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Belize — Belize

Lo visceral contra lo racional. Lo espontáneo frente a lo calmado. Así es como funciona nuestro cerebro, ¿no? Como si dentro tuviésemos dos personajes queriendo convertirse en protagonistas con cada una de nuestras decisiones, uno animándonos a saltar, a arriesgar; el otro, recordándonos que el miedo siempre acecha. Y en esa lucha constante en forma de diálogo interior, hay quien consigue equilibrar la balanza. Es entonces cuando nacen las canciones de Belize. Una música hecha para el sosiego y la tranquilidad, para ayudar a decidirse, transportándonos a lugares indefinidos, pero, al fin y al cabo mejores.

Una ventana al mundo

Con una visión nostálgica y optimista, dejando de lado el dolor, la carga o el sufrimiento, Belize suenan relajados en su debut homónimo, como si el pop suave y genuino de los 60 estuviese de vuelta. Entregan un disco con una marcada base electrónica pero envuelto y suavizado por melodías más acústicas y cuidados juegos de voces. Aunque la verdadera riqueza de este sexteto que llega desde Pamplona, se encuentra en la gran variedad instrumental que llena sus melodías, junto con una detallada mezcla de texturas y sonidos exóticos y tropicales que se funden con los electrónicos y que nos transportan a todos esos lugares. Pasamos por Samoa, Tikal, Pekín… y sus canciones se convierten en auténticos paisajes sonoros que no necesitan referencias temporales en sus letras (tan solo hablan del día a día) para conseguir que estemos lejos de casa, pero tremendamente a gusto.

En Belize nada está ahí porque sí, su debut es un disco pensado para escuchar al completo, de principio a fin

Sus composiciones son breves y juegan con la repetición de elementos, con los coros y con los crescendos. Entregan un álbum con diez canciones que suenan a libertad creativa, con personalidad propia, unidas por cinco interludios que permiten dar un sentido completo al disco y que además van incluyendo partes de las canciones. Momentos de transición pensados a conciencia, porque en Belize nada está ahí porque sí. Así, su debut es un disco pensado para escuchar al completo, de principio a fin.

8.5/10

En ‘Egos’ desarrollan la idea del diálogo interior entre la osadía y la reflexión, con ‘Stab My Heart’ o ‘Saudade’ alargan el verano en medio de un otoño tranquilo, en ‘Arde Pekín’ las capas de sonido se van descubriendo segundo a segundo y en ‘Tik’al’ y ‘Los ritmos de la ciudad’ explotan las influencias electrónicas con las que han consolidado su pop de forma sublime. Mezclan castellano, inglés e incluso portugués en sus letras (¡y la mezcla resulta buena!), evitando poner trabas a su imaginación a la hora de componer, simplemente dejándose llevar hasta el punto que la música les indica. Belize suenan a refugio en medio de la tormenta.

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