Anuncios

Run The Jewels — RTJ 3

Son los padres.


Every new record’s my dick in a box.

El-P y Killer Mike han vuelto con regalito, como bien espetan en ‘Legend Has It’. El 24 de diciembre, en pleno atracón navideño, Run The Jewels dejaron bajo el árbol este regalito, la continuación del ya lejano Run The Jewels 2 (2014). No fue estrictamente por sorpresa, porque sabíamos, nos habían avisado, de que llegaría para enero. Pero la maniobra de lanzarlo antes nos devolvió a tiempos mejores. Los Reyes son los padres y Papá Noel, Run The Jewels.

“Música de navidad”, la gente de Rate Your Music ha entendido bien lo que implica este nuevo disco de RTJ.

Hasta ahora, era imposible no amarles: claro que el debut o RTJ2 tenían momentos en los que bajaban el pistón, pero todo en torno a su universo parecía girar con la velocidad desbocada de las atracciones de feria más salvajes, esas que te dan vueltas a todas velocidad hasta que pierdes el sentido. Run The Jewels iban de hacer asumible un mundo duro, oscuro y, en demasiadas ocasiones, nada divertido.

https://www.youtube.com/watch?v=DqsDYhVjx8w

Que vuelvan en la rampa de lanzamiento de la Era Trump tiene todo el sentido del mundo. Que además parezcan haber levantado el pie del acelerador les hace más valiosos aún. Podían haber firmado su XTRMNTR, un disco de electropunkfestivo enfrentado al espíritu de los tiempos, pero en realidad lo que han creado es una obra ominosa, tensa, casi como una BSO alternativa para ‘Hijos de los hombres’, película a la que el tiempo está poniendo en su sitio. A ese film citan en la piedra de toque del disco, la suite ‘A Report To Shareholders/Kill Your Masters’, con Zack de La Rocha de por medio:

Coming soon on a new world tour

Probably play the score for the World War

At the apocalypse, play the encore

Turn around, see El, and I smile

Hell coming and we got about a mile

Until it’s over I remain hostile…

Hijos de los Ballard.

Por supuesto, la actitud sigue afectando al sonido. Los paisajes sonoros de El-P, esa sensación de que sus canciones viven en el vacío de los relato de Ballard, se mantienen. Hasta en los temas más apacibles, como ‘2100’, el armazón es de una desazón vital insoportable. También, claro, las letras:

How long before the hate that we hold

Lead us to another Holocaust?

Are we so deep in it that we can’t end it?

Stop, hold, ever call it off

It’s too clear, nuclear’s too near

And the holders of the molotov

Say that “revolution’s right here, right now”

And they ain’t callin’ off

El camino está lleno de sorpresas y es difícil resistirse. Como cuando en ‘Panther Like a Panther’ parece que se vayan a samplear el tema central de la BSO de Halloween en la canción más bailable. O el láser ochentero de ‘Everybody Stay Calm’, claro reflejo de lo en forma que sigue El-P para que su estilo nunca pierda comba (y no viene solo: ese “I’m the Nelson Mandela of Atlanta dope sellers”; brillante Killer Mike). Y tener a Danny Brown ahora mismo es señal de que una de tus canciones va a ser la hostia (aquí, ‘Hey, Kids (Bumaye)’).

Fast, Fun, Furious. Las canciones se van tan rápido que las echas de menos. Cuando quieres ponerles pegas (‘Thieves’ es plana como ella sola; ‘Oh, Mama’ tiene momentos que parece rock a lo Lenny Kravitz), te las devuelven a la cara con vericuetos y cambios de orientación que las elevan a los cielos (El-P entrando en el estribillo de ese último tema con todas sus mejores dotes para afianzarlo siempre en el cerebro, por ejemplo).

Y la lírica nunca tiembla, con momentos tan fabulosos como ‘Thursday In The Danger Room’, donde hay dos amigos muertos, el de El-P por enfermedad y el de Killer Mike, asesinado en las calles. En torno a ellos, y con Kamasi Washington poniendo el toque definitivo, se construye una de las canciones más emblemáticas de este RTJ3, donde hablar con los fantasmas se contempla como la única salida posible:

And I guess I’d say I’ll see you soon

But the truth is that I see you now

Still talk to you like you’re around

And I guess I say you left too soon

But the truth is that you never left

’Cause I never let myself forget

Puede que Run The Jewels tengan un saco de fantasmas, puede que incluso se vean a sí mismos como algo que empieza a solidificarse demasiado, y de experimental el disco tiene poco (ah, y las manos de la portada se han transformado en oro macizo, como metáfora de lo que son como grupo, lo bueno y lo malo, es ideal). Pero de momento no se han rendido (“I just wanna live”, repiten en otros lugares del disco) y que su disco ponga cierre a ese 2016 que todo el mundo parece odiar es una idea brillante. Tabula rasa: quizás en vez de contemplar sea hora de vivir con nuestros fantasmas. Con todas las consecuencias.

8,75/10

Anuncios