Anuncios

Hace 20 años de 1995 (II)

Aunque no lo parezca a simple vista, 1995 fue un gran año para la música en general. Ya os lo mostró Dr. Chou con su particular selección las muchas maravillas que fueron lanzadas aquel año, aunque no todas. Es el problema de las listas personales, por eso la suya no ha sido la única y ya os digo que la mía tampoco será la última. A tanto nos ha llegado este arranque de nostalgia viejoven que aprovechamos para recordar unos cuantos discos que nos han marcado mucho, incluso descubriéndolos a posteriori de su momento de publicación. Sin más dilación, vamos con mis 20 discos imprescindibles que este año cumplirán 20 primaveras, que se dice pronto.

Dissection — Storm of the Light’s Bane

Empezamos fuerte, con black metal, como debe ser. 1995 fue un estupendo año para un género que en esa década explotó definitivamente y desarrolló un montón de vertientes. Para ese año Darkthrone ya había entregado todos sus discos imprescindibles y Euronymous había sido asesinado por un Varg Vikernes que ya estaba en prisión, pero muchos grupos se dispusieron a continuar su legado y llevarlo más lejos. Precisamente uno de ellos fue Jon Nödtveidt, quien años más tarde también acabaría encarcelado por asesinato, pero antes de eso firmaría con su banda Dissection uno de los discos más brillantes y desgarradores de la rama melódica del black metal. Storm of the Light’s Bane (Nuclear Blast) fue el esfuerzo más redondo de los suecos, lleno de canciones pletóricas y desgarradoras, ricas en influencias y feroces en su ejecución.

Fugazi — Red Medicine

Si Fugazi no hubieran existido en su momento, alguien tendría que inventarlos, eso es así. Eran un grupo inagotable, esencial y poco dados a los conformismos, así pudieron dar forma a una discografía casi excelsa con discos tan fabulosos como Red Medicine (Dischord). A estas alturas para Ian McKaye y los suyos el punk había quedado muy atrás, había que seguir experimentando y llevando su música aún más lejos. Por ello, se puede hablar aquí de un disco complejo y que no es fácil de asimilar, pero totalmente exquisito y lleno de buenos zarpazos como ‘Do You Like Me’, ‘Bed for the Scraping’, ‘Birthday Pony’, ‘Target’ o ‘Downed City’. Uno de esos discos que, una vez les pillas de todo el punto, se aferran a ti y no te puedes desprender de ellos de ninguna manera.

Monster Magnet — Dopes to Infinity

Los noventa, época de júbilo para el stoner, con Kyuss consolidado todo el camino recorrido desde los Sabbath hasta el desierto pero cuando la década llegó a su ecuador su llama se apagó. En 1995 se despidieron con …And the Circus Leaves Town (Elektra), alguien tenía que reclamar el trono del género. Dave Wyndorf se prepararía para poder opositar a dicho trono tres años más tarde, pero para ello tenía que ir dejando de homenajear el space rock de Hawkwind e ir escorando hacia el rock duro. Dopes to Infinity (A&M) no sería el álbum que marcaría esa transición, sino que también es su disco definitivo, el que más virtudes reúne, el que más jitazos atesora y el que más te puede vigorizar con sus guitarras de fondo mientras recorres el desierto. Su parte más psicodélica perdería peso posteriormente, pero nunca desapareció del todo, estaba esperando para volver con fuerza.

Death — Symbolic

Sería muy difícil que el metal extremo pudiera llegar tan lejos y desarrollarse de la manera que lo hizo sin la existencia de la figura de Chuck Schuldiner y sus Death que no sólo se erigirian como uno de los patriarcas del death metal en territorio americano, sino que contribuirían a llevarlo al siguiente nivel, a expandir sus límites tanto sonoros como de complejidad. Fueron uno de los mejores exponentes de la vertiente técnica del death metal y la cima de esta versión de los de Orlando se vería en Symbolic (Roadrunner). Todo el talento instrumental imaginable al servicio de la brutalidad inmisericorde y la muestra de porqué Death tienen una de las discografías más importantes de la historia del metal. Todavía estaban lejos de acabarse, pero los continuadores de su legado transgresor en el death metal ya estaban llamando a la puerta.

