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Grave Pleasures — Dreamcrash

Los cambios son algo casi inevitable en esta vida. Algunos los asimilan mejor que otros ya sea por su propia personalidad, su experiencia o por la entidad del propio cambio. Hay quien siempre está buscando el cambio para revitalizar el rumbo de su vida y luego están a los que les terminan llegando de manera natural y los asumen con total tranquilidad. También se pueden apreciar cambios en otras personas, sorprendiéndonos notablemente en ocasiones aunque ya hubieran ciertas señales avisándonos de ello. Está en nuestra mano tomarnoslos mejor o peor.

Al principio no me creía demasiado para que una banda como Beastmilk tuviera tantos cambios en tan poco tiempo, con su sorprendente álbum debut Climax (Svart, 2013) salido hace tan poco. No pensaba que el casi obligado cambio de nombre a Grave Pleasures iba a terminar escondiendo más ansias transformistas de las imaginables y cuando salió la primera muestra no terminé de asimilarlo y acabé alejándome un poco de ellos hasta que pude escuchar el disco. Y ay, cuando le di al play la cosa dio un vuelco tremendo y ese cambio que no hace tanto temía lo estaba recibiendo con los brazos abiertos de par en par.

Grave Pleasures, cambios para ir a más

Uno se sumerge en las entrañas de Dreamcrash (Sony, 2015) y comprende que estos cambios estaban destinados a suceder para que esta banda pudiera ir más allá de lo mostrado en su debut y alcanzar una personalidad más marcada. En definitiva, para que los finlandeses pudieran llegar hasta donde estaban destinados a estar tenían que dejar de ser Beastmilk y pasar a ser Grave Pleasures. Una vez asimilada esta premisa se puede uno aclimatar a un álbum con mucho que ofrecer y apreciar.

Para que los finlandeses pudieran llegar hasta donde estaban destinados a estar tenían que dejar de ser Beastmilk y pasar a ser Grave Pleasures

Mucho menos post-punk y más rienda suelta a su faceta más death rock uniendo además otras influencias que permiten dar a Grave Pleasures un sonido e identidad más particulares. Se aprecia mucha menos deuda a los ochenta, permitiéndose crecer en casi todos los aspectos, empezando por las composiciones, donde son menos evidentes y directas y sí más sugerentes y estimulantes. Y luego está el terreno instrumental, donde los miembros se liberan mucho más y dan toda una exhibición, sobre todo Kvohst (Mat McNerney) que muestra muchos más registros y suena más cómodo y convincente con su voz.

Todas esas mejoras hacen que Dreamcrash se convierta en un disco tan hechizante y deslumbrante, lleno de canciones que quitan el hipo de lo asombrosas que llegan a ser. ‘New Hip Moon’ huele totalmente a himno particular suyo con ese magnífico equilibrio entre melodía y gancho que no se va de nuestro cerebro. ‘Futureshock’ arrasa con todo con sus arrancadas punk y un estribillo que podría ser del David Eugene Edwards más rockero. ‘Taste the Void’ es de la que más se aproximan a su anterior versión y sigue funcionando a las mil maravillas. ‘Lipstick on Your Tombstone‘ es totalmente arrebatadora y ‘Girl in a Vortex’ te deja prendado sin remedio. Y los seis minutos de ‘Crooked Vein’ parecen casi propios de un crooner capaz de dejarte sin palabras.

7.9/10

Incluso he terminado rindiéndome con una ‘Crying Wolves’ con la que no comulgaba demasiado al principio. El cambio de Grave Pleasures no se ha quedado sólo en el nombre y podemos decir que les ha sentado de maravilla porque se muestran mucho más versátiles, completos y solventes. Dreamcrash supera en casi todos los campos imaginables a su hermanastro y nos confirma lo que muchos ya intuimos en su momento. Aquí hay banda sobradamente preparada, con actitud a raudales para sacar adelante cualquier reto que se proponga y capacidad para crecer más. Ojalá sigan en ascenso.

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