Anuncios

Los 90 en 200 discos (o casi) que hay que (re)descubrir (I)

Flood — They Might Be Giants (1990)


Flood es un disco para bailar con una sonrisa planchada en la cara. El debut de los Johns en una multinacional no consiguió domar su música, saltarina, divertidísima, capaz de reírse de todos y de ella misma, pero detallista y continuadora de ese regreso a las raíces que habían propuesto la mayoría de los grupos del Nuevo Rock Americano.

¡Ah, los Johns! Un grupo con problemas de esquizofrenia y de hiperactividad. Una banda nombrada según una película de los años 70 que hacía referencia al Quijote. Un colectivo en el que dos Juanes llevaban el mando, haciéndonos creer que eran gigantes, cuando para el mundo ni siquiera llegaban a molinos de vientos.

En los 80 ya habían logrado el reconocimiento de la critica con discos como ese Lincoln, pero los 90 les dejarí­an en tierra de nadie.Y eso que Flood, editado al comienzo de la década, les puso en la senda del éxito, gracias al single ‘Birdhouse In The Soul’. Su atractivo y su rotación continua les dejó a las puestas del platino. Después llegarí­a la eclosión del grunge y su pop lleno de requiebros humorísticos se hizo demasiado suave para los nubarrones negros que debían (casi era obligatorio) guiar las carreras de los músicos más cercanos a lo alternativo. Dos años antes de que el grunge explotase, ellos ya se lo olían:

La gente tiende a interpretar a alguien que se rí­e de una obra como si se tratara de una reducción, degradando a la obra. Pero, de hecho, el humor inunda todas nuestras cosas preferidas. Queremos estar seguros de que no somos un grupo al que la gente va a odiar más tarde; una banda humorística tiene el potencial de molestar a la gente, así­ que se debe tener cuidado.

Con una preciosa portada sacada del mismo carrete de la que salía una foto histórica, la inundación del título es culpa de un talento juguetón, revoltoso e incapaz de delimitarse a un solo estilo.

Flood es menos socarrón que Lincoln, quizás también menos afilado. Por momentos, casi es su parodia. Y en otros adopta un punto de vista sorprendente para un grupo como TMBG; por ejemplo, en ‘Your Racist Friend’, donde una fiesta es arruinada por un amigo racista que lleva demasiadas botellas encima.

Pero, musicalmente, Flood es la demostración de que las ideas de Brian Wilson sobre el concepto de Smile (un disco sobre el buen humor, una comedia musical en la que palabra e instrumentos hagan reír) pueden llevarse a cabo. ‘Istanbul (Not Constantinople)’ podría ejemplificar su estilo de comedia burda, no por ser mala, sino por ser como las de Rabelais, como los mejores parrafos de Cervantes o como el caudal humorístico imposible de parar de Sterne. Como las de los Monthy Python, como los mejores sketches de Faemino y Cansado. Y en música, como… como nadie más. Aunque ellos se sentían cercanos a lo experimental:

Los Residents son la mayor influencia en lo que hacemos: hicieron lo que querí­an estrictamente en su propios términos. Ellos son un gran modelo para nosotros, que podemos hacer tonterí­as, pero estrictamente en nuestros propios términos

Urgentes, más raros que un perro verde, excitantes en lo emocional y en lo racional, socarrones y capaces de helarte la carcajada con detalles que sólo descubrirás entrando en su mundo, Flood es el disco que debería alegrarte todos tus dí­as chungos. Deja de lamentarte: estas 19 canciones cortas (ninguna supera los cuatro minutos) son mejor que el Prozac, tontaina.

Anuncios