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Odio París — Cenizas y Flores

Para poder mantenerse vivo en esto de la música, tan importante como lograr aportar un trabajo(s) de calidad lo es también saber medir bien el timing. Conseguir estar en el lugar apropiado, pero también calcular el momento apropiado. Un poco de falta de timing y puede truncarse bastante tu carrera. Es doloroso, y probablemente bastante injusto, pero no deja de ser un factor de cierta importancia si no quiere uno quedarse atrás. Lo importante es llegar, sí, pero solo si no eres el que está sonando en el equipo de música.

Toda esta reflexión viene a raíz de Cenizas y Flores (Mushroom Pillow, 2016), segundo disco de la agrupación catalana conocida bajo el nombre de Odio París. Los barceloneses se dieron a conocer con un muy aceptable debut que evocaba bien el espíritu de esos primeros -primerísimos- Los Planetas con pildorazos pop preñados de guitarras de indie-noise. Todo ello lo hicieron hace cinco años (!) y en todo ese periodo para sacar su continuación su actividad ha sido bastante escasa (!!!). Eso para una banda que, al fin y al cabo, aún está intentando salir del cascarón, puede suponer un peligro bastante grave.

Odio París, cambiar de rumbo para seguir en la casilla de salida

Afortunadamente para ellos, su regreso no ha pasado desapercibido y más de uno está hablando de su segundo disco. No caer en saco roto ya es un pequeño triunfo, quizá uno de los pocos que podría extraer escuchando Cenizas y Flores. El grupo presenta cierta deriva estilística, más orientados hacia ese indie pop que tan bien cala entre el público medio de esos festivales que suelen presentar carteles clónicos. Una deriva que se aprecia especialmente en temas como ‘El último deshielo’, ‘Geometría coaxial’ o en ‘Voy a salir’.

No caer en saco roto ya es un pequeño triunfo, quizá uno de los pocos que podría extraer escuchando Cenizas y Flores

No obstante, cabe matizar a la hora de hablar de cambio estilístico, ya que en la mayoría del disco se sigue apreciando ese sonido con el que se dieron a conocer hace cinco años en su debut homónimo -’Camposanto’ mismo podría encajar sin demasiados problemas en dicho disco-, así que no estamos ni ante un cambio total ni ante puro continuismo. Tampoco el cambio parece dejarles en una especie de término medio entre ambos extremos, más bien parece un cambio de rumbo algo tímido que los deja prácticamente en la misma casilla de salida que con su anterior trabajo. Y, repetimos, han pasado cinco años desde entonces.

Demasiadas pocas cosas diferentes para un grupo que lo que necesitaba de este segundo disco era un verdadero impulso. Aún son capaces de dejar alguna buena joya como ya hicieran en su debut -esa ‘En Junio’ suena maravillosa sin importar cuantas veces se ponga en repeat-, pero el resto del cancionero no llega a ofrecer una mejora sustanciosa y el nivel se muestra excesivamente parejo con el de su predecesor con algunas canciones más normalitas y algunas hasta podría decirse que poco inspiradas.

6.2/10

Quizá lo que más sinsabor deje de este Cenizas y Flores no sea el pasable nivel de sus canciones a modo general, sino el hecho de presentar poca variabilidad tras un periodo tan prolongado de espera. Y la poca variabilidad existente tampoco es demasiado esperanzadora, porque nos sigue dejando la imagen de una banda debutante y aún muy verde. Se espera un avance algo más significativo por parte de unos Odio París que tenían, como poco, condiciones para hacer relevo generacional de Los Planetas y llegar a un público con el que sus maestros ya no conectan de manera tan fácil. Quizá aún cabe sitio para la esperanza, pero creo que algunos de los que se quedaron con buen sabor de boca con ellos hace años ya no tendrán tantas ganas para averiguarlo en el futuro.

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