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Ashby — Fragmental

Debates al respecto de a qué podemos agarrarnos para medir la grandeza de una banda hay millones, la mayoría infructuosos por no decir inútiles. Cifras de ventas en tiempos en los que no vende ni dios, material de boletería que o aparece a precio de saldo o se queda en la caseta, aplausos y felaciones y abucheos y trolleos en la red por parte de amiguetes y enemiguetes. Todos estos argumentos son esgrimidos por entendidos y entendidillos para medir la talla de una banda, el espacio que ocupa dentro de una escena que puede ser raquítica o bulímica dependiendo de la ocasión y si logra sacar la cabeza de entre la muchedumbre que corre en todas direcciones en un mundo tan sobrepoblado numéricamente y despoblado de ideas como el actual.

El caso es que esta diatriba se topó con los ingleses Haken durante el año 2013, año en el que quizás no lanzaron su disco más brillante pero sí en el que lograron ponerse en boca de todos los iniciados en el mundo del prog gracias a una carrera ascendente, que en cuanto a popularidad parecía tener su cumbre en The Mountain (Inside Out, 2013). Las loas, los aplausos, los vítores iban de acá para allá, y la cosa no hizo sino consolidarse tras el lanzamiento del fantástico Restoration (Inside Out, 2014), un EP en el que reescribieron alguno de su clásicos a fin de ponerlos de actualidad. La infalibilidad de Haken hasta la fecha los colocaba ya en la primera división del Prog actual, compitiendo de tú a tú con gente de la talla de Riverside, Steven Wilson u Opeth, y dejando en la cuneta a aquellos con los que otrora eran comparados, los venidos a muy menos Dream Theater.

Una banda no es grande de verdad hasta que no le salen imitadores, hasta que alguien no coge su sonido y lo toma como punto de partida para su propia propuesta

El caso es que, en mi opinión, con vender más que la mayoría (ya sea papel o plástico) o dejar atrás a tus ídolos no es suficiente para acabar consolidándote como una banda top, como una banda referencia a nivel mundial. La cuestión determinante no es numérica ni cuantificable, sino que se centra en qué se es, cómo se es y qué impacto se tiene para con los demás. Haken eran una banda muy sólida en lo creativo y en lo técnico, y lo venían haciendo picoteando de aquí y allá para dar forma a un proyecto cada vez más personal, más reconocible. Restoration y el monumento llamado ‘Crystallised’ consolidaron estas ideas, pero faltaba algo fundamental, que a Haken les empezaran a salir imitadores.

Ashby, creciendo a la sombra de quien marca tu camino

Surgidos de la escondida Mülheim, en el estado alemán de Norte-Westfalia, Ashby parecen ser el primer gran imitador de Haken. Y digo gran no sólo porque su primer largo sea una especie de revisitación a los imprescindibles primer y segundo disco de los igleses y a todo el texto subrayado que sus resúmenes contendría, sino porque es todo eso pero a pesar de ello no agota o aburre sino que entusiasma, conteniendo momentos de los de quedarte con la boca abierta.

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La tónica es evidente y viene marcada teclados omnipresentes, riffs que marcan idas y venidas con exquisita progresión instrumental y atmósferas que se debaten entre lo onírico y lo experimental. Ashby son una banda sólida con, de momento, unas ideas muy claras y unas referencias cristalinas, que a ojos de muchos podrían operar en su contra pero que despojado de lo sentimental y centrado únicamente en lo musical yo no puedo sino aplaudir.

Intrincado a veces, ensoñador, potente cuando debe serlo, este Fragmental (Autoeditado, 2015) es uno de esos álbumes que a primera vista parecen un tributo pero que poco a poco van demostrando que la referencia no es prisión si es bien aprovechada, si sirve como punto de partida para una historia que va en su contenido mucho más allá de la sospecha que pueda levantar en lo formal. Vivimos tiempos en los que algunos dicen que lo tenemos ya todo inventado, lograr construir un relato creíble a través de referencias tan claras no puede ser despreciable, sobre todo si hablamos de una banda debutante, que aún no tiene claro ni hacia dónde va ni logra disimular sus puntos débiles.

Y hablo de puntos débiles pues hasta en esto los debutantes Ashby quieren parecerse a los primeros Haken. Dinámicos, capaces de construir progresiones que van desde lo ambientalmente melancólico hasta ensaladas de riffs de cercanas al Metal moderno con progresiones de lo más estimulante, los alemanes cuentan en lo vocal con el principal problema de su propuesta. Solvente en los momentos de dulce ensoñación, Sabina se entrecorta, se ahoga cuando la cosa se pone costa arriba, llega casi a atropellarse cuando de su garganta debe salir agresividad en vez de susurros o entonaciones en las que no debe forzar las cuerdas, algo así como le sucedía a Ross Jennings hace unos años.

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Lógicamente la falencia acaba quedando en un segundo plano cuando llega el momento de los solos y teclado y batería toman las riendas, pero éste debe ser un punto a mejorar por la banda si realmente quieren seguir los pasos de Haken y acabar siendo lo que pueden ser en vez de encerrarse en el pudo y no fue. Haken lo lograron gracias a una búsqueda en lo clásico que desembocó en planteamientos totalmente contemporáneos, Ashby deberían hacer lo mismo alejándose del sonido vocal alternativonoventero y construir desde ahí un relato que nos permita pensar en ellos como algo más como los primeros grandes imitadores de los ingleses.

7.6/10

El caso es que, a pesar de las deudas evidentes, Ashby han presentado una de las mayores alegrías que el Metal Progresivo nos ha dado este año, regalándonos esa gran irrupción que nunca puede faltar de cara a los resúmenes de fin de año. Y lo consiguen haciendo bien no solamente para así, sino ofreciendo eso que desde mi punto de vista le faltaba a Haken para acaba de consolidarse como una de las grandes. Leprous han descubierto a sus imitadores este año, Haken también. Y lo mejor es que son mucho más interesantes los imitadores de los segundos que los imitadores de los primeros, ya que separarse de Haken también es más difícil que separarse del personal sonido de los noruegos. Veremos dónde está cada uno dentro de 3 o 4 años.

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