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Especial Fuzzville: Dead Ghosts, una eterna carta de amor

“¿Cuántas veces habéis quedado con vuestros amigos y cuántas veces más podríais hacerlo? A mí me pasa lo mismo con Dead Ghosts. No me importa haber escuchado Can’t Get No durante todo el día. Mañana lo pasaré igual de bien”. Han pasado dos años desde que escribiera aquella carta de amor a Dead Ghosts a cuenta de su fabuloso Can’t Get No (Burger Records, 2013), y el frenesí del primer amor, la adicción química resultante de la primera fricción de pieles, se ha relajado. Ha quedado atrás, acongojada en un baúl de recuerdos hechos de azúcar y gominolas. Sucede, sin embargo, que sólo una pequeña chispa es necesaria para que aquel arsenal de fuegos artificiales vuelvan a desparramarse sobre el cielo de mi imaginación. Esa chispa, hoy, es el Fuzzville 2015, cuya primera edición comienza hoy. Y uno de sus platos fuertes es, cómo no, Dead Ghosts.

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Pese a que nunca nos hemos dejado caer por un concierto de Dead Ghosts, su música cuenta con todos los ingredientes para que resulte en un espectáculo bastante alucinante. Por un lado, Dead Ghosts tienen un gancho melódico muy, muy superior al resto de compañeros de generación garagera. Lo cimentan sobre una equilibrada mezcla que atraviesa el corazón de la psicodelia sesentera y el Country Rock (!), todo en canciones cortas, muy breves y en muchas ocasiones dispuestas para el frenesí danzarín de todos los presentes. Al contrario que muchos otros, más preocupados por la agresividad anfetamínica, los desarrollos lisérgicos o un tono más oscuro, Dead Ghosts son pura luminosidad. Son muy pop. Rematadamente pop. Y sus canciones son de natural alegres, pero nunca se dejan arrastrar por la ironía o la ingenuidad.

Resultado: copa en mano y gritos perdidos en medio de la sala.

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Ya desde su primer disco, Dead Ghosts (Floridas Dying, 2010), Dead Ghosts supieron combinar con soberbio éxito un gusto melódico exquisito, una producción casi mínima y una serie de canciones a ratos tocadas a toda velocidad, a ratos sacadas de un baile de graduación de los años ’50 (¡’I Want Your Love’!), tan perfectas para abrir el concierto a cara de perro (‘When It Comes to You’) como para cerrarlo entre abrazos, odas a la amistad sempiterna con desconocidos y un puñado de dulces lágrimas. El delicado aire country de su primer disco se mantuvo con matices en Can’t Get No, donde la producción dejó de ser tan amateur y donde las guitarras viraron de forma necesaria hacia terrenos más vigorosos y excitantes. O lo que es lo mismo, hacia unos Rolling Stone jovencitos y con el mundo aún por destruir. Una maravilla, por supuesto, personificada en canciones irresistibles como ‘Can’t Get No’ o ‘On Your Own’.

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Para colmo de bienes, Dead Ghosts aprendieron a explorar nuevas vías. Baste mencionar el órgano que vertebra ‘Rocky Said’, la sorpresa más agradable de su segundo trabajo, o la melancolía arrebatada de ‘Summer With Phil’ o ‘You Don’t Belong’, para derramar lágrimas amargas o dulces esta vez, en función de si la chica/o sobre la que estás pensando también está pensando en ti o no. Matices, detalles que indicaban que Dead Ghosts, más allá de las canciones de juguete de su debut, podían crecer mucho más. De momento no tenemos tercer trabajo — lo reclamamos con vivo entusiasmo — , pero a falta del mismo, nos conformaremos con disfrutarles a pleno pulmón, todo corazón, mañana en Benidorm. Una cita indispensable.

Hipersónica es medio colaborador del Fuzzville 2015.

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