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Lujo Ibérico: XV Aniversario

Han pasado quince años del estreno de Lujo Ibérico (Superego / Universal, 2000). Un trabajo que causó un considerable impacto en la música española y ni que decir tiene, en la escena nacional. Tres lustros más tarde no es nada descabellado clasificar este LP como necesario. Y es que el paso del tiempo ha sido incapaz de borrar la huella que dejó, en muchos aspectos. El primero, el contexto bajo el que nació. Un detalle que se torna fundamental para entender el significado de la ópera prima de la Mala Rodríguez.

Nos encontramos a finales de siglo XX y el hip hop en España se asentaba poco a poco. Un puñado de artistas habían editado sus primeros discos e iban ganando renombre entre un público muy concreto. No obstante hay que tener clara una idea: el género todavía no se había desprendido de todos sus dientes de leche. Muestra de ello era que la paleta sonora bajo la que se desarrollaban la mayoría de trabajos rozaba la monocromía. Aunque por poco tiempo.

De Jerez a Sevilla para romper fronteras

Corría el año 98 cuando Solo los solo rompieron el molde. Retorno al principio introdujo sonidos aflamencados en las bases e incluso la forma de rapear de Juan Solo le distinguía del resto del espectro musical. No de la totalidad, pues un MC de El Prat llamado Mucho Muchacho también parecía enfocar el hip hop con un estilo diferente a lo establecido hasta el momento. Y ya no solo en lo sonoro, sino también por la actitud con la que acometía sus empresas.

Una personalidad muy fuerte y la inexistencia de complejos eran puntos en común de ambos artistas. También un cierto deje chulesco y de orgullo por sus trabajos, sabedores de que el tiempo les daría la razón. Características que comparte nuestra protagonista. María Rodríguez, ya afincada en Sevilla, había comenzado a despuntar como una joven promesa del hip hop en español y su aparición no pasó desapercibida en la capital andaluza. De esta forma, La Mala logró colarse en los primeros discos de los por entonces artistas referentes de la ciudad del Guadalquivir. Sus colaboraciones con SFDK, La gota que colma o La alta escuela hicieron que la gaditana fuera conocida en toda la península. Demostrada su valía era el turno de subir las ciegas.

Una jugada que sin embargo se quedaría en simple teoría, ya que en la práctica el lanzamiento de Lujo Ibérico supuso un all-in. La Mala Rodríguez se había presentado con una voz rasgada y con un estilo claramente hardcore. Con un importante matiz, eran trabajos ajenos. En su primer maxi-single A Jierro / Toma la Traca (Zona Bruta, 1999), coetáneo de las colaboraciones mentadas, todavía conservaba una propuesta similar a las mismas; no así el segundo. Yo marco el minuto / Tambalea (Yo Gano-Superego, 2000) nos mostraba lo que su primer LP confirmaría: la apuesta por un estilo que fracturaba por completo los cánones establecidos por aquel entonces, con contadísimas excepciones.

Proyectar un álbum debut con un enfoque tan rompedor aumenta el riesgo, pero también el mito si el resultado es satisfactorio. Que quince años más tarde hablemos de Lujo Ibérico como un álbum necesario no es casualidad. La Mala se rodeó de nombres que no eran desconocidos para nadie. Así pues encontramos en la producción a +Graves (Jotamayúscula y Supernafamacho), integrantes de CPV; a Dive Dibosso, que un año atrás había producido gran parte de 77, segundo LP de 7 Notas 7 Colores; Sr. T Cee, de VKR; y R de Rumba, que en el 99 había lanzado Genios junto a su grupo. Por otro lado, Kultama, Kase.O, Kamikaze y Chulito Camacho la acompañaban al micrófono. Planteamiento cuanto menos inteligente, en el que radica gran parte del éxito.

Y entonces llegó ella

Con estos datos sobre el papel y con las referencias de cada uno de los artistas era difícil pensar en un resultado como el acontecido. Pero esta receta incluía un ingrediente que todavía estaba por descubrir del todo. La Mala tenía el descaro y el arte suficiente como para, por sí sola, cambiar la atmósfera del trabajo.

Lujo Ibérico no supuso una gran revolución sonora desarrollada por su producción, pero sí una muestra de las cotas que podía alcanzar la MC gaditana. Su estilo, anticipado en sus maxi-singles, se termina perfilando en su álbum debut. La carismática ‘Tengo un trato’, el tema más cercano al sonido del momento, era la encargada de la apertura dejando bien claro la actitud preponderante desde su comienzo.

A mi no me saques tu genio que te lo mato

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A partir del segundo corte comienza a desarrollarse el desparpajo de La Mala. A medio camino entre el hip hop y el flamenco, tono que se ve acrecentado en los ganchos –y con gran protagonismo en sus estribillos-, la artista hace patente su habilidad innata de fluir y amoldarse sobre cualquier ritmo. Capaz de mezclar varias frases largas como de coser rimas sencillas intercalando el refranero popular, La Mala Rodríguez presenta su marca sin ningún tipo de pudor ni complejo.

A temas ya conocidos se le suman otros que refuerzan su sello identitario. ‘La cocinera’ no es sino una muestra más de su versatilidad y la confirmación de su declaración de intenciones, que refresca el espíritu del disco pasado su ecuador. Un corte que condensa la esencia del álbum a la perfección y en el que sus virtudes se hacen latentes. Con un deje callejero, a priori poco atractivo, y simple de vestiduras, tiene el poder de seducirte sin tiempo para retractarse.

La apuesta de la Mala Rodríguez a lo largo de su dilatada carrera sembrará opiniones muy diferentes. Pero si existe un punto en común es el reconocimiento a una artista que con su ópera prima fue capaz de derribar fronteras, anular etiquetas, abrir mentes y afilar oídos.

Ven, mira lo que hago,
como lo hago, como te saco, 
como te cato, como me gano el saldo.
Como me salgo, como lleno mi saco, 
te pongo a caldo sin calco, 
sin tacto, a jierro

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