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Hexvessel — Whe We Are Death

Aquello a lo que más quieres es lo que más posibilidades tiene de decepcionarte. La causa suele ser una visión idealizada de lo que es y lo que se supone que debe ser una banda, de lo que ha ofrecido y según nuestro punto de vista debe ofrecer en el futuro. La posición furibunda suele significar decepciones insalvables y puede que a causa de esto haya bandas que cambien de rumbo con la vista en el retrovisor, con temor ya no solo a decepcionar a los fans, sino con miedo a no estar a la altura en un terreno que tradicionalmente no ha sido el suyo.

De entre todas las potentísimas frases que contiene el divertidísimo libro de Caitlin Moran, Cómo se hace una chica (Anagrama, 2015), me quedo con una: “nunca escribas como un fan”. La moraleja nos lleva en dos direcciones, la de la importancia de despojarse de las filias y las fobias cuando llega el momento de hablar de un disco esperado y la de que contentar a los seguidores es mucho más complicado de lo que parece, sobre todo cuando por la cabeza del artista comienza a rondar la idea de que un cambio de sentido puede hacerse necesario.

Hexvessel y un adiós al folk que no hacía ninguna falta

Y la verdad es que ante la tesitura arriba citada nos debemos encontrar servidor y Mat McNerney, la mente pensante tras Hexvessel. Lógicamente cada uno desde su propio lado del prisma.

La idea, el objetivo, son encomiables. Es comprensible que tras tanto deambular con mil y un proyectos con mil y un sonidos al llegar a la banda madre uno quiera detener el vehículo, tomar aire y, tras admirar un poco el paisaje, emprender ese camino que a pesar de los infaustos augurios parece prometer empaque y gloria. Es posible que la mayoría no entienda el sacrificio en el corto plazo, pero también lo es que si se es capaz de estar a la altura la nueva propuesta ofrezca unas posibilidades de crecimiento impensadas desde el corsé de la idea primigenia.

Hexvessel han sacrificado la magia de su sonido en pos de una perfección que, por ambiciosa, no les sienta nada bien

El problema que tienen Hexvessel hoy es que este When We Are Death (Nuclear Blast, 2016) es impactante a la hora de demostrar que el defecto no ha nacido de la necesidad, sino más bien del empeño, del capricho por ser más mejores y más grandes en un momento que no es el adecuado. Y esto es así porque la fórmula basada en el Folk y la Psicodelia aparenta tener aún bastante recorrido (máxime cuando los momentos más interesantes del álbum son los encaminados en esta senda), mientras que el sentido más Prog de lo planteado más que añadir matices lo que ha hecho ha sido robar la magia de la música de los finlandeses, ha extraído todo lo que les hacía únicos, ha robado la esencia vital del combinado para dejarlo convertido en un amasijo de huesos y pellejo como si de la víctima de un villano de Dragon Ball se tratase.

Evidentemente las señas de identidad de Hexvessel siguen ahí, no han pagado el peaje de la desaparición por culpa del viaje hacia la esencia setentera y el ecuador del disco es terco al demostrarlo. Además, Mat McNerney sigue cantando desprovisto de virtuosismos pero de forma muy emotiva, la instrumentación sigue siendo sobria y elegante, a tono con unas composiciones que evocan a lo boscoso, a la humedad de la niebla y a veces a la oscuridad de la tiniebla. La causa de la decepción con en el tercer largo de los finlandeses es que todo en él suena opaco, apagado, todo está demasiado perfilado y carece de ese punch que les había convertido en una de las bandas más especiales del panorama europeo.

Puede que las expectativas propias sean una losa injusta para Hexvessel, pero también sería estúpido irresponsabilizarles de unas decisiones que parecen equivocadas

Los desarrollos instrumentales parecen más preocupados por la forma que por el fondo. Todo parece demasiado calculado, encorsetado, la impresión es que las canciones no crecen porque ello podría significar una puesta en riesgo del castillo de naipes montado. La locura, el riesgo, la estridencia no tienen lugar en el disco. En la pelea entre la forma y el fondo el sacrificado ha sido el segundo, y en ese punto, ante unas expectativas que se habían visto disparadas por ejercicios de magia descontrolada como ‘Masks of the Universe’, ya no es que Hexvessel hayan sido incapaces de estar a la altura de lo esperado, es que ellos mismos se han aplastado bajo una losa de corrección por ese miedo a salirse del guión cuando no se conoce al detalle ese charco en el que uno acaba de meterse.

Por fortuna no todo son malas noticias en este When We Are Death, pues si escarbamos un poco entre los escombros de la perfección encontramos pequeñas joyitas como ‘Mirror Boy’, ‘Drugged up on the Universe’ o ‘Green Gold’, temas que remiten a todo lo que nos gustaba de Hexvessel, con esos desarrollos mortuorios, auroras boreales en forma de lisérgico caleidoscopio y lamentos que abrigan cuando el invierno está en todo su apogeo. La conclusión duele, pero también nos permite albergar la esperanza de que los finlandeses puedan desandar lo andado en sus próximos discos.

6/10

“Nunca escribas como un fan”, me grita Dolly Wilde desde el Kindle, mirándome con condescendencia mientras espera que mis colmillos afilados vuelvan a lanzar las ya tradicionales detelladas. El tema es que mis expectativas son problema mío, y que hoy, a conciencia, he permitido que las palabras sean más duras que los números. Será la esperanza. Será el cariño. Será que ocultar que algo nos gusta aparte de ser muy complicado es una soberana pérdida de tiempo. Tranquilos, ella también acabó aprendiendo la lección.

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