Ulver — Bergtatt: Et eeventyr i 5 capitler

Como he mencionado con anterioridad, el black metal estaba en plena expansión durante este año, con grupos que vivieron en primera persona el auge del inner circle noruego y optaron por desafiar sus inmovilistas preceptos, como harían …In the Woods o Ulver ese mismo año. Estos últimos junto a los franceses Blut Aus Nord expandieron el género, dejando volar más la guitarras y hacer el sonido más envolvente, dando forma a la vertiente más atmosférica. Aunque Ultima Thulée (Impure Creations) tiene argumentos suficientes para figurar aquí, me quedo antes con Bergtatt (Head Not Found) por ser, a mi parecer, un disco más ambicioso, más redondo en lo compositivo y más profundo en lo emocional. Si uno quiere bucear entre las nublosas tierras del black metal, este disco de los noruegos es parada obligatoria. Y no sería su único disco imprescindible, aunque el metal fuera alejándose de la ecuación.

Swans — The Great Annihilator

Nos os creeríais que iba a desaprovechar la oportunidad para reivindicar nuevamente a Swans. No huyáis tan rápido, la ocasión lo merece porque estamos ante uno de los discos más accesibles de Michael Gira y compañía, si es que el término accesible se puede aplicar a ellos. Tras más de diez años de carrera, los neoyorquinos dieron a luz su cima creativa con The Great Annihilator (Young God) recuperaba el pulso más rock que en anteriores discos se echaba más en falta, dando forma a algunas de las canciones más directas de su historia pero sin dejar de lado su lado más experimental y místico. Las dieciséis piezas aquí recogidas son simplemente hechizantes e impactantes, da igual las veces que regrese a él, siempre termino con los ojos como platos al igual que la primera vez.

Blind Guardian — Imaginations from the Other Side

Aunque habrá insensatos despiadados que querrán convenceros a toda costa de que el power metal es el mal absoluto, vosotros no debéis atender a sus quejas, ellos se perderán el disfrutar de riffs potentes y épicos como feroces batallas que te obligan a heabanguear y gritar como si no hubiera mañana. Todo es cuestión de encontrar a los grupos que mejor plasmen las bondades del género, y no me cabe duda de que Blind Guardian son uno de ellos. El mejor ejemplo lo encontramos en este Imaginations from the Other Side (Virgin), con un cancionero sólido, enérgico y grandioso.

Anekdoten — Nucleus

No sólo se antoja difícil explicar todo lo que ha deparado el género progresivo en las dos últimas décadas sin hacer parada obligatoria en la figura de Anekdoten, sino que además es totalmente imposible. Basta escuchar un disco como Nucleus (Virtalevy) para percibir la raíz de muchos de los grupos que hoy en día son los mejores exponentes del género. Toques de herencia kingcrimsoniana, querencia por lo jazzístico y lo sinfónico pero también ansias vanguardistas que les llevan a coquetear con lo experimental y con lo metálico. A día de hoy, sigue siendo un álbum impresionante y mágico a la par que ingeniosamente ejecutado.

My Dying Bride — The Angel and the Dark River / Anathema — The Silent Enigma / Paradise Lost — Draconian Times

No he podido resistirme a hacer una jugarreta para colar tres discos en un mismo puesto. Obviamente, no es por el gusto de meter más discos, hay un motivo de peso. 1995 vivió en sus carnes una alineación de los planetas que provocó no sólo que tres de las bandas más importantes del doom gótico sacaran disco, sino que los tres fueran discazos de tal calibre que se pueden considerar entre lo mejor del subgénero. My Dying Bride, Anathema (por entonces) y Paradise Lost, componentes de lo que podríamos considerar el triunvirato doom británico, sacaron respectivamente discos con categoría suficiente para erigirse entre los mejores de sus respectivas discografías. No deja de ser asombroso como estos tres trabajos fueron publicados en tan corto espacio de tiempo, por ello se merecen una mención conjunta.

Faith No More — King for a Day… Fool for a Lifetime

El nu metal ya comenzaba a despegar con fuerza por entonces, pero una de sus primeras influencias se negaba tajantemente a dejar de seguir siendo relevantes y transgresores para la época. En un año donde Mike Patton también sacaría uno de los discos más complejos e inaccesibles de Mr. Bungle sacaron uno de sus discos más eclécticos y más enrevesados de su historia. King for a Day… Fool for a Lifetime (Slash) llevaría aún más lejos el sonido de la banda de igual manera que su predecesor ya supuso un enorme paso adelante en su evolución. Casi todo lo imaginable que pudiera tocar un grupo de rock ambicioso lo tocaban e incluso iban más allá, todo ello haciendo también una colección de canciones extraordinaria, con varias de las mejores de su carrera.

