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La electrónica en 2015 (I): un repaso a la escena internacional

Volvemos un año más con el clásico y mastodóntico repaso a la escena internacional del año en lo que a electrónica se refiere, tras la lista de los mejores discos de electrónica de 2015. Como siempre, regresos, decepciones, discos sonados y cosas pendientes que se quedan sin reseñar por culpa de la inabarcable tarea de estar al día de todo. Este año sale un poco más tarde gracias a la combinación de las fiestas y la fase de transición de la web y el nuevo diseño que tanto os gusta. Pero la espera ha merecido la pena. Especialmente para los seguidores de los post bíblicos, tamaño Jot Down, que hablan sobre electrónica.

Clásicos, héroes y heroínas que han vuelto

Cada año viene con las expectativas o el miedo de que determinados artistas vuelvan, los hubo en 2014, los habrá en 2016 y por supuesto los ha habido en el reciente 2015. Esta vez con algunas gratas sorpresas, sobre todo si hablamos de New Order, uno de esos clásicos de los que es mejor no esperar mucho no sea que luego la hostia sea muy gorda. De hecho, sus adelantos prometían algo mediocre. No obstante, Music Complete (Mute, 2015) es un buen disco, bien traído a la actualidad. Frente a esas viejas glorias que intentan apegarse al sonido actual con desbarres importantes, lo de los ingleses ha sido todo un acierto. Todo lo contrario que Felix Da Housecat con Narrative of Thee Blast Illusion (No Shame, 2015), por ejemplo. Salvando algún tema de house resultón, el de Chicago demuestra que le es difícil volver a sus mejores LPs, los del primer lustro de los años 2000. En medio de los dos, con un buen trabajo que ha dividido a sus seguidores, podemos ubicar a Grimes, que con Art Angels (4AD, 2015) ha dado un paso previsible, hacia un pop más comercial. Para unos, demasiado, para otros, perfecto. Si bien es cierto que algunos preferimos trabajos anteriores, es un buen álbum dentro de las coordenadas sonoras en las que se mueve. Y cómo no, manteniendo su filosofía DIY. Algo mejor, aunque tampoco en demasía, el regreso de otro héroe local, Dan Deacon, aunque con un disco que dista bastante de la locura de America.

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Por otra parte, lamentamos profundamente que uno de los héroes de esta casa no haya logrado remontar el vuelo. Hablamos obviamente del gran Himuro Yoshiteru, a quien recordaréis por aquél glorioso Our Turn, Anytime, claro disco del año de 2012. Con su Fushigi Man EP, que tiene algún corte efectista, no logra rayar al nivel que se espera de una institución hipersónica como él. Pero no ha sido el único en pinchar, también hemos tenido el prototípico disco de Hot Chip, con un par de singles en forma de pepinazo, que están a años luz del contenido general del disco, bastante pobre. En cambio, mantienen el tipo los regresos de Leftfield , Prefuse 73 y Squarepusher, que no son discos para quitar el hipo pero que al menos se mantienen regulares, sabiendo que ya pasó lo mejor de sus carreras. Y para finalizar, mención especial a los grandes vencedores, Jamie XX con su esperado In Colour (Young Turks, 2015) en el que se mantiene en equilibrio entre temas pisteros y otros más livianos — eso sí, se esperaba un poco más — ; Björk y su fructífera asociación con Arca, dando una lección de cómo combinar la electrónica con su (art) pop, y por supuesto Oneohtrix Point Never. Daniel Lopatin ha consumado su mejor obra hasta el momento, con un viaje a su adolescencia, presente en el disco, en el que le da una vuelta de tuerca a R Plus Seven (Warp, 2013) y te vuela la tapa de los sesos con su contundencia, dejándote fuera de órbita y a la EDM en la cuneta con algunos temas. Bravísimo.

