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Los mejores discos tristes de 2016

Las mejores horas de música para escuchar bien metido en la mierda

Con el Chou seal of approval

Bien. Se acaba 2016, y eso se supone que sirve de alivio para todos. Principalmente para casi toda aquella persona relacionada con la música y que estuviese en edad de riesgo (o no) para ir palmándola. Así que como ha sido un año de mierda, podríamos decir que la sección de discos tristes es la que más le pega al camino recorrido, o la que más apetece consultar cuando estamos llorando la muerte de alguno de los mitos que en este año nos han dejado… entre ellos, alguno de los más grandes maestros del género que nos ocupa. Pasemos, pues, al asunto en cuestións. Estos son, según Hipersónica, los diez mejores discos tristes de 2016.

10. Nick Cave and the Bad Seeds — Skeleton Tree


Aunque nunca se pueden soltar frases lapidarias cuando hablamos de esta gente, parece que Nick Cave & the Bad Seeds se han instalado en la zona de los discos tristes. Si Push the Sky Away ya contaba con todos los ingredientes para entrar en este Top (por entonces no existía), Skeleton Tree, el disco en el que la muerte del hijo de Cave lo mediatizó todo, se ha convertido en imprescindible. Un trabajo absolutamente angustioso, en el que la tensión, la atmósfera oscura y un puñado de entrañas desangrándose están siempre presentes. El megadivo, mostrándose más vulnerable que nunca, y temas como ‘Jesus Alone’ o ‘I Need You’ formando ya parte de su magistral repertorio.

Más en Hipersónica | Nick Cave & the Bad Seeds — Skeleton Tree

9. Eluvium — False Readings On


Aunque no sea estrictamente cierto lo que voy a decir (en este mismo Top hay ejemplos de lo contrario), se supone que los discos tristes nos deberían transmitir cierta sensación de calma y sosiego. De la mano de esas sensaciones, vendrían otras como las de libertad o incluso la impresión de que la levitación está al alcance de nuestra mano. De volver a nacer, en un océano infinito de calma, en el que jamás podrías ahogarte mientras suena False Readings On, o su ‘Fugue State’. 66 minutos (todo un riesgo) de una propuesta ambient exigente, pero que premiará a todo aquel que se acerque al trabajo de Eluvium. Inspiradísimo, de lo mejor que nos ha dejado la música ambiental en estos doce meses.

Más en Hipersónica | Eluvium — False Readings On

8. Colin Stetson — Sorrow


Llegó a última hora en nuestro año particular (Hipersónica llega siempre tarde a todo, recordad que esa es una de nuestras principales señas de identidad), pero lo hizo con una fuerza incontestable. Con tanta, que acabó sobreponiéndose a las dudas de si no sería la de Colin Stetson revisionando la 3ª sinfonía de Górecki una propuesta demasiado esnob incluso para nosotros, cuñados profesionales. Pero es que lo merece, tanto, que no nos importa repetir por enésima vez en las últimas semanas que los tres temas que componen Sorrow nos dejan boquiabiertos ante la maestría con la que fusionamos la neoclásica obvia con el post-rock o el folk. Un trabajo absolutamente imprescindible. Probablemente lo mejor que ha parido un artista que colabora habitualmente con gente como Arcade Fire, Animal Collective o Tom Waits.

Más en Hipersónica | Colin Stetson — Sorrow

7. Julianna Barwick — Will


Uno de los discos más exigentes del Top. La de Brooklyn ha conseguido graduarse definifitavamente de la mano de temas tan magníficos como ‘St. Apolonia’ o ‘Nebula’, honrando la figura de Grouper cuando encara su vena más ambient, o llevándonos de la mano de aquellos pianistas que peinan ya muchas más canas que ella, con el mismo rigor que un veterano. Will es un disco en el que Barwick lo asume todo, lo afronta todo, y sale extraordinariamente victoriosa. Ese camino en el que una figura prometedora pasa a convertirse en imprescindible. En absoluto referente para entender su etiqueta en la actualidad.

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6. Mitski — Puberty 2


Seguramente la figura de Mitski haya supuesto una de las mayores revelaciones de este 2016. Aún con eso, probablemente su presencia en una lista de discos tristes sea discutible, ya que Puberty 2 contiene altas dosis de sonidos noise rock, pero como ahí anda cierto bucolismo y querencia por el dream pop, y sobre todo porque es mi lista y me la follo cuando quiero, aquí la tenéis. También neoyorquina y también en Dead Oceans, como Julianna Barwick, Mitski se ha sacado de la manga uno de los temas más perfectos del ano, ‘Your Best American Girl’, y ha sabido acompañarlo de un conjunto de canciones enormemente solventes, véase la más elaborada ‘Happy’ o el punto romántico pero nada bobalicón de ‘Once More to See You’. Una irrupción estupenda, veremos si con solución de continuidad.

