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Radiohead — A Moon Shaped Pool

Las cosas que más sueles admirar en la gente son, seguramente, las menos comunes. Una virtud universal pasará desapercibida, pero cuando todos solemos comportarnos de manera censurable con respecto a algún hecho vital, y hay otros que no, vuelves a creer un poco en esa humanidad a la que tú deshonras a diario. Yo, por ejemplo, soy un procrastinador empedernido. Antes a eso le llamábamos vago, pero procrastinar es un verbo muy difícil de escribir y pronunciar, por lo que nos ahorramos afrontar nuestras miserias. Detesto, pues, a la gente vaga y admiro a los trabajadores, incluso cuando no se les agradece.

Otra de las cosas que admiro y que es todavía más inusual, es cuando la gente entiende que ha llegado su momento para dejarlo. Ocurre siempre, pero habitualmente con bastante retraso con respecto al momento en el que todo el mundo se da cuenta de que es mejor que dés un paso a un lado. Esto vale para sujetos que se jubilan tarde, para deportistas que rompen una leyenda arrastrándose, o incluso para series a las que le sobran varias temporadas, o libros de 700 páginas que se podrían contar perfectamente en 400. Es un mal enormemente extendido. Y, quizás esta vez sí, somos partícipes al no querer desprendernos de ese tipo de cosas, e incentivar su continuidad.

A Moon Shaped Pool: trágate tus prejuicios

A raíz de esto, toca ser honesto con uno mismo y poner a parir A Moon Shaped Pool (XL Records, 2016), el noveno disco de estudio de Radiohead. Y mi principal argumento para decir esto es que, tras el denostadísimo The King of Limbs, han tardado cinco años en lanzar un nuevo trabajo, y, a medida que íbamos sabiendo de él, conocíamos que un porcentaje importantísimo de su tracklist estaría compuesto por canciones ya conocidas. Vamos, que da cierta apariencia de vagos. Aunque, no os voy a mentir, yo me considero fan de Radiohead sin el suficiente tiempo libre para escarbar cada uno de los directos de la banda en Youtube, por lo que mi única canción ya conocida era ‘True Love Waits’… si es que la de A Moon Shaped Pool sigue siendo la misma ‘True Love Waits’.

Además de por la vagancia, tocaría suspender este disco por su falta de coherencia interna. Por estar hecho a base de sobras, vaya. Cada una de su padre y de su madre, de su época, con pocas cosas en común en muchos casos. Tanto es así, que Radiohead da a conocer el trabajo con ‘Burn the Witch’, que inicia el disco… y a posteriori vemos que ese adelanto no tiene absolutamente nada que ver con el resto del tracklist. En su día lo escuchamos, atentos, por fin había música nueva tras tanta parafernalia publicitaria, entretenida (el pajarico será ya historia viva de la música de este siglo) y cansina a partes iguales. Y la música era estupenda. En la oficina había quien venía con el cuchillo entre los dientes, con ganas de matar al mito que empezaba a morirse tras The King of Limbs. Y se tragó el cuchillo.

Al final quedan las canciones, coherentes entre sí o no tanto. Y A Moon Shaped Pool tiene un buen puñado de ellas fantásticas

Pero no sirvió de pista fiable. Llegó después ‘Daydreaming’, como si de un grupo absolutamente distinto se tratase. Un tema puramente Amnesiac, que bien podría ser el hermano electrónico de ‘Pyramid Song’. Y se perdió por un momento la magia. Por un momento, digo. A día de hoy ‘Daydreaming’ me tiene completamente embobado y bastante enamorado. Y sí, las facultades hipnóticas que facilitan el sueño de mi hija al escucharla pueden haberle hecho ganar puntos. Pero centrémonos: vagos, falta de coherencia interna, de hilo conductor…. y ahora llegan las que no habíamos escuchado. Procedamos a rajar.

Ya… pero… es que… mirad, al final esto va de escuchar canciones y que te gusten. Que te emocionen. Y lo de vagos se te olvida al ser consciente de que todas las bandas meten canciones antiguas en sus discos nuevos, sin que nos enteremos (y sí, Radiohead han llegado a ser Radiohead precisamente porque son distintos a todas las demás bandas, pero descansad un poquito, anda). Al final, digo, quedan las canciones, coherentes entre sí o no tanto. Y A Moon Shaped Pool tiene un puñado de ellas fantásticas. Hablando de Radiohead, seguramente sea un disco casi menor en su discografía (solo supera al Pablo Honey y a The King of Limbs, el resto es debatible), y aún así me tiene secuestrado.

Buceo en los más de cincuenta minutos de A Moon Shaped Pool y me encuentro de todo, pero casi todo enormemente solvente y con una buena dosis de magia de cuando en cuando. Por mucho que exista esa impresión de dejadez, hasta en la elección del orden del tracklist, en riguroso orden alfabético, como si de una filtración temprana se tratase. Solo ‘Glass Eyes’, entre las más cercanas a unos Radiohead clásicos, me deja un poco indiferente, hasta el arreón final, que la arregla un poco. En A Moon Shaped Pool emerge la figura de la banda en general, no solo de Yorke, y concretamente de Jonny Greenwood en particular, enorme en los innumerables arreglos de cuerda. Sobresaliente en ese aspecto. Y también en los coros, como los de una ‘Decks Dark’ minúscula y, a la vez, grandiosa.

Por haber, hay hasta algunos de los mejores temas de Radiohead en muchos años. Y si no, poneos ‘Ful Stop’, un locurón creciente, contenido hasta que uno se imagina a la banda llegando a ese momento que marca el 03:11 y generando una convulsión colectiva en directo. Otro dato de estado de forma inalcanzable para los demás. O el poderoso atractivo de ese ritmo de percusión inicial en ‘Identikit’. Apenas unos segundos que te atrapan y te hacen sentir como en casa. Como en la mejor de las casas. Quizás el tema en el que más luce la voz de Yorke, y en el que los arreglos finales de guitarra de Greenwood más sobrecogidos nos dejan. Una canción de nuevo excelente.

8,6/10

Y por si fuesen pocas las canciones en las que, como diría probertoj, alzas la vista hacia la pantalla para interesarte por el título de la misma, captando tu atención, la recta final con ‘The Numbers’, de evocación onírica y pujanza como colofón (otra vez las cuerdas, otra vez Greenwood, seguramente el protagonista real de A Moon Shaped Pool) o la deliciosa ‘Tinker Tailor Soldier Sailor Rich Man Poor Man Beggar Man Thief’, como para acordarse de este título, nos terminan por convencer del todo. Incluso a falta de una nueva versión de ‘True Love Waits’, seguramente innecesaria y no exenta de polémica. Tanto como preciosa, como delicada y profundamente bella. No creo que tenga mucho que envidiar a su hermana mayor. Y sí, me he planteado que mi amor por la banda me ciegue y me haga ver belleza donde no la hay. Pero no tuve problemas en decir que su disco anterior era bastante prescindible. Este no, este es una preciosidad.

Acaba A Moon Shaped Pool. Acaba un puñado de canciones sin un hilo conductor claro. Acaba una auténtica hermosura.

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