Las ambientaciones que quitan el hipo

Cómo no, el ambient ha tenido su representación en los mejores discos del año en el ámbito de la electrónica. Aunque sigue siendo uno de esos géneros que se hacen duros — por no decir coñazos — para quienes no tienen el oído entrenado, la burbuja que crea a tu alrededor, especialmente cuando sale del ámbito más clasicista, es gloria. Y en ese sentido, ahí tenemos trabajos bastante buenos como el de Helm y sus densas texturas. Aunque si comparamos con el año pasado, en 2015 hemos tenido también de protagonistas a algunos que ya entraron en el repaso de 2014. Entre ellos, el notable disco de Dino Spiluttini, más clasicón pero tremendamente evocador y talentoso, o las progresiones de Steve Hauschildt, resarciéndonos del vacío que dejaron Emeralds. Para electrónica progresiva, también recomendable el Machine to Machine (Denovali, 2015) del brasileño Ricardo Donoso, que tiene algunos cortes fantásticos. Eso sí, el LP de ambient más recomendable de este año es el de Jannick Schou, que tradicionalmente le ha dado más al drone más corpulento y abigarrado, que esta vez se ha dejado llevar por sonidos más profundos para disfrutar de los bajos. Y qué forma de disfrutarlo.

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Por otra parte, aunque no entraron en los mejores discos del año, ha habido álbumes bastante buenos del género, como el de Ian William Craig con su extrema delicadeza, o polos totalmente opuestos como el de Samuel Kerridge y la tensión que desprende Always Offended Never Ashamed (Contort, 2015), a mitad de camino entre lo industrial y el ambient oscuro. En lo referente a la neoclásica y las atmósferas minimalistas, Nils Frahm ha estado entonado pero no ha logrado brillar todo lo que puede con Solo (Erased Tapes, 2015), aunque para los seguidores del sonido pueden disfrutar igualmente con él, con el Revisionist (Lost Tribe Sound) de William Ryan Fritch — que ha publicado varios trabajos este año — o con veteranísimos como William Basinski, que en el pasado curso nos regaló Cascade (2062, 2015), para fanérrimos del minimalismo, o La vie électronique, Vol. 16 (MIG, 2015) del esencial Klaus Schulze, que finaliza con este lanzamiento el último recopilatorio de la serie. Otros veteranos, aunque en menor medida, también han hecho acto de aparición este año, por ejemplo es el caso del álbum de colaboración entre King Midas Sound y Fennesz o Xerrox Vol.3 (raster-noton, 2015) del inconmensurable Alva Noto, que cómo no, muestra sus elocuentes artes a la hora de crear paisajes erosivos y profundos.

El músculo techno y sus derivados

Un año más, el techno llama a nuestras puertas insistentemente, ya sea con el martilleo canónico de siempre o con la simbiosis que sufre al entrar en contacto con otros géneros. Sea por las maneras clásicas o por las nuevas, siempre es un placer caer en sus redes. Y lo hemos hecho de diferentes formas, con la pulsión de gente como Vril o con el frenetismo de Container, pasando también por los brillantes machaques momentáneos de A Shell of Speed (Northern Electronics, 2015) de Abdulla Rashim. Y con discos que han estado bien, pero de los que esperábamos algo más debido al nivel de producciones anteriores, como es el caso de Obsidian (50 Weapons, 2015) de Benjamin Damage o de Xosar, cuyo nuevo LP tiene un buen toque claustrofóbico pero que necesita una producción más trabajada. Por su parte, bastante bien el regreso de Deepchord con un atrevido pero equilibrado doble álbum: Ultraviolet Music (Soma, 2015).

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En su versión más oscura, hemos visto el buen trabajo de Kangding Ray con Cory Arcane (raster-noton, 2015), aunque no llega al nivel de Solens Arc (raster-noton, 2014). Y la friolera de dieciséis años después, otro que ha venido este año a hablar de techno, y de eso sabe un rato, es don Juan Atkins, Model 500, que con Digital Solutions (Metroplex, 2015) tiene un álbum más bien discreto, aunque en su construcción se nota el sabor funk y espacial que caracterizan a uno de los padres del techno. Algo mejor, y acidorro, con tintes añejos, la reedición del debut de Paranoid London, Machines Our Coming. Mejor regreso, por otra parte, el de uno de los productores más exitosos de Berlín, Paul Kalkbrenner, que con 7 (Columbia, 2015) y su distinguido sonido urbano ha vuelto a una versión bastante notable, de lo mejor desde Berlin Calling (Bpitch Control, 2008). Y aún más efectivo todavía, el del inglés Scuba, exhibiendo su músculo más potente hasta la fecha con Claustrophobia (Hotflush, 2015), un álbum de sudar la camiseta.