Def Con Dos — Alzheimer

No podía faltar la mención al apartado nacional, que también gozó de buena salud ese año. Aparte de los mencionados por Dr. Chou en su post hay que añadir a Extremoduro (Pedrá), Héroes del Silencio (Avalancha) o a Lagartija Nick (Su). Sin embargo, ninguno de esos discos se podrían considerar la cima de sus respectivos autores, cosa que sí que pasa con Alzheimer (Dro). Aquí podemos observar como Def Con Dos pasaron al siguiente nivel con su sonido, dejando que el metal se impusiera en la base sobre la que los MCs van rapeando unas letras más ingeniosas y satíricas que nunca. Aquí los de César Strawberry dominaron como nunca su talento para reflejar desde el absurdo la realidad que les rodea, por no hablar de los aplastantes riffs que destilan para hacer más afiladas las piezas.

Down — NOLA

En esa época podíamos hablar de Pantera como una banda en su prime, ofreciendo discazo tras discazo y siendo de los pocos capaces de mantener el metal en buena posición dentro del mainstream. Pero no todo era un camino de rosas y ya en sus mejores momentos se podía ver que la cabeza (y las adicciones) de Phil Anselmo le gustaba estar en otros lares. Volviendo a su natal New Orleans se juntó con músicos de altísima calidad en la escena de la ciudad, la escena Sludge, y formaron uno de los grupos del género que más han calado en el público popular, Down. Pasan los años y NOLA (Elektra), su debut, sigue sonando fresco y arrollador como una apisonadora, lleno de himnos y riffs con los que headbanguear. Anselmo hasta mostraba más y mejores registros con respecto a su banda principal. Uno de los mejores discos no sólo de aquel año, también de la década.

At the Gates — Slaughter of the Soul

De entre todo lo que ha sucedido este año, el emergente ascenso del sonido de Göteborg merecía una mención de honor. El death metal melódico vió lanzados dos de sus mejores discos en noviembre de ese año, por un lado The Gallery (Osmose) de Dark Tranquillity y por otro el disco que se ha ganado el puesto de honor en este post, Slaughter of the Soul (Earache). Tras este álbum, los suecos At the Gates se separarían, dejando como epitafio (temporal) un álbum feroz y trascendental para su estilo, influencia para muchos grupos y motivo para dejarse las cervicales para muchos oyentes. Un imprescindible de la época, vaya.

Cap’n Jazz — Burritos, Inspiration Point…

La angustia emocional vomitada en guitarras que buscan ser rápidas y desgarradoras pero que por el camino también son hechizantes e intensas, plasmada en gritos que terminan siendo una melodía más que redondea la etiqueta emo. Grupos como Cap’n Jazz fueron imprescindibles para dar ese paso desde el discurso del post-hardcore. Su único disco de estudio, de nombre interminable, no sólo contenía todas las claves del estilo, como desarrollar cambios de ritmo fabulosos en muy poco tiempo, cuál es la intensidad adecuada para que las guitarras alcancen nuestras entrañas pero no acaparen toda la atención y, sobre todo, cómo hacer canciones brutalmente honestas y sublimes. Un talento que muy pocos han podido igualar, mucho más difícil llevarlo al siguiente nivel. La mejor continuación llegaría de mano del propio Mike Kinsella cuatro años más tarde.

Fear Factory — Demanufacture

Cómo dejar sin mencionar una de las bandas más influyentes de la década, no sólo en el terreno del Metal Industrial sino también para el Nu Metal y para bandas como Meshuggah. Los riffs de guitarra de Dino Cazares y la particular forma de cantar de Burton C. Bell, combinando los gritos de sus estrofas con la épica melódica en sus estribillos, han abierto muchas puertas y todo se lo debemos a la efectividad cañera de Demanufacture (Roadrunner), un disco poderoso, que recorre tu cuerpo como una descarga eléctrica y te activa como tal. Una fórmula bastante explotada en el futuro, sobre todo por ellos mismos, porque así es la calidad de este disco.

