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Salad Boys — Metalmania

No debían estar muy contentos Salad Boys con su primer trabajo cuando, ahora que se ha publicado Metalmania (Trouble in Mind, 2015), su teórico segundo disco, ha pasado a ser un conjunto indeterminado de demos. Así figuran en el Bandcamp de Melted Ice Cream, su discográfica de entonces, las ocho canciones de aquel Salad Boys homónimo (2013) del que os hablamos en su momento. Es cierto, Salad Boys eran, dos años atrás, un grupo con un aire artesanal y amateur, pero con el suficiente gancho melódico como para viciarnos durante los siempre breves pero felices meses de verano. Es evidente, sin embargo, que dos cursos después los neozelandeses han perfeccionado su sonido, han pulido su capacidad creativa y se han echado en brazos de un sello con el suficiente calado y capacidad mediática como para llevarles a un escalón superior. El resultado, Metalmania, es mucho más satisfactorio.

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Para ellos, suponemos, y para nosotros, que estamos encantados con el enésimo ejercicio revitalizador del Jangle Pop que no cae en ningún saco roto. Porque es complicado imaginar un recipiente que deseche las fantásticas guitarras entrelazadas de Salad Boys, sus estribillos casi inexistentes, el mar de electricidad amable que baña todas sus composiciones. De aquel primer LP ahora descartado como meras versiones amateur sobrevive una de sus mejores canciones, ‘Dream Date’, que sirvió de adelanto y de caramelo esquivo a la espera de la bolsa entera de gominolas. Salad Boys se resumen ahí en ritmos frenéticos y upbeat, entorno familiar para cualquier aficionado al Dunedin Sound. Es obvio que Salad Boys beben aquí de The Verlaines y de The Clean. Son neozelandeses y se dedican al pop: es lo que hay.

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El grupo, no obstante, se maneja igual de bien en otras latitudes. Es parte del encanto de Metalmania: pese a jugar con ingredientes manoseados y simplones, el resultado final es exquisito, creativo y original. Véase ‘My Decay’, donde aparcan durante un rato el acelerador y se suben al barco del medio tiempo acolchado sobre capas y capas de guitarras. Acto seguido, Salad Boys recuperan el pulso, pero lo hacen obviando por completo las enseñanzas clásicas del Dunedin Sound. ‘No Taste Bomber’ se decide por The Feelies, y, en su asombrosa recta final, por los juegos trenzados de seis cuerdas que tanto y de forma tan influyente popularizaron Television. Son tres minutos de puro nervio instrumental, una progresión que parece no terminar nunca, en un éxtasis permanente y continuado que supone la cima total de Metalmania.

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7.8/10

Las cuatro últimas canciones vuelan como un auténtico suspiro. Ya sea la balada ingenua de ‘Bow to Your New Sensation’ o el Kiwi Pop puro, género en sí mismo, de ‘Hit Her and Run’. El cierre, además, es delicioso: ‘First Eight’ es la clase de composición reposada y melancólica, evocación elevada a la máxima potencia, que redondea con discreción y buen gusto un trabajo notable. Enganche perfecto para volver a escuchar, en un bucle indefinido, Metalmania, la consagración de Salad Boys y una muesca más en el fantástico revolver del Indie Pop de las antípodas, cuyo 2015 me está colmando de plena felicidad.

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