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Si hablamos de contundencia y experimentaciones con sonidos más retorcidos, nos quedamos necesariamente con Prurient y sus desgarros industriales en uno de sus mejores LPs y con los polacos Rss B0ys, con temas electrizantes no aptos para mentes débiles en su HDDN (Mik, 2015). Para finalizar, y destacar la parte tech house, al fin este año hemos sabido de Stephan Bodzin, que ha vuelto con un satisfactorio segundo LP, Powers of Ten (Herzblut, 2015), repleto de sus clásicos sonidos elocuentes. Pero la mención especial se la lleva el chileno Ricardo Tobar con su fabuloso Collection (Cocoon, 2015) en el que atraviesa varios géneros para elaborar ese pedazo de disco, el tercero en el ranking electrónico de 2015 para nosotros.

El cajón desastre de la IDM y experimentaciones varias

Llegamos ahora a una de las categorías más complejas y marcianas, la de la IDM y trabajos de corte más experimental. Ya que nos ponemos cacofónicos, lo hacemos bien. Antes de nada, este año ha sido, merecidamente y como era previsible viendo su trayectoria, el de Ekoplekz, que pasa por un momento creativo fantástico. Reflekzionz (Planet Mu, 2015) es un LP hipnótico, rebosante de talento, en el que juega con la melodía y con barbitúricos a partes iguales. Una maravilla. También ha sido bastante satisfactorio el regreso de productores jóvenes que tienen mucho que ofrecer, como es el caso principalmente de Arca y su juego al despiste, siempre sorprendiendo como pocos, o Rival Consoles con Howl (Erased Tapes, 2015), repleto de buenas texturas. Mucho más entonado que Rone. Buen sabor de boca también el de otro de los clásicos como el último disco de Luke Vibert, donde vuelve a jugar con el acid y la IDM, demostrando que no tiene que demostrar nada a estas alturas del partido. Eso le permite ofrecer algunos beats bastante juguetones, recreándose constantemente. En lo referente al outsider house, la vertiente narcótica de un house deformado, este año ha sido interesante escuchar el debut de Anthony Naples — capo de Proibito — , aunque se esperaba más de él. Pero más decepcionante ha sido el debut del holandés Palmbomem II, a pesar de tener algún zarpazo interesante. Por último, para trabajos experimentales con sabor a jazz, muy recomendable el último de Colin Stetson, y para oídos que son capaces de tragar con todo, lo último de Rusell Haswell, un auténtico desafío sonoro.

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Sintes y bailes de todo tipo

En el apartado de sintes de este año podemos encontrar producciones de synth pop de distinto pelaje. Algunas muy bien acabadas como la de Ghost Culture, otras con olor a ochentismo de tomo y lomo como las de Gunship o Timecop1983 y cosas más potentes como lo que ha hecho Carpenter Brut con Trilogy. Aunque por aquí mejor nos quedamos con el synth ensoñador y de inspiraciones alemanas de los argentinos Mueran Humanos con Miseress (ATP, 2015), que tiene auténticas joyitas.

Bastante más moderado, pero efectivo, en cambio, lo nuevo de Panda Bear. Y sobre todo alucinógeno, o eso transmitió Mohorte en la reseña. Eso sí, si hablamos de poso señorial, el segundo disco del aclamado Mano Le Tough, que con Trails (Permanent Vacation, 2015) demuestra seguir teniendo una mano especial para el house y su tonteo con el tech. Algo que de momento le sienta bastante bien. Y en este sentido, muy buen rollo el que nos transmitió el danés Kölsch. Ideal para teletransportarte al verano.

