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Youtube compra BandPage

La vida de BandPage siempre ha pendido de un hilo. Fundada en 2009 por James Sider en California, ya tuvo en el pasado dos amagos de muerte prematura: a mediados de 2012 cuando Facebook decidió prescindir de ella como plugin, perdiendo así el 90% de su tráfico, y hace dos años, cuando sus números de beneficio líquido no se correspondían a su inversión. Pero desde un tiempo a esta parte, BandPage ha ido sumando versiones de su aplicación, integrándose en Twitter, Shazam, Spotify, Xbox Music (actual Groove en Windows 10) o SoundCloud. Durante un tiempo funcionó como sistema de suscripción por dos dólares al mes añadiendo características plus, pero al final desistió y optó por un sistema de patronazgo a cambio del 15% de los ingresos que recaude cada artista en ventas.

Aunque Google no ha hecho público el importe de la transacción se habla de entre ocho y diez millones de dólares. Calderilla comparado con otros movimientos de la industria. Siguiendo una mentalidad a la de Spotify cuando adquirió SoundWave y Card Project, la idea de Youtube es prestar atención a las estrellas emergentes, a los generadores de tendencias, tal y como hacen con los youtubers. La estrategia de BandPage siempre ha sido servir a los artistas la posibilidad de generar ingresos a través de su música sin intermediarios mediante. Los royalties nacen del tráfico y la publicidad, enlazando la venta de entradas de un concierto o gira, los clicks, reproducciones y visitas en un vídeo o canción, y así es el propio músico o banda el que controla su cartera con un marketing directo.

RootMusic creó el algoritmo para convertir algo tan intangible en una pasarela inteligente que recoge todos los datos de tráfico e impresiones: un paraíso para quienes empiezan regalándolo todo, subiendo cada progreso con tal de ser vistos y escuchados. Youtube tiene la posibilidad, como pocos, de hacer crecer esta idea o ponerla únicamente al servicio de gigantes apoltronados que se quejan de cuánto les roban cuando descargan su disco o la escasa rentabilidad que les provee tener el álbum completo subido en Spotify, aquella miseria que señalaba Taylor Swift: «5.600 dólares por 178 millones de reproducciones». O peor, aquello que dijo Antonio Resines a propósito de la piratería en la 30 edición de los Premios Goya: «en 2015 se descargaron 1.900 películas por minuto».

El compromiso de BandCamp, dicen, sigue siendo el mismo: «hacer crecer una red abierta de servicios de música digital, el desarrollo de nuevas herramientas inteligentes para la gestión/distribución de contenidos y crear nuevas oportunidades de ingresos para cualquier artista». En su último año han declarado unos beneficios líquidos de casi veinte millones de dólares. Youtube ha potenciado una nueva gramática, irrumpiendo culturalmente con un lenguaje donde entra en juego una nueva forma de ganarse la vida. No se dice “chaval al que le pagan por subir vídeos”, sino youtuber. En sus manos está hacer lo mismo con los músicos, mientras en el horizonte asoma ese Youtube Red, sistema de pago sin publicidad y con el que pretenden plantar cara a los adBlockers de turno que tantos dolores de cabeza les traen. Ya veremos.

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