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Ryan Adams — Prisoner

We’d go down to the river. And into the river we’d dive (die)


En Prisoner, Ryan Adams se pasa un disco entero discutiendo consigo mismo qué Springsteen quiere ser. Que uno AOR lo tiene claro (y no hacía falta que nos lo dijera, quienes aún le seguimos ya sabemos que de ese pie cojea y no queda más remedio que quererle a pesar de todo). Pero hasta dentro de los Springsteens de rock adulto hay clases.

Por un lado, The River (Columbia, 1980), el mejor disco posible de AOR de la Historia (o casi, rebatidlo si veis uno mejor). Por el otro, Human Touch/Lucky Town (Columbia, 1992): el (los) disco(s) fofo y blando de un artista maduro en el peor sentido del término.

Siendo sinceros, con estos mimbres, y con el trasfondo de un nuevo “disco de ruptura” (nada llegará a las cotas de Heartbreak, y hay que asumirlo-y-ya-está), daba miedo. El single previo, además, no invitaba al optimismo: ‘To Be Without You’ es una de esas canciones donde la letra está MUY por encima de la música. Una pena, porque especialmente esa letra al Adams primerizo, o al de Suicide Handbook, le habría valido para crear una canción arrebatadora. Donde la lírica es punzante, la melodía y la interpretación es rutinaria.

Daban ganas de no escucharlo, la verdad. Pero a estas alturas, óperas rock de ciencia ficción incluidas, he asumido a llegar hasta el final con los discos de Ryan Adams, posiblemente dándole más paciencia que a muchos otros.

Prisoner no la necesita: cierto que ‘Do You Still Love Me’ es tan rockfm que sorprende que se te enganche (aunque lo hace; incluso queriendo meterse en el barrizal de ser Bon Jovi a Ryan Adams le salen canciones). También que ‘Tightrope’ supone un bajón justo en el tramo final, donde mejor tienen que comportarse los discos de los que no te queda clara la opinión, donde más tienen que convencerte de que más escuchas merecen la pena.

Pero el resto de Prisoner es sorprendentemente sólido. Incluso bello. En la canción titular, por ejemplo, tenemos el punteo cristalino y la voz encantadora. En otras, como en ‘Doomsday’ o ‘Outbound Train’, el aroma puramente The River. Y en piezas como ‘Breakdown’, la (maravillosa) sensación de que es una canción que me gustaría que no me gustase: radioformulera adulta, con pintas de que va a quedarse muy abajo.

A partir de esa solidez, lo que consigue traspasar el techo de cristal de Ryan Adams está entre lo mejor de su discografía. ‘Broken Anyway’, por ejemplo, o Ryan Adams dominando como nadie una vez más el subgénero pop de canción para BSO de The OC.

O ‘Anything I say To You Now’, que llega justo cuando el disco necesita respirar, hace que me plantee que no es así como lo necesita y me acaba rindiendo en su camino hacia el estribillo.

Shiver & Shake’ es la canción donde esa pelea entre las dos almas AOR de Ryan Adams cristaliza en emoción pura. Es también un buen ejemplo de lo hermoso de las letras de un disco dolorido, lleno de pequeños recodos en los que parar, mirar y reconocerse:

I close my eyes

I see you with some guy

laughing like you never even knew I was alive

How can you complicate a kiss”, se pregunta la letra de ‘Doomsday’. Y a veces es lo mismo que le preguntaría yo a Ryan Adams: por qué ese empeño en complicar lo que le sale tan simple. Quizás me respondería como a sí mismo en ‘Breakdown’: “I’m racing and can’t come down’.

7.3 / 10

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