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El tamaño sí importa (LVII): ‘Magreb’, de Toundra

Recurrir al post-rock para una sección de canciones largas se puede considerar ir a lo fácil, incluso hasta hacer trampa dado que en muchas ocasiones es rara la canción que se queda por debajo de los cinco minutos. Pero son nuestras reglas y mientras se cumpla el baremo tanto de longitud como de calidad, no hay elección incorrecta. Porque no es la primera vez que recurrimos a dicho género -ni será la última-, pero siempre que acabamos dejándonos caer por las tempestades en formas de mar de guitarras, es porque la canción de turno -o en el grupo en sí- cuenta con tanta calidad que el pecado sería no tenerlo en cuenta.

Lo que sí resulta ir a lo fácil es encuadrar a Toundra como sólo un grupo más de post-rock. Ni a ellos mismos les gusta que les encasillen ahí. Comprensible por otro lado, sus referentes van mucho más allá de los canónicos Explosions in the Sky o Mogwai. Si se rasca un poquito más se pueden apreciar detalles extraídos del post-hardcore o del progresivo. Porque si algo han sabido hacer muy bien los madrileños a lo largo de estos años es recurrir a todos los matices posibles para que su estilo sea, además de reconocible, de un nivel superior a la media. Y sin necesidad de centrarnos sólo en el ámbito nacional.

Buena muestra de su capacidad de recurrir, con bastante acierto, a lo que sea necesario para enriquecer sus composiciones la podemos encontrar antes de la consolidación de su figura en nuestra escena con III (Aloud Music, 2012) y con IV (Superball, 2015). Nos situamos en su irrupción definitiva, en aquel buen golpe sobre la mesa que hicieron con II (Aloud Music, 2010), un disco que en lo personal ha terminado algo ensombrecido por sus dos movimientos posteriores, a mi gusto más redondos, pero que siempre que regreso a él me encuentro esos destellos de brillantez que lograron cautivarme y engancharme al sonido de Toundra. Uno de esos puntos álgidos que más me hacen acordarme del asombro que me produjo en su momento y me sigue produciendo el álbum es, precisamente, la pieza más larga del conjunto. En este caso particular, el tamaño sí importa.

Los once minutos de ‘Magreb’ son más que bien aprovechados, una reducción del minutaje hubiera jugado en perjuicio de la canción, no le hubiera dejado respirar todo lo que debería y desarrollarse en su plenitud. Desde su parsimonioso y progresivo comienzo que conduce a esa tormenta instrumental desatada que tan buenos resultados les ha dado en su carrera, dejando detalles de grupos como Envy por el camino. Y entonces llega el instante, minuto 6:42, bajo y batería sientan las bases de un clima tenso y oscuro, las guitarras dibujan paisajes sugerentes, exquisitos, con ecos que nos evocan a sonidos orientales. Ese momento, junto a otro momento posterior de ebullición instrumental, supone una de las cimas cualitativas y emocionales de la trayectoria de Toundra. Piel de gallina. Y presenciarla en directo te termina peinando para atrás por completo. Cuando esta comienza a sonar, algo en tu interior presiente que se acerca un momentazo extraordinario. Y vaya si acierta.

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