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WOSINC 2015: consolidando un éxito

Por segundo año consecutivo, el pasado fin de semana se celebró en varias salas de Santiago de Compostela una nueva edición del festival WOSINC, al que hemos venido destacando como una de esas propuestas singulares a la hora de organizar este tipo de eventos. En este caso, no ha sido diferente. La afluencia de público al que va camino de convertirse en uno de los festivales de referencia en Galicia fue bastante aceptable, y la ocasión de encontrarse propuestas tremendamente atractivas. Repasemos, pues, lo acontecido allí.

Viernes 11

Resultó extraño. La explicación que se me pasaba por la cabeza para colocar a Daniel Knox (para mí una de las grandes atracciones del festival) un día laboral a las 17:00 horas es que el buen hombre tuviese que coger un avión inmediatamente después para pirarse de Santiago corriendo, pero una vez caída la noche se le podía ver por la ciudad, así que pareció ser una decisión absolutamente libre del programador. Basó su concierto en presentar Daniel Knox, su sobresaliente tercer disco. No perdió ni un ápice de encanto, ante una Sala C que notaba como poco a poco iban llegando la escasa gente que tuvo oportunidad de presentarse allí tan temprano. Sobrado de carisma, de ironía, de gracia y, sobre todo, de voz y presencia. Una propuesta curiosa y llena de encanto, con piezas como ‘Blue Car’ o ‘Don’t Touch Me’ premiando el madrugón de una audiencia que quedó encantada. Justo antes de Trilitrate, un trío de guitarra, violín y acordeón (acompañados de efectos visuales) que estaba dando un concierto notabilísimo ya por sí mismos, dando rienda suelta a Faláchesme da man, su disco de 2014, cuando Niño de Elche se unió a ellos y convirtió lo notable en momento para el recuerdo. Fue la primera aparición de las dos que el ilicitano tuvo en el festival, pero ésta, que curiosamente no era con su proyecto propio, fue absolutamente brillante. Sobrado de voz y con un acompañamiento melódico estupendo.

A esa misma hora tocaban Cró! en el Teatro Principal. Cró! son unos virtuosos del rock que se agarran a él en todas sus vertientes, dando peso a la instrumentación y a las improvisaciones y creando una música densa y muy detallada. Se alejan de lo simple y buscan la complejidad compositiva y estilística, sonando abrumadores por momentos, pero no aptos para todos los oídos. Si su música no te convencía, podías perderte entre imágenes e ilustraciones de épocas pasadas, las proyecciones que acompañaron su directo fueron exquisitas.

Bastantes más prescindible fue el recital de Pega Monstro. El dúo portugués que viene de ser ensalzado recientemente por Ferraia, pero que convirtió un concierto que se vio lastrado por un cambio de sala (fuera llovía considerablemente) que no benefició a su ruidismo, en un espectáculo bastante caótico. Una bola de indefinición, con algún momento en el que quisieron (o quisimos) mejorar las prestaciones, como mientras sonaba ‘Branca’, pero aquello no mejoró en ningún momento. Probablemente el peor concierto de todo el festival. Un festival que resurgió de la mano de Sarah Lipstate, a.k.a. Noveller. Con una guitarra eléctrica, unos cuantos pelades, muchos loops y alguna base electronica aquí y allá, la de Brooklyn selló tres cuartos de hora de banda sonora ensoñadora. Con querencia por el space rock en algún momento. Labrando un ambiente de sobrecogimiento y congoja de la mano de los temas de Fantastic Planet. Instrumentalismo, delicadeza y nombre a seguir. Antes de establecernos en la Sala Capitol, que concentraba las propuestas nocturnas, hubo tiempo para pasarse por un recital de Mdou Moctar que abandonamos pronto, a tiempo de observar todos sus problemas de sonido, y de acercarnos al concierto de los zaragozanos My Expansive Awareness. Un rato de pop-rock psicodélico enormemente atractivo, en el que brillaron canciones como ‘Wake Me Up’ o la frenética ‘Keep on Dancing’. Uno de los nombres propios de la música estatal de este 2015.

CuchilloDeFuego

El trío de conciertos de la Sala Capitol, que no contaban con solapes y que permitían observar el aforo real que había alcanzado el festival (aparentemente mayor en la jornada del sábado) empezaron con Cuchillo de Fuego. No os voy a engañar: su disco no me convenció lo más mínimo. Es por eso que todo hacía pensar que sería mi hora ideal para irme a cenar, pero en lugar de eso decidí ver qué tal me parecían sus prestaciones en directo. Y oye, muy bien. Juan Fernández dejándose en su voz hasta la última gota de su sangre, ‘Forfocio’ elevada a jitazo para toda una generación, y los de casa (Cuchillo de Fuego son de Pontevedra) merendándose a los que venían en plan cabezas de cartel de la primera jornada. No Joy dieron un concierto infame. Mostraron en todo momento la impresión de que esa sala era el último sitio del mundo en el que querían estar, y los que los escuchábamos no conseguíamos conectar con sus canciones ni a palos. Tan solo ciertas fuerzas de flaqueza hacia el final, cuando ya era demasiado tarde para que nadie pudiese cambiar su decepción por indiferencia. Recogieron rapidito, no fuera a ser que se tuviesen que quedar a tocar una más, y dejaron paso a The Octopus Project, muchísimo más motivados para eso de tocar en directo ante gente que se ha tomado la molestia de ir a verte. Su propuesta de pop electrónico y bailable, con theremines, prendas blancas sobre luz negra, infinitos cambios de instrumentos entre el grupo, y Fever Forms, su última entrega, como reina de la noche, gustó mucho en un principio. Después, fue invadiéndonos cierta sensación de que el concierto se les hacia largo. O a ellos o a mí, y la nota general fue decreciendo a menudo que avanzaban los minutos, definiendo una primera jornada bastate irregular en la que todavía acudimos a un último concierto. Filho da Mae e Ricardo Martins son dos nombres más que reconocidos de la escena independiente portuguesa que desde finales del año pasado, presentan su proyecto común, Tormenta. Sobre el escenario, apenas haciendo caso al público, estaban absortos en sus juegos de improvisación y de patrones repetitivos a la guitarra eléctrica y a la batería. Poca gente fue la que estaba allí a esas horas.

