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El tamaño sí importa (XLVI): ‘Voodoo People’, de The Prodigy

Se tiene la idea equivocada de que un hit es un tema corto, directo y efectivo cuando en realidad sólo posee una de esas tres características. Un hit es lo que tú quieres que sea, ni tiene que ser obligatoriamente corto ni algo que enganche al instante. Que esta sección sea vivo ejemplo de esto, donde los editores de esta santa casa hablamos de esas canciones que para nosotros sí son jitazos sin que la duración sea un problema, más bien al contrario. Si dura de más hasta mejor, más disfrute, diversión y goce.

Hay que romper con la idea equivocada de que un tema largo no es capaz de triunfar, que lo que la gente quiere son canciones breves y amigables. No abundan los ejemplos, por desgracia, pero sí hay singles que podríamos considerar largos y que no por ello han dejado de ser efectivos y hasta convertirse en himnos. Uno de los mejores ejemplos es el que hoy nos ocupa, recordando los momentos más dorados de un peso gordo en la electrónica más mainstream, The Prodigy. Se puede decir que Music for the Jilted Generation (XL, 1994), un disco con muchos tintes de protesta por la ley instaurada en Gran Bretaña para reprimir la cultura de las raves en las islas, es su primer disco verdaderamente esencial. Motivos hay varios, uno de ellos fue uno de los singles del mismo.

Y es que ‘Voodoo People’ es un tema que indiscutiblemente parte la pana. Los de Braintree reventaron la pista con un cañonazo donde al final los seis minutos y medio de duración no se llegan a hacer tales, hasta dan ganas de que no se acabe nunca esta descarga de adrenalina que te inyectan a través de sintetizadores adictivos y ritmos frenéticos. Dale al play, ya verás como te es imposible estarte quieto durante un tiempo demasiado prolongado. Es casi instantáneo, pero principalmente es atinado y certero.

Arrancando con un sampler del riff del ‘Very Ape’ de Nirvana, el ritmo de batería programada que simula el impacto de una estampida para ir preparando la llegada del resto de efectos y sonidos electrónicos muy bien utilizados por Liam Howlett. La combinación de todo ya es más que suficiente para tenernos moviendo el bullate un buen rato, ni siquiera se echan en falta muchas voces en el tema, apareciendo de manera esporádica en la canción. Muchos elementos que podrían dar forma a un antihit terminan resultando todo lo contrario, uno de los mejores pepinazos de la historia de The Prodigy.

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