Debuts y decepciones

En el capítulo de decepciones y tibiezas, podemos hablar de John Carpenter, cuyo trabajo en Sacred Bones prometía buenas cosas con los singles, pero después nada. Otra jugada a lo Hot Chip. Aunque no es el único del que se esperaba más, también ha pasado con el capo de L.I.E.S., Ron Morelli, o con el niño prodigio del house Julio Bashmore, que con Knockin’ Boots (Broadwalk, 2015) ha ido por buen camino. Mucho groove en algunos temas, pero no tanto en el disco en general. Algo parecido en resultados a lo que ha hecho Visionist. Pero siempre nos queda el margen de mejora. Del que desde luego esperábamos mucho más es de Balam Acab, que con Child Death, un trabajo publicado sobre la bocina, a final de año, nos ha dejado más bien fríos. En cambio, bastante satisfactorios los debuts en largo de Ah! Kosmos y de Helena Hauff, que con sus cortantes sintes lleva en su interior a una Anne Clark en potencia.

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Y hora, si nos referimos a los debuts del año, hay algunos nombres que no podemos eludir, como el magnífico cruce de ambient techno de DJ Richard , con cortes que hielan la sangre, o el de Levon Vincent, que ha mostrado sobradamente su capacidad para jugar en diferentes vertientes dentro del techno. Uno de los discos incontestables de este año. También ha habido debuts que han sonado bastante dentro del género como el de Zenker Brothers, aunque no es un disco con tantos matices como los dos anteriores. El que sí tiene bastantes matices, texturas y un interesante mensaje sobre la forma en que nos relacionamos en pleno siglo XXI, es el de Holly Herndon, uno de los indispensables de este año. Y cerramos este apartado con tres debuts en formato LP dignos de mención, empezando por el de SOPHIE , que se erige como el fenómeno más interesante y fresco de la PC Music, el esperadísimo y merecidamente reconocido debut de Floating Points y el primer largo de M.E.S.H., interesante por sus ganas de forzar sonidos e incomodar al oyente. Otro álbum no apto para pipiolos.

Estajanovistas e intrusos

En el apartado de esa gente ajena al mundo de la electrónica y que pasa al encantador mundo de los ruidicos, tenemos a dos personajes que destacar este año. Por un lado aparece Giles Corey, la voz cantante de Have a Nice Life, que este año ha debutado en largo como Black Wing, con un interesante álbum que oscila entre el noise, melodías lo-fi y sintes potentes. El otro salto totalmente inesperado ha sido el de John Frusciante, que se ha pasado ni más ni menos que al acid, tanto en su vertiente house como techno, a pesar de haber tonteado antes con la electrónica. Para este renacer se ha hecho llamar Trickfinger y ha sido una grata sorpresa. Tiene temas realmente buenos. No ha inventado nada, pero sabiendo de dónde viene, sorprende.

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Por lo que respecta a los estajanovistas, esos que no paran quietos ni aunque les amordaces en una silla, tenemos primero a Nicolas Jaar, que ha publicado su tercer LP, Pomegranates (Other People, 2015), la BSO alternativa de la película soviética The Color of Pomegranates de 1969. Un interesante ejercicio de ambient. Y después hemos tenido su saga de epés Nymphs (I, II y III). Tres publicaciones de experimentación house en las que saca lo mejor de sí mismo y pasa por encima del prescindible proyecto Darkside. No ha perdido el tiempo.

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Y para finalizar, hablando de gente hiperactiva, cómo no, en 2015 Legowelt. Todo el mundo sabe que Danny Wolfers va al aseo y mientras que tú miras el WhatsApp sentado en el inodoro, él te hace un disco y medio. Que sepamos ha publicado un puñado de discos y otros tantos epés. Y seguro que entre alias y eso que es la vida, se nos ha pasado algún proyecto más. Para mí, el más interesante, a nivel EP, Anaconda Flow (Technicolour, 2015), la referencia clásica del holandés con sintes analógicos y derivados techno, e Immensity of Cosmic Space (Unknown to the Unknown, 2015), un lanzamiento más espacial, con músculo y buenos vocales. Después en segunda línea están Vaporware Traks Vol. 1 (Creme Organization, 2015), el evocador y a la vez primigenio Tondalayo (Riverette, 2015), Laundromat of Your Mind (Bakk, 2015) e Institute Of The Overmind (Unknown to the Unknown, 2015). Unos pocos. A nivel de producciones en largo tenemos Swan Song of the Skunkape Original Soundtrack (Nightwind, 2015), una inhóspita BSO acorde al documental, que versa sobre tierras vírgenes en Mississippi. Y el resto ya son diferentes pseudónimos que podéis ver en su bandcamp, algunos son de calidad bastante cuestionable. Se sitúan por encima del resto El Saber del Arpavor (Nightwind Records, 2015), como Calimex Mental Implant Corp. y Avond Sluimer (Nightwind Records), como Nomad Ninja.