Más en Hipersónica | Mitski — Puberty 2

5. Jóhann Jóhannsson — Orphée


El islandés, mucho más centrado ya en sus trabajos para el cine que en los discos de factura propia, ha conseguido encontrar tiempo entre encargos interminables (su nombre cada vez es más conocido en Hollywood y parece bastante claro que optará a quedarse con uno de los sillones vacantes cuando gente como Morricone o Williams vayan dejando paso) entre los que destacan Arrival o el remake de Blade Runner, para regalarnos una entregra sin corsés. Y el resultado ha sido sublime, como acostumbra. El inicio de Orphée, con ‘Flight from the City’ rompiendo el hielo, es de esos que te corta por dentro. Que desgarra cada una de tus entrañas y despierta sentimientos que estarías encantado dejando que se enquistasen dentro de ti, como si algún día pudieses ser alguien distindo de quien eres. El mayor de los maestros del cotarro en la actualidad.

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4. Keaton Henson — Kindly Now


Cualquiera que sea seguidor más o menos habitual de Hipersónica, o si me permitís personalizar, de los discos de los que yo hablo, sabrá que la irrupción de un artista tan extraordinario como Keaton Henson me parece una de las mejores noticias del último lustro. El londinense había dado señales de poder manejarse ya no con solvencia, sino con maestría, en el folk, en la neoclásica o en la electrónica. Es por eso que, cuando supimos que llegaba Kindly Now, además de la ansiedad propia de aquel que sabe que uno de sus músicos favoritos está a punto de compartir nuevo material, se pregunta cuál de las caras de Henson se dejará ver en esta ocasión. Kindly Now resuelve el misterio: vuelve el terreno más folk, si bien estamos ante el disco más plural y ecléctico del artista, que consigue continuar una carrera absolutamente impecable con maravillas a la altura de ‘Alright’ o ‘Comfortable Love’.

Más en Hipersónica | Keaton Henson — Kindly Now

3. Radiohead — A Moon Shaped Pool


En 2016 ha tocado disco de Radiohead. El primero desde aquel claramente fallido The King of Limbs, que incluso entre los que somos bastante fans de la banda sembró la duda de si estarían capacitados para volver a emocionarnos. No es que se esperase nada a la altura del trío de ases The Bends-OK Computer-Kid A, pero al menos sí un disco que nos permitiese volver a creer en la capacidad de la que para muchos es mejor banda de las últimas décadas a la hora de hacernos disfrutar con su trabajo. Pues bien. Objetivo alcanzado. Con varios cuerpos de distancia. A Moon Shaped Pool, que recientemente hemos conocido que estaba fuertemente inspirado en la historia de amor que Thom Yorke vivió con su pareja de toda la vida, Rachel Owen, y que falleció ayer víctima de un cáncer, bien podría ser considerado el mejor disco de Radiohead desde aquel Kid A (aunque esta afirmación tendría sus detractores, y quizás con razón). La bestialidad de ‘Ful Stop’, el pajarico que tanto emocionó a esta casa con ‘Burn the Witch’ o las percusiones de ‘Identikit’ confluyen en un trabajo magnífico.

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2. Ólafur Arnalds — Island Songs


Un islandés recorriendo su país para buscar parajes en los que dar rienda suelta a la inspiración y a sus nuevas composiciones. Acompañado de unos cuantos colegas. Para matar tanto bucolismo, dejemos el plan mochilero en casa, y circulemos con un par de camiones llenos de pianos, pedales, violines, distorsión y aparatejos varios. Si antes decíamos que el rey del cotarro neoclásico (con permiso de muchos) es Jóhann Jóhannsson, aquí hay un descarado jovenzuelo compatriota que está dispuesto a dar el sorpasso antes o después. Ólafur Arnalds lleva varios años entregando trabajos espectacularmente bellos, y este 2016, en parte de la mano de su eterno compañero, Nils Frahm, con quien también editó Trance Frendz, se ha acabado de consagrar. Island Songs es un EP donde el piano es la pieza fundamental, y en manos de Arnalds poco más hace falta para admirar a aquel que posee un talento fuera de lo común. Escucha obligatoria, en cientos de situaciones distintas.

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1. Daughter — Not to Dissappear


No estaban invitados a la fiesta de los más grandes. No se esperaba que llegasen, viesen y venciesen. Y mucho menos con el factor en contra de haber lanzado disco en las primeras semanas del año, con lo difícil que es subsistir en un mundo de decenas de entregas semanas tras semanas. Pero con lo reciente que tenemos los discos de varios de los nombres más grandes del dream pop, además de estar expectantes ante lo que puedan entregar The xx en las próximas semanas, ya podemos decir que Daughter, tras este extraordinario segundo álbum, pertenecen al grupo de los elegidos. A aquellos que merecen desde ya (porque además en directo mejoran sus prestaciones) figurar en un tamaño de fuente bien grande en los festivales de mayor renombre. Hemos ampliado la propuesta electrónica, hemos conseguido emocionar como nadie en ‘Doing the Right Thing’, elevar el nervio en ‘Don’t Care’ o entregar otros temas tan fascinantes como ‘Numbers’ o ‘Mothers’. Alternando momentos en los que un nudo en la garganta aprieta hasta el ahogamiento, con otros en los que por fin llega una bocanada de aire que permite soltar esas lágrimas encadenadas a tu interior. El disco triste más grande de este año. El grupo que más ha evolucionado desde su debut hasta hoy.

Más en Hipersónica | Daughter — Not to Dissappear

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