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The Last Shadow Puppets — Everything You’ve Come to Expect

Ésta es la historia de un seis triste. No es un seis de ésos de “prometedora banda de jovenzuelos que entra en nuestro radar y a la que prometemos seguirle la pista muy de cerca” ni un seis de los de “disco al que cabe aplaudir sus intenciones pero que acaba resultando algo fallido”. No, ni siquiera es un seis de esos vagos de “digno y meritorio regreso de este veterano grupo después de varias décadas de carrera”. Y fíjate que esos seises suelen ser los peores, pero ni siquiera es de ésos. Everything You’ve Come to Expect, segundo disco de The Last Shadow Puppets es un seis random, indiferente y sin personalidad, un seis que dice algo muy triste de un disco: he escuchado éste, pero podría haber sido cualquier otro, y me habría parecido lo mismo.

https://www.youtube.com/embed/Y9YzPEu1TSw

Es además un seis tardío, lo cual os puede dar una idea de la fascinación que ha causado el disco entre la redacción. El que los metió en la lista de álbumes más esperados del año se borra de manera cobarde, el que era medio fan dice que meh, el que dice que está bien luego también dice que bueno, pero que la crítica la haga otro. Dos meses pasándonos la pelota, muriendo de pereza ante la mera posibilidad de tener que llenar cuatro párrafos con un disco que sí-muy-bien-gracias-por-venir, pero que tiene menos historia que una película de Woody Allen de la última década.

https://www.youtube.com/embed/zGbOF4UPpfs

Hace casi una década que The Last Shadow Puppets (el dúo formado por Alex Turner y Miles Kane) lanzaron su notable disco de debut y desde entonces han pasado muchas cosas, al menos a la mitad de sus componentes. Arctic Monkeys habían publicado sólo sus dos primeros discos en 2008 y después del disco de la chica guapa en la portada dieron el salto de calidad que experimentaron con el tercero y el ascenso de los monos a su actual estatus de gran-banda-de-rock a ambos lados del Atlántico. Kane no, Kane sigue siendo “el otro” (le doy diez euros a quien sepa decirme el título de una canción de The Rascals hoy en día sin mirar Google), pero ha pasado tanto tiempo para uno (y a lo mejor tan poco para el otro) que cada vez parecía menos probable un segundo disco de este proyecto. Y casi mejor, porque de hecho cada vez parecía tener menos sentido.

Alguien les ha dicho que tienen que ser “sofisticados”. Muy sofisticados, mucho, todo el rato

Y ahora que tenemos el disco entre manos, pues… la cosa viene a confirmarse. Seguimos contando un poco el mismo chiste, quizá atrasando por momentos un poco el reloj de los primeros sesenta a algún añito más tarde, pero los ingredientes siguen siendo los mismos (ya nos sabemos el rollito de “canciones para películas de Bond que nunca existieron”) y la capacidad de sorpresa, ya mínima. Hay sobre todo un problema: alguien les ha dicho que tienen que ser sofisticados. Muy sofisticados, mucho, todo el rato, asacoputo de sofisticación. Y claro, el concepto sofisticación es tan gaseoso que depende de cómo lo uses, puedes ser Mad Men o Pan Am. O, ejem, Velvet. Y no sólo se meten en ese jardín, también en otro muy peliagudo: el siempre vomitivo concepto de canalla: son muy pillines y muy truhanes, les gustan mucho las mujeres y ligan mucho. Y están todo el rato hablando de ello (hasta el punto de que a Kane parece que le ha devorado el personaje). Así que de nuevo: según las decisiones que tomes por el camino puedes ser Jon Hamm o Bertín Osborne. Y si juegas a ambas cosas (quiero ser sofisticado y también canalla), puede que acabes escribiendo cosas como ‘Miracle Aligner’: Tell him what you want and baby / He can find you anything you need / Tell him what you’re needing / Come on Miracle aligner / Go and get ’em tiger / Get down on your knees / Get down on your knees again. O aquello de Baby we ought to fuck seven years of bad luck out the powder room mirror en ‘Sweet Dreams, TN’. Uf, uf.

https://www.youtube.com/embed/Fd1Xc6-6VVg

6/10

¿En resumen? Pues que más jitazos como ‘Bad Habits’ y menos tontería, chavalines, eso es lo que os hace falta. Que necesitáis quitaros un poco la tontería y currar un poco más un disco que es pura inercia y envoltorio hueco (el mejor del disco es Owen Pallett), que te despistas un momento y ha empezado la siguiente canción y apenas puedes distinguirla de la que estabas escuchando. Todo muy correcto, pero a espabilar y a currar más. Y mientras tanto, un seis triste.

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