Sábado 12

El día grande del festival, seguramente, fue también, con cierta diferencia, el más logrado artísticamente. El viernes nos encontramos con conciertos geniales en la misma medida que otros nos parecieron perfectamente olvidables, pero lo del sábado rozó el pleno éxito. Empezando por Bala. La Sala C se quedó falta de aforo para ver a uno de los grupos más impactantes del presente. El stoner rock de Ánxela y Violeta nos dejó trastornados y medio locos. Feroces, descaradísimas, notándose que, aunque estén en pleno debut discográfico, llevan ya muchos años dando directos. Han recopilado truenos como ‘Human Flesh’, ‘Revenge’ o la superlativa ‘A S A B’, y le sumaron un par de temas nuevos igualmente brillantes, para conseguir llegar al minutaje exigido por tal apisonadora. Necesitamos más repertorio de Bala. Cuanto antes. Seguramente podamos decir lo mismo, o parecido, de Niño de Elche. El suyo fue un concierto, como mínimo, impactante. Por momentos absolutamente brillante, consiguiendo que en el Teatro Principal pudiese sentirse el aire como pesado y con las voluntades de los allí presentes a merced de donde nos llevasen piezas como ‘Estrategias de distracción’, ‘Que os follen’ o ‘Mercado’. Sin embargo, debo reconocer que hay ciertos movimientos, aullidos o juegos de indios que no me convencen del todo. Seguramente sin ellos Francisco Contreras perdería buena parte de su encanto, pero anda tan sobrado de recursos que no parece necesario llevarlo todo tan al extremo.

GirlBand

Antes del arreón final, nos acercamos a la Fundación Granell para escuchar la propuesta punk de los suecos Sudakistán. Y decimos suecos porque vivir, viven en Suecia. Otra cosa es que sus lugares de origen estuviesen claramente situados en países sudamericanos. Realmente divertidos, con percusiones potentes y un discurso eminentemente festivo y bailable. Consiguieron lo que se les puede exigir, animar y caldear los ánimos de un público que vio como la lluvia acortó algo el setlist, y dio pronto final al concierto de una banda que en temas como ‘Dale gas’ o ‘El movimiento’ promete darnos mucho tema de conversación. Algo menos lucido fue el concierto de Turzi, que abría la programación de Capitol. Los franceses, con una propuesta que tocaba el krautrock y el trance, mostraron muy buenas maneras, además de contar con una cantante lírica fantástica, que pronunciaba estupendamente las vocales abiertas. ‘Colombe’ o ‘Coucou’ muestran un potencial en estudio que llega a cotas bien altas, pero por momentos en directo se tradujo en algo de desorientación y de alargamiento vacío de minutos. En todo caso, hubo muestras ocasionales de verdadera inspiración.

Y llegó la locura de Girl Band. Los de Dublin, con su vocalista recién lesionado en el aeropuerto santiagués, y obligado a dar el concierto sentado en una silla de ruedas por lo que parecía un esguince de tobillo (lo de sentado es un decir, el pobre no paraba quieto), dieron un concierto espectacular. Demencial, al son del ruido como camino único de su propuesta. ‘Pears for Lunch’, que sirve de presentación para lo que será su álbum de debut, fue uno de los momentos más gloriosos de una hora que tuvo en la versión de Blawan, ‘Why They Hide Their Bodies Under my Garage’, el instante álgido de su concierto y uno de los más memorables de esta edición del WOSINC. Una edición que, para quien escribe, acabó por todo lo alto. No acudí por cosas que no viene al caso a la jornada del domingo, de menor actividad, y el de Michael Rother recordando sus composiciones en Neu!, Harmonia y en solitario fue mi fin de fiesta. En la segunda visita a Galicia de Rother este verano. Cuando uno llega al concierto de un mito como el de Hamburgo, teme que esté tan de vuelta de todo que se le caiga, en parte, una leyenda. Pero ahí estuvieron ‘Deluxe (Immer Wieder)’ o una gloriosa ‘Neuschnee’ para sacarnos de toda duda sobre su implicación. Mejor incluso de lo que pensé que podría llegar a ser.

* Fotos: David Tombilla

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