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Discos que escuchar antes del fin del mundo (II): Isaac Hayes — Hot Buttered Soul

En 1969, justo dos años después de su debut, Isaac Hayes regresó para dar un golpe maestro. Sólo necesitó editar Hot Buttered Soul, un lp de cuatro canciones alargado hasta los 45 minutos para dejar a un lado los estándares rompepistas del género (los de Motown, claro) y, junto al Cloud Nine de los Temptations, engendrar la psicodelia soul. Nada de 3 minutos y medio, tun-tutún-tuntututún y ya tenemos otra obra maestra:

Hot Buttered Soul es, a finales de los 60, un disco que sirve para mostrar hacia dónde piensa ir la música negra en la siguiente década y también en los 80: por ejemplo, adelanta la atracción discotequera, el sonido Filadelfia, las tormentas tranquilas de Smokey Robinson y el sonido del divorcio de Marvin Gaye de Here, My Dear.

Y también adelanta parte de lo peor de Motown: el soul no apto para diabéticos (o gente de buen gusto) del Lionel Ritchie ochentero o la lata progresiva de Rare Earth. Es, sin embargo, un disco fabuloso, difícil de olvidar.

Hot Buttered Soul: Cuatro diamantes y mucho rombos

https://www.youtube.com/embed/RqDUIZUL0qQ

Isaac Hayes se encargó de hacer una joya en la que cuatro diamantes engarzados deben sostener el peso de todo un disco larguísimo, y casi a la contra. El canon de editar por lo menos ocho canciones, de no divagar, se rompe en pedazos: Hayes se va por las ramas con conocimiento de causa, se crea el personaje de crooner urbano perfecto, aulla a la luz de una luna de neón y a todos nuestros pecados capitales.

Lo suyo no es pecado, precisamente. No puede serlo cuando firmas un disco tan redondo y tan soportable en sus excesos como Hot Buttered Soul. Un disco que se abre ya con un desafío para el oyente, con un sacrilegio: ver cómo el moisés negro (uno de los muchos apelativos de Hayes) convierte ‘Walk On By‘, hermosí­sima canción mínima de Bacharach/David y la Warwick, en un ejercicio de épica larguísimo (12 minutos) con el que Portishead se habrán citado mil y una noches y al que Tindersticks aman más que a Scott Walker, aunque sólo decidieran demostrarlo abiertamenteen la segunda parte de su carrera.

Desprovista de toda su dulzura, la canción de David y Bacharach es como la chica de colegio de pago que se transforma en la intimidad: un tema de sexualidad a flor de piel, de proposiciones abiertas antes que de insinuaciones. De follar y no de hacer el amor.

Un crescendo que se corta una y otra vez, hasta que Hayes se deja llevar y su voz ya se le desboca junto a una espléndida y escondida guitarra de punteos espaciales (en todo momento es la sección de cuerdas quien toma el protagonismo de la canción). Desde ahí­, son más de cuatro minutos de surf sonoro sobre la cresta de una ola inmensa: desde ahí o te das el golpe del siglo o bajas a tierra como un rey. Isaac Hayes baja hecho nuestro tirano favorito: no queda otra sino encumbrarlo.

Isaac Hayes: Ritmo, ritmo de la noche

https://www.youtube.com/embed/iqR4CZj0mJQ

‘Walk on By’ es el primero de los excesos en los que se embarcá Hayes y un equipo de grabación de lujo, que incluyó a los Bar-Kays (a los que sobrevivieron al accidente de Otis Redding), responsables de la sección de ritmos.

Pero él, Hayes, sólo compone una canción, el segundo tema de Hot Buttered Soul, ‘Hyperbolicsyllabicsesquedalymistic‘. Funk hervido sobre mantequilla caliente, con un piano que casi se les va de madre y se les desborda por el jazz. La grabación se les fue de las manos, de manera que Hayes ordena pulsar el fade al llegar al minuto 9 y 39 segundos.

Así se acota el vuelo y se evitan un exceso mayor que habría puesto en peligro la grandeza de una canción perfecta para cerrar la cara A. Public Enemy, siempre atentos a su cultura, samplearon parte del solo de esta canción en su ‘Black Steel In The Hour Of Chaos‘.

Amor y karaoke en Phoenix

https://www.youtube.com/embed/YK7XBwsR79g

‘One Woman’ es el corte romanticó(n) que parece peaje obligatorio en casi cualquier disco de soul. Una balada en la que, gracias a Dios, no piensas en sacar el mechero, porque el pie y la cabeza se te mueven demasiado y porque, como en Suspicious Minds, de Elvis, de lo único que te dan realmente ganas es de coger el micrófono y marcarte tu (anti)karaoke particular.

Y tampoco baja de la cumbre ‘By The Time I Get To Phoenix‘, recitado de 18 minutos, otra canción urbana con la que, de manera definitiva, Hayes ya se corona en uno de los temas más rompedores que uno pueda escuchar.

Durante nueve minutos, no hay nada más que la voz de Hayes, un pequeño toque en los platos y un zumbido de bajo sobre los que Hayes va reflexionando sobre una historia de amor en la que él tení­a todas las de perder:

https://www.youtube.com/embed/9bbdJSW3pvM

This man loved this woman so, but, they say love is blind…

Los siguientes diez minutos no sólo poseen una de las secciones de viento más absorbentes que yo recuerde, sino que demuestran que Isaac Hayes, en 1969, medía los tiempos de un disco y de una canción como nadie. Como si de una pelí­cula se tratase, la estructura de ‘By The Time…’ es totalmente narrativa.

Una introducción con suspense, un punto de giro, una parte central de desarrollo, otro nuevo punto de giro (la canción que cae a plomo para quedarse casi a solas con Hayes) y el final de la historia, casi sin palabras. Normal que luego lo eligiesen para poner música a Shaft.

Esa calva gloriosa se merece tu atención antes de que el mundo se vaya al garete (definitivamente). Luego no digas que nunca te avisamos.

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