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Kerridge — Fatal Light Attraction

Samuel Kerridge ya vino el año pasado a apretarnos contra la pared para evitar que pudiéramos respirar, golpeándonos con opacas atmósferas que a veces no dejaban lugar para coger algo de oxígeno. Always Offended Never Ashamed (Contort, 2015) era un trabajo laberíntico, asfixiante y perturbador. Pero el bueno de Samuel no ha tenido suficiente y en menos de un año ha decidido que eso de incomodar al personal no está tan mal, y que por qué no publicar otro LP. Así que, por qué no: Fatal Light Attraction (Downwards, 2016) es otro álbum incómodo, experimental, perfecto para perforarte los tímpanos.

Ha cogido buena carrerilla, saliendo a disco por año, y cada trabajo traza unas líneas maestras obvias, que son las que demanda el techno industrial, pero hay pequeñas modificaciones. Si en el curso anterior Kerridge venía con ambientaciones más densas, Fatal Light Attraction es un álbum más seco, donde el bombo te golpea como una correa de transmisión que no tiene final, alimentada por la propia energía que va generando. La percusión arrea sin piedad, mientras somete los sonidos a frecuencias cada vez más retorcidas y a vocales que se desintegran y suenan a un robot chamuscado, como los últimos instantes del T-800 de la primera Terminator. Eso es este álbum de Kerridge, la tensión de la última persecución del esqueleto metálico a Sarah Connor. El escenario, una fría fábrica, rodeada de maquinaria industrial trabajando automáticamente y un autómata haciéndote pasar una pesadilla.

Electrónica retorcida para momentos que lo requieren

Un disco que vuelve a arrinconar y a expulsar a aquellos que no son capaces de soportar los sonidos extremos que abren este conjunto de siete temas. Mientras que ‘FLA 1’ representa la parte más radical por su agresivo desarrollo, en barbaridades como ‘FLA 2’ se puede encontrar el placer. Es soberbio ver la evolución de la rama industrial y cómo gente como Kerridge la implementa con todo el salvajismo que puede, sin concesiones. Dijo el otro día DOC que lo nuevo de Triángulo le había dejado el cerebro hecho añicos. Esto va mucho más allá, el berlinés lo destruye antes de que dé tiempo a que salga expulsado de la sesera. Y en efecto, puede que sea un placer masoquista, de hecho lo es. Pero estamos viviendo una época dorada del taladro, como se conoce en esta casa con sorna y cariñosamente a esos productores que con saña intentan aniquilarnos a través de los oídos.

7.5/10

Dejando de lado lo que pueda gustar o no la penetrante propuesta sonora de Kerridge, está llevando el terreno de lo industrial a derroteros a los que pocos llegan. Donde muchos se conforman con beats muy marcados y graves prominentes, si acaso con alguna efectiva ambientación que jalone las canciones, el berlinés juega con sonidos erráticos, con efectos experimentales que estresan como pocos. Con este trabajo ha llegado a un nivel de ruidismo que no había sobrepasado en sus dos álbumes anteriores, y sigue elevando su propio listón. Dentro de estas coordenadas sonoras más violentas todavía, hay donde elegir, bien en cortes más al estilo de techno industrial pesado como ‘FLA 5’ y las propuestas más radicales como ‘FLA 7’, que son, al fin y al cabo, las que destapan a Samuel Kerridge como uno de los elementos diferenciadores del industrial actual. Es un trabajo bastante crudo e incómodo, de los que difícilmente dejan indiferente, acorde a la realidad que está viviendo Alemania en algunos episodios recientes. Podría ser su banda sonora. Difícil mirar a otro lado con todo lo que está pasando.

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