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Coldplay — A Head Full Of Dreams

Alegra ver que la carta que Chris Martin escribió el año pasado, no a los Reyes Magos, sino a su ex Gwyneth Paltrow no cayó en saco roto: Coldplay han conseguido meterla como colaboradora en el listado de ilustres a acreditar de A Head Full Of Dreams, la séptima maravilla (y dicen ellos mismos que quizás no haya octava) de la banda británica. Aunque bien mirado, puede que la cosa no tenga demasiado mérito teniendo en cuenta que esta colección tiene toda la pinta de ser una de descartes de lo que ya hubiera grabado incluso en épocas pre ruptura.
 
Y claro, lo de maravilla es mucho decir; demasiado… O más bien un decir irónico, por si alguien no me ha entendido bien, porque esta especie de segunda parte de Ghosts Stories no es precisamente ninguna maravilla.
 
Sólo hay que dirigirse a esta web, para darse cuenta de la chufla en la quenos ha entregado la banda de Chris Martin, que, a su vez es fiel reflejo de la vía que parecen estar tomando ellos como proyecto (quizás sí que sea el momento de tomarse un Kit Kat). Coldplay hoy día no son más que una banda de confeti, de globos multicolor, de chicles de fresa, de cupcakes rosas, que bien podría presentarse con un “hola bebés” como los de Aless Gibaja… ¿será que Martin tan sólo aspiraba a convertirse en un coach de la felicidad y lo de Parachutes fue sólo la oferta gancho con la que hacernos picar?

Coldplay, una banda a la deriva, en busca de la feclicidad

Sí, es esa pregunta que llevamos haciéndonos tanto y tanto tiempo, y que, por ahora, no encuentra una explicación clara. ¿Sería esta también la evolución de la que hablaba Darwin? ¿Pensaría en Coldplay cuando pensaba en la adaptación al medio? La respuesta la podemos inferir también de los títulos de los álbumes: ¿qué ha cambiado en la mente de estos chicos para pasar de cosas serias, complejas, como A Rush Of Blood To The Head, o sugerentes, como X & Y? Si hasta Viva La Vida, que ya comenzaba a hacernos levantar la ceja, tenía un Viva La Vida Or Death And All His Friends, como título completo…
 
La verdad es que uno no termina de entender el cambio. Y no, no es que Martin haya sido nunca un lince en eso de las letras, pero de ahí a que todo sea felicidad, encantamientos de habernos conocido, colorines, y sueños positivos; de ahí a tener que rellenar con uoh-oh’s toda estrofa que no sepa cómo rematar, hay un abismo. Sobre todo, porque os recuerdo que los de ‘Adventure Of A Lifetime’, son los mismos que los de ‘Don’t Panic’. Todos. Los cuatro. Claro que en Parachutes ya teníamos ‘Yellow’, que es sin duda una de las mejores canciones de la banda, pero que de letra, simbólica y profunda, no es que esté como para presumir.
 
Y me iré precisamente a ese ‘Yellow’ para expresaros mi creencia de que lo que tenemos hoy ya estaba en los Coldplay del 2000. Este servidor ve en aquella “amarilla canción” el germen de lo que tenemos en AHFOD (me vais a disculpar que use la misma abreviatura que usan ellos para nombrar el álbum; una abreviatura que, por cierto, me trae a la mente una interjección tan andaluza como afú, u ofú). Creo que todas esas fanfarrias, esa deriva electrónica, esas ínfulas de grandeza (y lo digo por el sonido, Martin me sigue pareciendo un tipo de lo más humilde), esas ganas de duchar en confeti a estadios llenos de gente a ritmo de coros intensitos, vienen de allí. Como con una semillita en un tiesto, a la que riegas con cariño; sólo había que darle el tiempo necesario para que germinara. Y de aquellos polvos, estos lodos, claro.

https://www.youtube.com/embed/QtXby3twMmI

A Head Full Of Dreams: ¿sueña Chris Martin con descartes?

