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Jóhann Jóhannsson — Arrival OST


Ya, aquí estamos, de pesaos. Pero, ¿qué queréis?, si podemos tirar de aquello tan snob de “yo ya lo conocía cuando apenas vendía discos, y no ahora que lo conoce todo cristo”, lo hacemos a la mínima. Porque da gustito, eso es así. Y si en Hipersónica hemos dado en coñazo con gente (Ty Segall aparte), uno de los más mencionados y amados por aquí es Jóhann Jóhannsson.

Arrival: como si ni la peli hiciese falta

De hecho, no hace mucho que os hablamos de su última y recurrente maravilla, Orphée (Deutsche Grammophon, 2016), que se coló en puesto de honor en nuestra esperadísima lista de mejores discos tristes del año. Pero ya entonces parecíamos tener claro que el destino del islandés estaba cada vez más atado a la creación de bandas sonoras, ya que su nombre era cada vez más importante en Hollywood, y la pasta es la pasta. De hacer discos de neoclásica para cuatro gatos no vive uno. O, al menos, no del todo bien.

Así que, tras varias nominaciones, a Jóhannsson empiezan a llegarle encargos bien gordos. El que hoy nos ocupa, el de uno de los filmes más comentados en el mundo durante los últimos meses. Arrival (Deutsche Grammophon, 2016) deja un poco de lado el Jóhannson neoclásico y da más lugar y peso al ambient.

Pero no sé si nos ciega ya el amor o qué. La cuestión es que parece que Jóhann ha conseguido encontrar la tecla del click emocional en nuestro caso. Y la enciende y apaga a su antojo. Bueno, en realidad la deja encendida todo el día. Desde la intro que da nombre a la peli (al revés, vaya, pero ya me entendéis) a esa ‘Heptapod B’ que se ha considerado como una especie de single de adelanto.

Si os lo preguntáis: no, no he visto la película. Soy una de esas personas. Y, con todo, Jóhannsson es de los pocos que consigue con cortes como las intensísimas (que no intensitas) ‘Hydraulic Lift’ o ‘First Encounter’, absolutamente enervantes. Ejemplo claro de lo que la música puede aportar a tus emociones, incluso aquella dedicada a acompañar imágenes, sin que las imágenes estén presentes.

Lo perderemos para siempre en cuanto a absoluta libertad creativa, aunque uno se pregunta si, asistiendo a obras tan estupendas como Arrival, eso importa lo más mínimo. Al contrario, el acercamiento de Jóhannsson al mainstream cinematográfico nos deparará, seguro, una obra mucho más extensa.

7,88/10

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