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Fuzz — II

Año extrañamente poco prolífico para Ty Segall. Veamos: en enero, el discreto Mr. Face EP (Famous Class, 2015); en mayo, un desapercibido disco en directo en compañía de King Tuff, Live at Pickathon (Easy Sound, 2015); en noviembre, Ty Rex (Goner, 2015), recopilatorio de todas sus versiones de T. Rex, incluyendo un par de piezas nuevas; y hace un par de días, Emotional Mugger (Drag City, 2016), su enésimo disco en solitario, a publicar en enero del año que viene. ¿Magro balance? No: todo lo que Segall ha dejado de hacer durante su 2015 se ha concentrado en II (In the Red, 2015), muy esperada continuación de aquel disco que, bajo diversos puntos de vista, fue el mejor de 2013. Concentrado, porque II duplica la longitud de su predecesor.

Algo intuimos en su momento cuando el Facebook oficial de In the Red compartió una fotografía de los tres integrantes de Fuzz tomándose un receso en el estudio. En ella, veíamos a Segall portar una camiseta de Yes. ¿Era Rock Progresivo lo que podíamos esperar ahora de la catarata de referencias clásicas que Fuzz habían amalgamado en su debut, desde Black Sabbath hasta Jimmy Hendrix, pasando de forma inevitable por la contemporánea escena de San Francisco? Quizá, pero parecía improbable, por más que Segall fuera un hombre dado a extravagancias varias. Al fin y al cabo, Manipulator (Drag City, 2014) rebajó mis expectativas para con su capacidad de reinventarse varios grados. De modo que no, Yes, en aquel momento, no representaba moldear a su antojo ‘Roundabout’ — a Dios gracias — , sino convertir a Fuzz en algo más que el brillante proyecto paralelo, casi paródico en su vertiente referencial, de tres amigos.

Por ahí, II es la evolución lógica de Fuzz: un proyecto que bebe menos de las carreras separadas de sus integrantes y que aspira a definir su identidad propia

No significa esto que Fuzz sean ahora menos referenciales. Sucede todo lo contrario: la concisión de su álbum debut — puede que almidonada con algunas licencias instrumentales de más de siete minutos — mantenía más vínculos con los trabajos previos de Segall y Moothart que con el resto de rimbombantes bandas históricas con las que la crítica musical trazó — merecidos, por otro lado — paralelismos. Aquello era Slaughterhouse (In the Red, 2012) actualizado en algo breve, más divertido, menos monstruoso y ligeramente más psicodélico. Por ahí, II es la evolución lógica de Fuzz: un proyecto que bebe menos de las carreras separadas de sus integrantes y que aspira a definir su identidad propia. Un grupo que ya no es el proyecto paralelo de.

II: brillante en la psicodelia

Así que dos años después, la personalidad de Fuzz ha convergido, de forma mucho más acentuada que en Fuzz (In the Red, 2013), en Black Sabbath. Por momentos, II parece un disco tributo. Uno al que tan sólo le libra estar maravillosamente ejecutado: en ‘Pipe’ Moothart se transforma en Tommy Iommi, mientras los ecos de Ozzy Osbourne y aquella fantasiosa etapa de Black Sabbath se repiten por todas partes, con estruendo y felicidad. Es en la recta final de ‘Pipe’, quizá la canción más inspirada del disco, donde Fuzz, por otro lado, se permiten entrar en el terreno de la jam improvisada, con múltiples capas de guitarras y una evidente resonancia psicodélica. Aquí hay mucho más Psych que Heavy, pese a que por momentos Fuzz se queden a las puertas de entrar en un terreno al que, poco a poco, también se conducen Thee Oh Sees.

Aquí hay mucho más Psych que Heavy, pese a que por momentos Fuzz se queden a las puertas de entrar en un terreno al que, poco a poco, también se conducen Thee Oh Sees

Más pruebas: acto seguido, Fuzz introducen ‘Say Hello’ mirando fijamente a los ojos de ‘The End’, aún cuando la canción, después, toma otros derroteros. Y justo después, abren ‘Burning Wreath’ con un delicioso paisaje de guitarra de inspiración sesentera — a II también le cabe Cream — , sólo para hilarlo de forma fabulosa con un riff marca de la casa, muy en consonancia no tanto con Black Sabbath como con los discos en solitario de Ty Segall. Los respiros se suceden aquí y allá: Segall y compañía acuden a John Dwyer en ‘Silent Sits The Dust Bowl’ — violines incluidos — , en la recta final de II, justo antes de los trece minutos de ‘II’, en otro cierre instrumental semejante a ‘One’ — pero el doble de largo y la mitad de inspirado — . Aquí, de nuevo, Fuzz también ponen el acento en su vertiente psicodélica, y no tanto en la hard: es donde suenan más auténticos.

Hay espacio también para macarradas varias — ‘Red Flag’, más Hardcore que otra cosa — y para un puñado de canciones excelentes: desde ‘Rat Race’ y el organillo que eleva la canción a otro nivel, hasta ‘Time Collapse II / The 7th Terror’, los siete minutos de bienvenida que resumen, tanto en sus defectos como en sus virtudes, el resto de canciones de II. Sería un error para cualquier oyente perezoso conformarse ahí, por cierto, especialmente cuando Fuzz cuadran una primera mitad de disco tan soberbia como la compuesta por ‘Let It Live’, ‘Pollinate’ o ‘Bringer of Light’ — ojalá Fuzz goes Doom — , ejemplos evidentes de la influencia de Black Sabbath, del talento de los tres componentes del grupo — sumado ahora Chad Ubovich, de Together Pangea y Meatbodies — y de lo inmensamente divertido que es este disco, otra vez.

8.3/10

Al final, lo mejor de II era lo mejor de Fuzz LP: el dinamismo, la adicción y el suspiro en el que transcurre un disco de más de sesenta minutos y catorce canciones. Se requiere de una habilidad encomiable para realizar tan magna tarea, aún cuando, en términos generales, la continuación — quizá por exceso de relleno — esté por debajo de tan feliz debut. Sea como fuere, lo mejor es comprobar que Fuzz, como proyecto, continúa viento en popa a toda vela, y que tiene recursos suficientes como para no estancarse en su propia retórica.

Nota alternativa:

iommi

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