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The Temperance Movement — White Bear

Usando sonidos alcoholizados como cimientos, quien sabe si como homenaje o como simple mofa del que canta al alcohol y la jarana a base de ufemismos, The Temperance Movement regresan este 2016 ya convertidos en maestros en esa ironía que también define al Rock. Ésta ha jugado un papel fundamental en la construcción de un discurso que critica todo lo criticable y que destruye remilgos a fin de caer en todo y cada uno de los excesos, y gracias a ella Phil Campbell y compañía hacen cosecha con un disco que es un alegato del cómo y del por qué el Rock es el sonido universal por antonomasia, consecuente sin ahogarse en el mar de los clichés y divertido sin perderse en el desierto de lo efímero.

Armados y rearmados tras un debut que les puso en boca de toda la prensa especializada en forma de la nueva esperanza del Blues británico y su particular respuesta a la invasión escandinava, el cuarteto regresa este 2016 con un disco que no revoluciona nada pues en el Blues es imposible, pero que sí añade pinceladas a una propuesta que acaba evolucionando hacia un sonido menos directo pero también más potente, apoyado en riffs que ganan en peso y se hacen más reconocibles y en unos desarrollos que visitan más lugares y dibujan más tonalidades. El objetivo es que el sophomore venza en el largo plazo al mal augurio de que la luz ha perdido en su batalla frente a las sombras, y este texto sirve para demostrar que así ha sido.

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White Bear (Earache, 2016) es un álbum afinado que hace lo posible por salirse del sota, caballo y gallo que acaba siendo la losa de este tipo de propuestas, ya sea por el continuismo con lo que funcionó antes o con el empeño en mantenerse bajo el abrigo de las producciones que de tan cristalinas acaban siendo transparentes y los sonidos amigables que acaban marcando la moda del momento. La tónica sigue siendo la misma pues el Blues hardroquizado no permite muchos excesos compositivos, pero la variedad en enfoques y planteamientos se atisba desde el primer momento, posiblemente alejando al oído más impaciente, ese que cayó cautivado con su debut, pero consolidando al otro lado al que busca algo más que el cliché y la autoreferencia.

Aumentar la potencia de las guitarras ha permitido a The Temperance Movement construir un disco más colorista y variado, demostrando que la virtud está en la constatación del contraste

Los riffs marcan la pauta y construyen un discurso bastante reconocible en el que el argumentario nos lleva desde el Blues más sureño hasta arrebatos de puro Rock ’N’ Roll desbocado en el que gracias a la rasgada y personal voz de Phil Campbell uno parece estar escuchando a unos ACDC rejuvenecidos. La lógica nos lleva también a pensar en Rival Sons (con quienes comparten sello) y en los míticos The Black Crowes, pero encerrarse en la ensalada de nombres sería injusto con un álbum que ofrece momentos de disfrute y diversión suficientes como para ser considerado por sus propias virtudes en vez de por los triunfos que antaño tuvieron otros.

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La renuncia a la inmediatez que uno debe esperar en este tipo de propuestas permite diseñar canciones que van desde los pepinazos como ‘Three Bulleits’ o ‘Modern Massacre’ hasta baladas y medios tiempos que recuerdan a la Invasión Británica a pesar de dejar la psicodelia a un lado (‘I Hope I’m Not Losing My Mind’, por ejemplo), amplitud de miras que demuestra que para huir del homenaje es más que suficiente con dejar que el sonido fluya hasta donde el género lleve, usándolo más como punto de partida que como línea roja a no traspasar en época de negociación de pactos.

8.1/10

En cualquier caso, importante al respecto de este White Bear no es ni la retórica ni la idealización abstracta. El segundo disco de The Temperance Movement es un divertidísimo alegato Rock que llega en el momento justo y desde el lugar adecuado. Claro, la época de las vacas gordas ya pasó y lo que antes eran colas multitudinarias esperando entrar al estadio ahora son murmullos cuando se abre la sala, pero son discos como éste los que recuerdan que el Blues y el Rock son universales y que esa universalidad también tiene influjo en lo temporal. Basta con dar al play, cerrar los ojos y dar el primer sorbo a la cerveza para darse cuenta de las certezas que descubre esta ironía, White Bear va a ser uno de los discursos más motivacionales de los que vais a escuchar este año. Disfrutadlo.

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