La remesa de EPs y singles

Este sería el lugar en el que podríamos deshacernos en un párrafo de tamaño bíblico, dada la inabarcable cantidad de lanzamientos interesantes que salen cada año, llegues a ellos o no. Así que vamos a empezar yendo al grano, haciendo mención de los más importantes, ya sea por calidad o por renombre. Por lo tanto, comenzamos el desfile de nombres con Richard D. James, que además de la ya típica ristra de temas inéditos, ha publicado oficialmente en Warp dos epés: Computer Controlled Acoustic Instruments pt2 (Warp, 2015) — como Aphex Twin — y Orphaned Deejay Selek 2006–08 — como AFX — . No a la altura de sus referencias en corto pero ya divisando un camino más prometedor que Syro. Después, en cuanto a epés más interesantes, tenemos la exótica y maravillosa colaboración a tres bandas entre James Holden, Floating Points y Maalem Mahmoud Guinia con Marhaba (Eglo, 2015) o el portentoso EP de Blanck Mass, The Great Confuso EP (Sacred Bones, 2015) con una estelar aportación de Genesis P. Orridge. De hecho, para algunos compañeros de redacción es mejor este que el propio LP Dumb Flesh (Sacred Bones, 2015). Y a falta de burialazo este año, hemos tenido el doble EP de otro querido de la casa, Zomby, con Let’s Jam en XL Recordings. Especial interés en el segundo volumen, superior en calidad al primero.

En lo que a techno se refiere, recomendable pasearse por el post de los pepinazos de 2015, ahí hay buen material a nivel de singles y epés. Además de eso, interesantes lanzamientos como el de son.sine, los ritmos electrizantes de Randomer en sus dos EP, el despliegue dub y acid de Photonz en Gnosis of Wolfers (Creme Organization, 2015), o las ricas texturas que nos ha enseñado Gavin Russom. Para los que quieren más músculo techno, dirigir sus oídos a las ondas que emiten el EP de Powell o el de Sleeparchive.

A nivel de synth siempre sale alguna cosa interesante, y esta vez ha sido en forma de Stop Suffering (Blackest Ever Black, 2015) de Tropic of Cancer. Y ahora vayamos a cosas no tan depresivas, como es el caso del colorido EP que nos ha regalado Chrome Sparks, la elocuencia de Bicep, el house estimulante de Phon.o con Velvet Rag (BPitch Control, 2015) o el de Royal Crown of Sweden, otro alias de Huerco S., que también ha publicado otro gran EP este año, Railroad Blues (Proibito, 2015). Y mención especial para Soft as Snow y su loco y sugestivo Chrysalis (Houndstooth, 2015). Muy recomendable.

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En el apartado de gente a la que siempre seguimos, Rex The Dog no ha estado muy entonado con You Are a Blade (Kompakt, 2015) y menos aún Delroy Edwards con Kickin Butts!! (L.A. Club Resource, 2015). Todo lo contrario que el regreso de Amon Tobin, que ha venido en su faceta más ambiental con un muy satisfactorio Dark Jovian (Ninja Tune, 2015). Bien también los bailes caseros que te habrás podido pegar con los epés de Artcrime o con el WT 21 (W.T., 2015) de Florian Kupfer. Mejor que su siguiente EP, Explora.

Y hasta aquí a grandes rasgos lo que ha dado de sí 2015 en lo que a electrónica internacional se refiere. Por si hay algún masoca con ganas de más, aquí dejo mi lista de spotify personal, más amplia que lo expuesto aquí. Eso sí, esta vez con menos de 200 temas. Nos seguimos leyendo en un 2016 que ya apunta manera(za)s.

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