Scott Walker — Tilt

Tras una inmensa productividad durante sus primeros años, la carrera de Scott Walker repentinamente a experimentar grandes periodos de separación entre obra y obra, décadas incluso. El motivo no es mero capricho, Walker había marcado con Climate of Hunter (Virgin, 1985) sus intenciones de hacer música más recóndita, más compleja y elaborada y más desafiante para el oyente. No sería hasta la llega del incomprendido Tilt (Fontana) cuando el cantante liberaría del todo sus retorcidas inquietudes artísticas y desarrollaría junto a Peter Walsh y compañía una música oscura, maquiavélica en la que su voz emergería para ponernos aún más en tensión y servirnos de narrador y guía por los infiernos de su mente. A día de hoy sigue siendo la obra definitiva del Scott Walker experimental. Si nada más empezar no se os hiela la sangre y se os quedan los ojos como platos con ‘Farmer in the City’ no cabe duda de que vuestro corazón es de piedra.

Cathedral — The Carnival Bizarre

Como ya he dicho antes, 1995 fue un gran año para el género Doom, pero no sólo para la vertiente gótica. Hay muchas maneras de interpretar el legado más pesado de Black Sabbath y una vertiente implica muchas drogas y riffs potentes a la par que hipnóticos. De ese palo fumeta del doom uno de los mayores exponentes fueron Electric Wizard, que ese año debutarían pero el mejor disco en esa rama lo sacaron Cathedral. Los británicos firmaron uno de sus discos más soberbios y férreos con The Carnival Bizarre (Earache), lleno de guitarras lisérgicas y musculosas, además de puñetazos en forma de canciones como ‘Vampire Sun’ o ‘Inertia’s Cave’ por citar sólo dos ejemplos.

Mad Season — Above

La escena en Seattle había conseguido recuperar muchas cosas, también los supergrupos. Quizá Mad Season no fuera el más top de todos los salidos, teniendo “sólo” a Layne Staley y a Mike McCready como figuras de renombre, pero talento tenían de sobra. No obstante, no parecían obsesionados por demostrarlo, siendo Above (Columbia) más un divertimento, una vía para que McCready y John Baker Saunders pudieran estar ocupados mientras estaban en rehabilitación. Aun así, el aroma blues-jazzero que empaña el disco disminuyendo el toque grunge, la versatilidad que muestra Staley en la voz, el espíritu de jam que tan bien plasman McCready o Barrett Martin y, sobre todo, grandes canciones (si algo es Above es un disco de canciones) hace que la inclusión en esta lista esté más que justificada.

Deftones — Adrenaline

Volvemos a hablar una vez más de nu metal en este post. Aunque cueste mucho emplear esa etiqueta en Deftones por su capacidad de ir siempre un paso más allá de dicha etiqueta, hasta dar forma a su propia liga particular, y especialmente por lo bien que han sabido evolucionar hasta la actualidad. Pero no podemos hablar de sus inicios sin pararnos a hablar de dicho estilo, cuyo espíritu late con enorme fuerza en su debut Adrenaline (Maverick), el disco más directo y bruto de los de Sacramento. A pesar de ello, su valía con respecto a discos posteriores más elaborados no disminuye en absoluto, todo gracias a un cancionero muy sólido y efectivo desde que abre ‘Bored’ hasta que cierra ‘Fist’, pasando por momentos tan magníficos como ‘Minus Blindfold’, ‘Nosebleed’ o ‘7 Words’ por citar unos pocos ejemplos.

Porcupine Tree — The Sky Moves Sideways

Siempre me ha gustado referirme al tercer disco de Porcupine Tree como su Wish You Were Here particular, salvando las obvias distancias. Aunque las mismas no son tantas atendiendo a la calidad que atesora The Sky Moves Sideways (Delerium) que, al igual que la excelente obra de los Floyd, también cuenta con una sublime pieza larga dividida en dos partes, una abriendo y otra cerrando el álbum, y sin embargo no es su pieza más sobresaliente, honor reservado a ‘Dislocated Day’. La banda, que por entonces era más bien Steven Wilson más acompañantes, se fue despojando de la psicodelia espacial de sus inicios para ir abriéndose más a los conceptos del rock progresivo y también dejando la puerta entornada a otros elementos que, a posteriori, terminarían de conformar el sonido y la identidad de Porcupine Tree. Todo a raíz de este trabajo, uno de los más exquisitos y redondos que ha firmado Wilson en toda su carrera, un imprescindible.

Anuncios