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El tamaño sí importa (LI): ‘Saints Around My Neck’ de Come

Los 90s, sus grupos emblema y esos tantos otros que pasaron más desapercibidos, en un segundo plano, marcándose discos magnánimos y algunos temas fabulosos que no llegan a la categoría de himno y que lo tienen todo para serlo. Este capítulo noventero recae hoy sobre esta ya longeva sección, homenajeando a Come, y como no podía ser de otra forma, a ‘Saints Around My Neck’, simple y llanamente uno de los mejores temas que se compusieron en aquélla década.

Gently, Down the Stream (Matador, 1998), es el último de los cuatro discos del conjunto de Boston, el cierre de una trayectoria que dejó discos muy buenos y algunas canciones para el recuerdo. Mientras que en aquellos años, algunos de los veteranos empezaban a perder fuelle y cantidad de formaciones jóvenes seguían abusando de las fórmulas que había facilitado la explosión del indie rock, Come seguían haciendo su camino aparte. Jugaban en la misma liga por coordenadas sonoras pero su talento compositivo no iba por los mismos derroteros. El aura desgarradora que desprendían la voz quebrada de Thalia Zedek y la rabia en la guitarra de Chris Brokaw eran el hilo conductor que les ha hecho ganarse un pequeño hueco en la historia del género y de dicha década.

A pesar de que su disco de despedida no es el mejor, sí tiene la canción definitiva del grupo. Los sempiternos ocho minutos y medio de ‘Saints Around My Neck’ desnucan al motero del infierno más barbudo y ponen la piel de gallina a cualquiera que sienta un mínimo de interés por las buenas guitarras y todo lo que pasó en el panorama del rock independiente. Su inicio reposado, la entrada afilada con el resto de componentes, la llegada abrupta al estribillo… Casi tres minutos que te sacuden sin piedad para después volver a bajar las revoluciones y remontar hasta el ecuador del tema, con el momento más brillante: genial la intensidad que imprimen las guitarras y su complementación con el punteo. Genial cómo después mantienen la tensión en la emocionante entrada de nuevo de Zedek. Y otra vez la sacudida con esas continuas idas y venidas que no te sueltan, con su vocalista desgañitándose en medio de esa suerte de desarrollo post-rock. Otro perfecto ejemplo de cómo lo instrumental se puede acoplar a letras tan personales para darle aún más emoción y mantenerte con el corazón en un puño.

Come lo consiguieron en varias canciones, pero este fue su hito.

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