabellado citar influencias de la música folklórica Han en los temas ‘Shinkansen’ o la propia ‘Starfire’ — .

8/10

Starfire es un disco para recorrer y descorrer una y otra vez, como ese trayecto en metrobús que hacemos cada día de camino al trabajo pero en cada ocasión se manifiesta distinto, según nuestro estado de ánimo, nuestra capacidad perceptiva, o nuestro apetito crítico. Mirar a través de la ventana confirma la irrealidad de la realidad, eso que estuvo siempre ahí pero adquiere nueva forma, nuevos significados. Las coordenadas geográficas de Jaga Jazzist ya no atienden a las órdenes del jazz centroeuropeo, sino a las raíces del tiempo y el espacio. Y a través de la repetición encuentran la perfección mecánica que gotea entre clásica contemporánea, funk, acid y postrock. Dejando la retórica a un lado, se puede afirmar que este disco es la respuesta familiar a lo irreconocible. Un retruécano jodido de ejecutar, no crean.

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