El resto del álbum, hasta llegar a 11 cortes (más un oculto de esos que tanto les gustan), es la radiofórmula más formuláica, el lado más festivo de Coldplay, ese que despuntaba en Viva La Vida y que ya conocemos de sobra desde Mylo Xyloto. Ese que se deja envolver por complejas capas y capas de arreglos electrónicos, ese que canta a la belleza de la vida, que sin ser música de baile trata de hacerte bailar y que, sobre todo te hace corear sus intensitos y onomatopéyicos estribillos. Y no habría problema con todo esto si debajo de esas capas encontráramos algo de sustancia, pero estas canciones son lo más vacuo que ha parido Martin y compañía en mucho tiempo.
 
Y sí, al fin y al cabo, en este álbum Coldplay ofrecen lo de siempre. Hace tantos años y tantas canciones de Parachutes que sería de tontos llevarse las manos a la cabeza. No hay necesidad de hacer sangre… O no mucha al menos, que además no pega nada con el buenrollismo del disco que nos ocupa. Mirad si no esa caleidoscópica imagen de la portada. Los convencidos de siempre pueden seguir igual de convencidos. Si no les agrada AHFOD es algo completamente puntual, circunstancial. Ya les gustará el próximo álbum igual que les gustaron los anteriores o algunos de los anteriores. Lo malo es que todo lo que ofrecen lo hacen a medio gas, en un ejercicio de puras desgana, dejándonos comprobar con cada tema que pasa que esto es una colección de descartes y poco más, que hubiera tenido sentido (y sólo quizás) publicada junto al Ghosts Stories del que nunca se debió separar.
 
Por supuesto, hay algunos leves detalles que si hacen algo diferente este séptimo trabajo de Coldplay. Esta vez los arreglos van dirigidos a esa euforia que inunda el disco entero, sin complejos. No hay electrónica velada, no hay baterías discretas. Sólo hay que escuchar el corte que abre el disco y que le da título; lleno de ohohohohoh’s, y con la batería más potente del listado, o ese ‘Adventure Of A Lifetime’ que ha servido de primer single, con sus ritmos tribales y electrónicos y esas bases casi house. ¡Esto tiene que ser una fiesta!

AHFOD: cuando el relleno es el disco

¿No va a ser una fiesta con canciones como ‘Hymn For The Weekend’? ¡¡Pero si hasta trae a Beyoncé como colaboradora!! (por discreta que sea su participación). Y lo peor es que es esa discreta participación lo que hace que el tema no sea de tirar a la papelera directamente. A la diosa de ébano le debemos que medio flote, y aún así, no nos podemos quitar esa sensación de que es una canción para una de tantas “estrellitas” femeninas de segunda del pop actual en los 4 minutos y pico que dura.

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El nivel lo deja claro una afirmación tan simple como que, de lo poco que se puede salvar de esta séptima entrega de los británicos es el single con el que nos la han adelantado: ‘Adventure Of A Lifetime’. Y si a todos nos ha dejado con la mandíbula por el suelo la “canción simia”, con sus ritmos bailables y sus flautines precocinados, imaginad cómo puede ser el resto del material…

Sólo hay una honrosa excepción, y es ‘Army Of One’, un tema que sí muestra algo de imaginación en su melodía, por muy blandita y random que sea la letra. Es de lo poco que se te queda en memoria de este inefable trabajo. Esa y quizás también ‘Up & Up’, encargada de poner fin al sufrimiento con unos coros gospel que son de lo mejor del álbum. Y es mucho decir.

El resto del disco, son ya canciones más que escuchadas a esta gente, a las que ni unos arreglos más modernillos y bailables hacen parecer nuevos. Son como ese restyling de un coche que lleva siete años en el mercado: le han cambiado los faros y le han añadido unos cromados, pero sabes que sigue siendo el mismo coche viejo. Pues escucha ‘Bird’ o ‘Fun’ (a la que por cierto no salva Tove Lo, que por bien que lo haga la chica, no le llega a la suela de los zapatos a colaboradoras como Rihanna) y sabrás de qué te hablo. O ‘Everglow’, una balada que les hemos escuchado mil veces y que para colmo, luce en el título el famoso featuring de la ex de Martin, pero cuyos coros por no pasar, no pasan ni desapercibidos de la poca presencia que tienen.

4.2/10

Y hay poco más que añadir. Si esta crítica no te ha desanimado de hacerte con A Head Full Of Dreams, allá tú y lo que hagas con tu dinero: ya te desanimarán los propios Coldplay con sus canciones. Sólo cabe decir que el que avisa no es traidor.

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